Religión a la francesa en los centros educativos

No puedo menos de sorprenderme de la gran cantidad de defensores en nuestro país de La Carta de Laicidad que el gobierno francés ha enviado a los centros educativos. Defender, por decreto, la existencia de una ideología en la Escuela es algo que no debería permitirse en ningún Estado democrático. Obligar e, incluso incentivar, a los docentes a que transmitan ideología (de uno u otro tipo) en sus aulas es algo que debería estar penado. No encuentro diferencias entre dar religión y dar laicismo. Me parece el mismo despropósito. Educar en ideología es muy triste, aún más cuando soy de los convencidos que las cuestiones ideológicas deberían dejarse fuera de las paredes de los centros educativos.

Seguro que más de uno dirá que no es lo mismo. Que el laicismo es sinónimo de libertad. Que no es lo mismo hablar de algo que, supuestamente, permite la libertad religiosa de los miembros de la comunidad educativa que algo que la coarta. Lo que no se dice en dicho argumento es que la religión, tal como está hoy en día implantada en los centros educativos, no tiene obligación de cursarse por parte de los alumnos. Algo que, curiosamente, no pasa con la libertad llamada «laicismo».

Leer la carta supone cuestionarse muchas cosas ya que, algunos puntos de la misma, obligan al docente a posicionarse ideológicamente. Algo que, jamás debería estar forzado en un Estado, supuestamente, democrático.

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Fuente: El País

Que por un lado se pida que los se exija al personal escolar la obligación de transmitir el sentido y los valores del laicismo y, en el siguiente punto, se exija que el profesorado sea estrictamente neutral es algo totalmente surrealista. Son dos cosas totalmente contrapuestas, ya que nadie puede ser neutral cuando, por ley, se le obliga a posicicionarse (incluso que choque con las creencias personales del docente).

Si libertad es prohibición («prohibido portar prendas o símbolos que manifiesten pertenencia religiosa») me quedo, sintiéndolo mucho, con el modelo de nuestro país. Sustituir una religión (de opción voluntaria) por un laicismo obligado es algo que, por mucho que me guste como ideología, debo criticar de forma abierta su exigencia en los centros educativos.

Decir no a la religión en los centros educativos no debe confundirse nunca con sustituirla por otra mucho más intransigente.

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Jordi Martí

Docente desconcertado que intenta encontrar su lugar en un mundo que no entiende. O que prefiere no entender.

1 Comment
  1. Estoy muy de acuerdo contigo aquí. Los que no practican ninguna religión piensan que no adoctrinan. Eso es cortar mucho el significado de la palabra «adoctrinamiento».
    Un saludo

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