¿Qué huella habremos dejado cuando ya no estemos aquí?

Nadie vuelve de la muerte. Nadie puede afirmar con rotundidad que haya un más allá, con diferentes perfiles predefinidos, que otorgan diferentes grados de vida eterna en función de los actos que uno comete en vida. Nadie, yendo más lejos, puede afirmar tajantemente que algo existe por mucho que se lo cuenten terceros. Por tanto, ¿por qué preocuparnos de lo que hagamos en este trámite temporal que se llama vida? ¿Por qué pensar en esa huella que, quizás dejemos con nuestras acciones? No hay huella pequeña. No hay acción o inacción que no tenga sus consecuencias.

Fuente: Pixabay

A mí me preocupa saber qué voy a dejar. Ya mirándolo de forma egoísta, saber qué voy a dejar a mi familia. Qué recuerdos se van a llevar de mí. Si realmente lo he hecho bien. Si me he equivocado lo justo. Si, al final, hay recuerdos que valga la pena conservar o, simplemente, me he convertido en un accidente más. Pienso más en su futuro que en el mío porque, al final, ¿de qué se trata todo esto de la vida? De vivir y dejar vivir. De aportar dentro de nuestras posibilidades. De dejar, como mínimo, algo mejor de como nos lo encontramos. O, al menos intentarlo.

Yendo al nivel laboral más cercano, ¿qué habré dejado, en este caso espero una vez jubilado y no muerto aún, en los centros en los que haya pasado? ¿Qué van a recordar de mi persona? ¿Qué pensarán mis alumnos de ese que, en algunas horas les dio clase? ¿Se acordarán? O, simplemente pasaré, como la mayoría de docentes, sin pena ni gloria por sus vidas. Tampoco trabajo para que me recuerden pero me gustaría, al igual que supongo que a la mayoría de mis compañeros, dejar algún mínimo recuerdo. O quizás no. Quizás la vida no está para dejar recuerdos. Quizás la vida, como he dicho antes, está para vivirla e intentar, dentro de las posibilidades de uno, hacerla lo mejor posible para los que tienes más cerca. Quién sabe.

No sé hasta qué punto existen las huellas indelebles. No tengo claro si cada cierto tiempo se hace, de forma más o menos consciente, borrón y cuenta nueva. Habrá un momento en que nadie se acordará de la mayoría de nosotros. Es lo lógico. Se llama ir pasando los años. Más aún si uno ya no está y los tiempos han ido pasando hasta llegar a algunas generaciones posteriores.

Las huellas que dejamos no son siempre visibles y, en la mayoría de ocasiones son tan tenues como determinadas pisadas que uno hace para no despertar a la familia cuando se levanta una de estas noches de insomnio. Lo importante es creer que se están haciendo las cosas bien porque, al final, todo es cuestión de hacer en vida lo que a uno le gustaría que hubieran hecho otros antes.

¿Qué huella habremos dejado cuando ya no estemos aquí? Pues vivamos y decidamos qué queremos hacer con nuestra vida. Así de simple y complicado porque, al final, lo más complicado es vivir.

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Jordi Martí

Docente desconcertado que intenta encontrar su lugar en un mundo que no entiende. O que prefiere no entender.

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