Reflexionando sobre innovación educativa

El otro día me preguntaron por qué últimamente me mostraba tan reacio con esos grupúsculos que lo único que pretendían era transformar la educación. Que cómo era que, alguien que supuestamente ya ha navegado por las corrientes procelosas del cambio se permitiera, y más en voz alta, cuestionar lo que algunos están vendiendo como innovación. Sí, resulta curioso que en privado te pregunten esas cosas. Más aún que no haya un debate abierto sobre el tema por ciertos planteamientos educativos que venden algunos que, a mi entender -y no sólo al mío- es demasiado reduccionista y peca de una cierta prepotencia. Mucho prepotente que, supuestamente, innova y demasiado poco grano entre la cantidad de paja que nos inunda en los últimos tiempos.

Fuente: ShutterStock
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Me puse a reflexionar sobre la cuestión. Me planteé si realmente estaba tirándome piedras contra mi propia concepción educativa cuestionando en abierto eso que, quizás planteado de otra manera, sin tantas ínfulas y centro a centro, podía llevarse a cabo. Me pregunté si podía ser que lo único que estuviera haciendo es poner palos en las ruedas de personas que los están intentando hacer lo mejor posible para la mejora educativa. Y, ¿sabéis qué? Una vez realizado dicho examen interior descubrí que se deben seguir cuestionando ciertas actuaciones educativas que nos están vendiendo. ¿Por qué? me preguntaréis algunos. Pues bien, en primer lugar conviene ver quién está vendiendo el qué. Conviene también preguntarse por qué esos que ahora venden desprecian todo el trabajo realizado por agrupaciones educativas que llevan trabajando décadas para poder cambiar las cosas. Sí, ahora algunos, cuando otros llevan muchos años estableciendo unas líneas de trabajo e intentado, paso a paso, aportar su granito de arena para ir cambiando las cosas que no funcionan, ahora aparecen de la nada ciertos mesías que, curiosamente, tienen la varita mágica. Incluso algunos se permiten el lujo de poner plazos para el cambio. Y ya lo que es más paradigmático… tienen la capacidad de ver el futuro de nuestras aulas. De unas aulas que la mayoría de los más mediatizados ni han pisado ni, en caso que lo hubieran hecho, la volverán a pisar porque la evangelización debe realizarse a tiempo completo.

Tengo muy claro que lo que nos venden ahora como innovación es una estrategia de merchandising para que compremos un determinado producto que, ni sabemos si va a funcionar ni, por desgracia, funcionará en contextos heterogéneos. No, modelos educativos que dependen de factores extrínsecos al sistema educativo y que obvian a parte del alumnado (¿cuántas veces habéis oído hablar de alumnos problemáticos, con problemas familiares graves o con alguna dificultad de aprendizaje -dislexia o similares- en esos discursos mediáticos de los profetas?) no pueden ser comprados. Menos aún aquellos que defienden que para demostrar su validez debemos reformular todos los criterios para que se adapten a ese modelo. ¿Y yo que pensaba que para que algo funcione en el ámbito educativo debe ser capaz de ser evaluado de cualquier forma y esa evaluación siempre debe dar resultados positivos? Otro aspecto que, curiosamente, también chirría bastante. Bueno, y el de considerar enemigos a todos aquellos que osen en cuestionar lo que están vendiendo… eso ya es de traca. No, un modelo educativo que para funcionar deba excluir o esconder debajo de las alfombras las críticas al mismo, no sirve más que para algunos hagan cajón, otros vendan sus iluminaciones divinas y, otros muchos, compren de forma acrítica las buenas intenciones o la oratoria más edulcorada donde se excluye cualquier atisbo de error.

Al igual que sé que un docente no es mejor ni peor en su trabajo por mucha formación que realice en verano, mucha herramienta que utilice e, incluso, por usar la metodología más innovadora, también tengo claro que cuando uno compra debería ir con mucho cuidado con lo que compra porque, en este caso no está hablando de que un vehículo le funcione mejor o peor, está jugando con el futuro de muchos alumnos. Y, lo que sí que tengo claro es que la prioridad deben ser ellos.

No es estar en contra de que deban cambiar las cosas ni en la necesidad de, dentro de los centros, hacer determinadas cosas que permitan, con los recursos disponibles, hacerlo lo mejor posible pero me da la sensación que lo que nos están vendiendo no es lo anterior. Lo que algunos nos están vendiendo es algo demasiado complejo que, por desgracia, lo único que puede llegar a mejorar del sistema educativo es la rapidez con la que llega a su completa extinción. Quizás sea bueno lo anterior pero, por ahora, yo me centraría en hacerlo lo mejor posible en el aula con independencia de cantos de sirena, aplicar lo que el sentido común me dicte y reducir, al máximo, todo aquello que nos vendan terceros que, como he dicho antes, tienen muchas ganas de salir en la foto o, simplemente, jugar a ser el mesías educativo de una religión que lo único que pretende es competir con las que hay.

A propósito, el redactado anterior es simplemente una visión muy particular del asunto difícilmente extrapolable y totalmente cuestionable.

EDUENTERTAINMENT

Cuando la Educación se convierte en espectáculo

En un contexto en el que el espectáculo educativo está a la orden del día, conviene reflexionar acerca de la implicación de este "eduentertainment" en nuestras aulas.
Jordi Martí

Docente desconcertado que intenta encontrar su lugar en un mundo que no entiende. O que prefiere no entender.

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