Razones por las que no suspendo a (casi) nadie

Debe ser que en mi trabajo siempre encuentro inspiración lo que hace que, por mucho que algunos se extrañen, siempre pueda hablar sobre determinadas cuestiones que afectan a mi profesión de forma tan habitual. Ya, reconozco que hago una pequeña trampa y es la de no pasar más, salvo excepciones, más de quince minutos redactando un artículo. Quizás esta autolimitación de tiempo tenga algo que ver con la falta de calidad o incoherencia de lo que escribo pero, como siempre digo, esto es más un placer que otra cosa.

Hoy hemos tenido evaluación de primero de FPB en mi centro. Lo típico de estos grupos y, como sucede habitualmente, con las actas en blanco porque, no se sabe por qué motivo, es el momento ideal para hacer una actualización del sistema de gestión académica por parte de las administraciones educativas. Habiendo días a lo largo del año qué mejor que actualizar, modificar o, directamente dar por el ojete, en estas fechas. Que seguro que no hay ni un docente poniendo notas. Seguro que no (espero que se entienda la ironía). Pero no, no iba a hablaros de la evaluación de hoy y sí de las razones por las que, de nuevo, sigo sin suspender a (casi) nadie. Razones que tienen mucho que ver con el sentido de la evaluación y con, quizás, la materia que imparto o los cursos a los que doy clase.

Fuente: ShutterStock

Saliendo de la reunión le he comentado al orientador de mi centro que lo de poner notas lo llevaba realmente mal. Más aún después de tener claro que, al menos el título de ESO, debe facilitársele -me da igual los mecanismos- a todos los alumnos. No es que lo diga yo, es que lo dicen determinados articulados legislativos que plantean que, para poder trabajar o incorporarte al mercado laboral, la exigencia mínima debería ser dicho graduado. Eso sí, seguro que alguno me viene ahora a decir que hay personas trabajando sin ese graduado. Ya, lo tengo claro pero que sea así no significa que sea lo lógico ni razonable. La Secundaria debería hacerse apta para todos. Y podemos discutir el cómo pero jamás supeditar dicho objetivo a que haya alumnos que, por los motivos que sean, no se la puedan sacar. Hay casos imposibles pero todos los que damos clase sabemos que son los menos. La misma imposibilidad, por cierto, que un alumno repetidor mejore competencialmente a lo largo de dicha repetición. Sí, he dicho competencialmente pero que nadie lo asocie a competencias básicas, estándares u otro tipo de ítems ininteligibles, mal realizados y, aún peor trasladados a leyes, decretos u orientaciones.

Quizás lo anterior sea uno de los motivos por los que no suspendo mucho. Bueno, si se viene a mis clases puntual, se trabaja en el aula y, se siguen unas determinadas normas muy poco estrictas pero, que no por ello dejan de existir, mis alumnos aprueban. Claro que si uno no viene suspende. Claro que si uno pasa de todo suspenderá pero, no sé si es por suerte o por otra cosa, no me he encontrado con dicha casuística. Sí, en cambio, absentismo en diferentes grados. Y aún así no puedo quejarme porque alumnos que fallan a muchas clases vienen a la mía. Hago adopción internacional por lo que se ve pero, sinceramente, no me molesta. Nunca he dicho que no a un alumno para que entrara a mis clases. Eso sí, siempre bajo las premisas de no molestar el trabajo que se está haciendo y estar dispuesto a colaborar. También tienen sus días de asueto… que tampoco soy ningún esclavista 🙂

Me cuesta mucho suspender al personal porque procuro saber la situación familiar que tienen. Me interesa, porque en muchas ocasiones tiene mucho que ver con los resultados, qué puede pasarles. No, no veo cómo (y siempre lo digo desde la óptica personal nada extrapolable) puedo evaluar sin tener en cuenta factores exógenos a mi aula. Sé que doy algunas asignaturas, materias o módulos que tienen que verse aisladamente pero no puedo. Menos aún porque no me sale. Eso sí, tener en cuenta esos factores no disculpa determinadas actitudes como, por ejemplo, la falta de puntualidad, las ausencias o el negarse a hacer determinadas cosas.

No apruebo al cien por cien de mis alumnos pero, siendo totalmente honrado con vosotros, poco le falta. Y ya os digo que no es por tener un umbral de exigencia bajo en las cosas que les pido.

Perdonad de nuevo esta reflexión en voz alta pero esto, como digo siempre, es mi bitácora personal.
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En un contexto en el que el espectáculo educativo está a la orden del día, conviene reflexionar acerca de la implicación de este "eduentertainment" en nuestras aulas.
Jordi Martí

Docente desconcertado que intenta encontrar su lugar en un mundo que no entiende. O que prefiere no entender.

4 Comments
  1. Si se imparte FPB o PMAR pues es lógico que el nivel de exigencia sea mucho más bajo, no digamos ya si hablamos de conocimientos teóricos. Todo muy adaptado, muy sencillo, muy básico, con muy poca teoría, teniendo en cuenta las circunstancias personales. Me parece bien que les permita pasar a un módulo y desarrollar una profesión pero en absoluto que tengan el título de la ESO porque no han alcanzado el mínimo, sobre todo en el caso de los de FPB. Es degradar ese documento, que realmente no valga nada. Cuando se les permitía obtener el título empezaron a pasarse bastantes en muchos sitios para tomar una vía fácil que les permitiera sacarse el título haciendo lo mínimo.

    1. Creo que, al fnal, lo menos importante en el caso de la etapa de educación obligatoria sea el propio papel que lo valide. Lo importante es que no sea un tapón que, por desgracia, hace que muchos abandonen sus estudios o, en caso de conseguirlo, dejen de continuar estudiando. Nunca he creído que la ESO deba suspenderse a nadie (por muchos motivos y, seguramente totalmente cuestionables al estar basados en premisas muy personales acerca de qué considero que es la educación obligatoria) y por ello planteo que no debe sesgarse la obtención del título. Además, seamos sinceros… ¿alguien cree realmente que dar el título si se usa el mismo como finalista cambia algo? No, no lo creo.

      Por cierto, los míos de FPB han currado muchísimo. Quizás más que muchos de la ESO. A lo mejor es que, por desgracia, el trabajo del alumno, su rendimiento y su esfuerzo en etapas obligatorias, lo homogeneizamos por defecto. Y eso, a mi entender es un error.

      Pero como he dicho antes puedo estar equivocado.

      Un saludo y gracias por volver a pasarte por aquí.

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