Respect

La verdad es que tenía pensado titular a este post como «docentes faltones» pero, por motivos obvios y la necesidad de ser bilingüe como docente, me he puesto las pilas adecuándolo a mi maravilloso nivel de inglés. Tengo claro que va a ser, como muchos otros, un artículo conflictivo porque, seguramente hay más de uno que ya se estará frotando los dedos y estrujando las manos, para preparar darme la respuesta por aquí o por las redes sociales. Da igual de lo que escriba, tengo la gran suerte de tener un nutrido grupo de personas a las que les gustaría verme delante de un pelotón de fusilamiento. No sé si es por decir ciertas cosas o por desmontarles el chiringuito porque, sinceramente, dudo mucho que sea por envidia a mi apolinea figura. Pero no nos enrollemos y vayamos al meollo del asunto.

Fuente: Desconocida

Llevo un tiempo preguntándome por qué los docentes (o personas relacionadas con la educación) que más piden respeto para ellos son los que, curiosamente, más poco empáticos son con quienes ven la educación de otra manera. Creo que algunos tienen, o bien un odio absoluto por la diferencia o, un concepto de inferioridad, realmente preocupante. Solo hace falta ver cómo, además, siempre resulta que en su defensa de posicionamientos después de haber llamado, a todos aquellos que no comulgan con su metodología, herramienta o, simplemente, manual de trinque, malos docentes, siempre les aparece un nutrido grupo de acólitos que se lanzan a degüello contra ése que ha tenido la desfachatez de cuestionarles ciertas cosas. Supongo que es lo que tiene el concepto de manada educativa. Una manada que, por mucho que sea políticamente incorrecto el concepto por llevar asociada una determinada connotación en los últimos tiempos, se convierte en jauría de personajes a la caza y captura del disidente. No hay nada peor que sacarles las vergüenzas a algunos y esgrimir los mismos argumentos que usan ellos contra los demás, para cuestionarlos. Y algunos lo intentamos hacer de forma mucho más inteligente. Bueno, salvo cuando no queda más opción que sacar la parte más borde de uno mismo. Eso en los momentos en los que nos va la marcha. Si vamos justos de fuerzas, intentamos que no se enteren que estamos riéndonos de sus «cosillas».

Tengo claro que alguien que no ha dado clase y diseña un máster en innovación educativa lo hace para sacarse una pasta. Reconozco que hay prácticas educativas que solo sirven para intentar aumentar el ego de uno. Sé también, de buena tinta, que tras el debate interesado entre innovación y tradición, hay un grupúsculo intelectualmente deficitario de conocimientos pedagógicos cuya lectura de cabecera, por desgracia, es siempre uno de esos libros perpetrados por alguien que dice frases grandilocuentes. Y aún así, uno intenta en un primer momento, antes de ese cuerpo a cuerpo que parece que busquen, ser políticamente correcto. Bueno, depende del día. Hay días en que no les das ni ese pequeño margen. Es que, al final, debatir con algunos cuyo único razonamiento es que eres su enemigo se las trae. Y llevan, como acostumbra a suceder a la gente cuyos argumentos son entre escasos y nulos, el tema a lo personal. Qué le vamos a hacer. El respect se lo pasan por el forro.

Me da la sensación que hay mucho personaje más interesado en echar mierda a los demás que en cuestionarse qué están haciendo. Hay debates que han finalizado antes de empezar. Hay, en definitiva, gente relacionada con la educación, que no entiende las ironías ni, por lo visto tolera más humor que el que ellos son capaces de hacer. Es que, al final, por lo visto a uno no le gusta que se rían de él aunque se esté riendo, en todo momento, de aquellos que no creen en su religión. Fanáticos con muy poca inteligencia. De esos que, quizás en otro momento histórico, serían los primeros en hacer ciertas cosas. Lástima que deban atenerse a una democracia imperfecta como la que tenemos.

Por cierto, hoy he tenido encontronazos con una que no ha dado nunca clase que vive de explicar a los demás como darla, con otro que se queja de que pongo pantallazos de alguien por hacer coña de no tener vida y que soy responsable de las respuestas que recibe mi tuit y, como siempre, de algunos anónimos que me insultan. Eso sí, después se llenan la boca de «pedir respeto» 😉

EDUENTERTAINMENT

Cuando la Educación se convierte en espectáculo

En un contexto en el que el espectáculo educativo está a la orden del día, conviene reflexionar acerca de la implicación de este "eduentertainment" en nuestras aulas.
Jordi Martí

Docente desconcertado que intenta encontrar su lugar en un mundo que no entiende. O que prefiere no entender.

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