Reflexiones sobre el bilingüismo en lenguas extranjeras

Se puede vender como se quiera e, incluso, se puede contar con una gran parte de padres o parte del colectivo de profesionales de la educación que defiendan que dar, pongamos un ejemplo, ciencias en inglés -francés, alemán o mandarín- sea beneficioso para los alumnos, pero la verdad es que hay algunas cosas que me incomodan acerca del tema. No es la necesidad del aprendizaje de un nuevo idioma, ni tan sólo que el mismo sea dictado exclusivamente bajo parámetros económicos pero, lo que sí que me preocupa es que se compren o comparen determinadas situaciones lingüísticas tan alegremente como se está haciendo.

Fuente: http://www.1de3.es
Fuente: http://www.1de3.es

Estudiar una materia en, pongamos por ejemplo inglés, no es lo mismo que un proyecto de inmersión lingüística como el catalán ni tiene nada que ver con las líneas educativas que existen, por ejemplo en la Comunidad Valenciana o el País Vasco. No es lo mismo porque, en el caso del bilingüismo en lenguas extranjeras, la lengua ni es la materna de ninguno de los alumnos ni es la de uso habitual en el contexto en el que se mueven habitualmente. Aprender cualquier habilidad o competencia aumentando la dificultad de su comprensión al darlo en una lengua que no es de uso habitual puede ser totalmente contraproducente. Y sí, afirmo sin ningún tipo de pudor que un mismo alumno o grupo de alumnos serán mucho más competentes en cualquier materia no lingüística si la misma se da en su idioma materno o de contexto que en una lengua extranjera. No lo digo sólo yo, hay cientos de estudios que hablan de la lengua materna o de contexto como la que mejor sirve para el desarrollo cognitivo de los niños y su aprendizaje.

También tengo claro que tener un B2 y una acreditación que, en numerosas Comunidades regalan algunas academias privadas, no garantiza ningún tipo de competencia comunicativa en una lengua extranjera. Voy a ir más lejos, lo anterior es algo que tiene claro el profesorado que tiene esa acreditación pero, por desgracia, se ve obligado a aceptar trabajar en centros bilingües o a dar materias bilingües para conseguir trabajar (en el caso de los interinos) o acercarse a su domicilio (en caso de los funcionarios). Si, ya sabemos donde queda la ética profesional cuando lo que depende es llegar a final de mes, poder dar de comer a los hijos o ahorrarte el peligro y los gastos que suponen trabajar a cien kilómetros de tu casa. Que somos humanos.

Un nativo tampoco soluciona el problema porque coger a alguien que, simplemente hable el idioma y no tenga ni idea de la materia a impartir también es un despropósito. Bueno, seamos claros, a menos que el aprendizaje de nuestros alumnos consista exclusivamente en que aprendan la lengua y dejemos de lado cualquier tipo de aprendizaje extra. Estoy convencido de que, a más horas de inglés en materias no lingüísticas, el alumnado va a mejorar competencialmente su uso pero, también estoy convencido -bueno, no lo digo yo, lo dicen incluso las pruebas que hacen las propias administraciones que tienen centros bilingües- que ese aprendizaje va en detrimento del aprendizaje de las materias que se están dando en ese idioma.

Por tanto, sabiendo que el bilingüismo tal y como se está aplicando y bajo los criterios que se están usando, no sirve por mucho que lo intenten vender algunos, toca analizar qué motivos han llevado a que este invento macarrónico se haya popularizado tanto entre los padres y algunos docentes. Sí, todos sabemos que hay demasiados padres que compran lo que les digan y que, para aquella clase media que sigue queriendo apostar por la escuela pública, le va muy bien poder disponer de centros y grupos que segregan a los alumnos para poder seguir diciendo que lo llevan a la pública y no a la privada (sea concertada o no). Es sólo cuestión de ver en qué se han convertido los centros de la Comunidad de Madrid que han renunciado al bilingüismo o que no son bilingües para ver como las puertas de los centros se llenan a la hora de la entrada de una tipología de alumnos muy parecida a la de la concertada. Algo que va a permitir que, maravillosamente, pueda haber algunos resultados a nivel de centro que mejoren pero, seamos realistas… ¿está realmente mejorando el aprendizaje de esos alumnos o, al haber producido ese filtro segregador, no estamos jugando con unas cartas ya marcadas? Va, que como he dicho antes, tengo muy claro que si estos grupos «seleccionados» se fueran en bloque a un centro no bilingüe los resultados académicos serían infinitamente mejores. No vale decir que los centros bilingües mejoran los resultados de los alumnos cuando, lo que hemos hecho previamente ha sido seleccionar al objeto de la estadística.

La verdad es que no veo la necesidad de implantar el bilingüismo. Sí veo la necesidad de mejorar el aprendizaje de idiomas de nuestros alumnos pero, tengo muy claro que, quien menos debería decidir como mejorar el aprendizaje de una lengua deberían ser las personas que desconocen totalmente la educación más allá de comprar o vender cuestiones ideológicas o que beneficien a su grupo social. Estoy totalmente convencido que, más allá de la medida que muchos defendemos de dejar de doblar las películas y series al castellano o a las lenguas cooficiales, deberíamos preguntar a los docentes de lenguas extranjeras, a los investigadores en lingüística y, a todos aquellos especialistas que, directa o indirectamente están relacionados con el aprendizaje de idiomas. Si lo no hacemos así, no quedará otra que ver como, por desgracia, volvemos a cometer los mismos errores que, ya cansinamente, estamos cometiendo en muchos aspectos relacionados con la educación.

Finalmente no me gustaría acabar esta disertación sin afirmar que, en más ocasiones de las que debiera, nos están manipulando para que hablemos de temas demasiado transversales que obligan a derivar nuestra atención de lo realmente importante. Y el tema del bilingüismo es otra estrategia más que sigue una ruta muy marcada que algunos no entendemos o no queremos entender.

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Jordi Martí

Docente desconcertado que intenta encontrar su lugar en un mundo que no entiende. O que prefiere no entender.

5 Comments
  1. OK. Estamos ante otro nuevo ejemplo de «El retablo de las maravillas» de Cervantes, o «El traje nuevo del Emperador» de Andersen. Y la ciudadanía aplaudiendo encantada a cualquier cosa que le «vendan». ¡Cuánta falta hace una buena dosis de sentido crítico en… los que tenemos que ayudar a que los hijos y los alumnos lo desarrollen! Gracias.

  2. Da absoluta VERGÜENZA tener que a estas alturas estar tratando un tema tan básico, cuando la pedagogía ya a principios del siglo pasado determinó que el proceso de aprendizaje era obstaculizado cuando se usaba otra lengua distinta de la materna. Y, como es evidente, los resultados eran peores a menor grado de familiarización con dicha lengua. Como es OBVIO.

    Gracias por atreverte a decir que el rey está en pelotas. GRACIAS.

  3. Completamente de acuerdo Jordi con tus reflexiones. Y agrego otra, el tema de la evaluación de las asignaturas que se imparten en el idioma extranjero. Según mi propia experiencia, no es una evaluación completa… o bien evalúas los contenidos y dejas de lado la expresión oral y escrita o evalúas todo y es un verdadero desastre porque los alumnos no tienen capacidad total para expresarse correctamente si dicho idioma no lo dominan. En fin… es lo que pasa por andar «parcheando» algo tan serio como la educación, en lugar de sentarse a reflexionar seriamente, y con tiempo, sobre las decisiones a tomar.

  4. Pido perdón por la extensión del comentario, pero es que hoy has tocado un tema sensible.

    Ante todo hay que agradecerte que tengas que valor de escribir un artículo así. Los que alguna vez hemos alzado la voz contra la lacra del programa bilingüe sabemos lo poco que tardan en venir sus beneficiarios a echarnos en cara lo malos compañeros que somos y a negar las -evidentes- taras de dicho programa.

    En Andalucía (y supongo que en otras comunidades) el programa bilingüe se implantó estilo «la casa por el tejado», sin preocuparse en formar primero al personal que ya ejercía la docencia y formaba parte de las bolsas. Yo me encontré situaciones verdaderamente curiosas, como un compañero bilingüe que nunca había querido ser profesor -CAP intensivo exprés de esos que se ofertaban antes, y años trabajando en otro sector antes de que le cazara la crisis- y al que tuve que darle un cursillo acelerado de prácticas de nuestra especialidad porque la criatura daba Bachillerato y los alumnos de 2º, con la PAU a la vista, llegaron a quejarse. O llegar a una sustitución, encontrarme que la plaza es bilingüe -se había agotado la bolsa y tiraron de la «normal»-, ponerme a diseñar las clases en inglés sin problema, porque el nivel yo también lo tenía, y encontrarme con que los niños no han hablado en todo el curso una sola palabra en otro idioma que no fuera el castellano.

    Eso por no hablar de la segregación camuflada -que algunos se empeñan en negar a pesar de que todos la hemos visto-, del cachondeo de los asistentes de conversación y de ver cómo los recortes afectaban con dureza a los no bilingües mientras se seguía creando vacantes bilingües alegremente para poner la plaquita en la fachada.

    A día de hoy, a punto de cumplir mi primer trienio y con un C1 acreditado desde hace tiempo por Cambridge, vuelvo a ver por tercera vez consecutiva cómo no obtengo vacante informatizada mientras compañeros bilingües con poquitos meses tienen vacante cerquita de sus casas. Y lo triste es que llega un momento en el que te planteas si merece la pena seguir haciendo el canelo, manteniendo la ética y estar cada año a 2h de tu familia… o marcar la equis de la lista bilingüe la próxima vez que toque echar la petición de destinos e ingresar en un programa en el que no crees pero que supone la posibilidad de mejorar enormemente las condiciones laborales. A eso nos obligan.

    Aprovecho para darte la enhorabuena por el blog, que llevo meses siguiendo aunque nunca me había animado a comentar. Un saludo, Jordi.

  5. Entiendo tu post y lo comparto en gran medida, yo opté por el bilingüismo desde el momento en que mi mujer estaba embarazada, le hablaba en inglés y ahora escribo y hablo sobre ello en un blog para motivarme en el día a día con mi hijo.

    Bilingüismo no es educación bilingüe, para aprender un idioma hay que hacerlo en todos los contextos del día a día, estar rodeados y que quien te rodea sepa manejarse. Yo no soy bilingüe que quede claro, pero si hago un esfuerzo diario por hablar sólo en inglés y en cualquier situación. Porque aprenderse la lista de palabras para el examen no es suficiente.

    Admiro a aquellos profesores que aun con las críticas se han puesto las pilas y por pura devoción a su trabajo se están esforzando en hacerlo real y útil. En enseñar en inglés más allá de decir muchas palabras que caerán en el examen.

    No me quiero enrollar más os dejo por si os interesase un link al capítulo del podcast donde trato el tema: http://www.crecereningles.com/012-educacion-bilingue-timos-y-manifiestos/

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