Ronda de reuniones para una nueva ley educativa

Ha empezado. Sí, al igual que se hizo con la LOMCE, se ha convocado desde el Ministerio de Educación a determinados personajes, más o menos relacionados con el ámbito educativo, para intentar hilvanar un redactado para una nueva -ya no sé cuántas llevamos- ley educativa. Representantes sindicales, organizaciones empresariales, políticos y, un nutrido grupo de asociaciones que, ni están en las aulas ni se espera que estén. Y ya van muchos errores similares porque, no deja de ser curioso que el primer docente convocado por parte del Ministro sea, precisamente, uno que ha decidido libremente abandonar el aula, ponerse a escribir libros y soltar frases bonitas en múltiples auditorios. Algo que a mi entender no es muy productivo.

Fuente: Fotolia CC

Si se quiere una ronda de reuniones seria para elaborar algo en condiciones yo voy a darle nombres al Ministro. Nombres que no siempre piensan igual que yo y, en ocasiones, se situan en mis antípodas ideológicas pero que respeto enormemente por considerarles unos grandes profesionales que pueden aportar muchísimo. La idea sería cogerlos, encerrarlos un mes sin injerencias externas y, al cabo de ese mes, recoger lo que hubieran elaborado, dotarlo de entidad legislativa y aplicarlo en las aulas de nuestro país. Eso sí, tengo muy claro que lo que saldría de ahí debería ser de obligado cumplimiento por todos y, además, ser ratificado por todos los partidos políticos con independencia del signo porque, no hay nada mejor que un diseño educativo hecho desde la profesión y al margen de intereses empresariales o políticos.

Vamos a empezar con los nombres. Voy a darle al Ministro algunos. Hay muchos más y seguro que se me queda alguien en el tintero pero, a voz de pronto, es lo que dicta mi sentido común. Por cierto, no quiero restringirme sólo a docentes en activo y, es por ello que voy a incorporar al listado profesionales universitarios y cargos políticos, procurando que su modus vivendi no afecte a las opiniones de mejora que puedan expresar en esa macroreunión.

Voy a coger a unos cuantos docentes universitarios. Entre ellos escojo a Jordi Adell, Mariano Fernandez Enguita, Fernando Trujillo, Alejandro Tiana, Mercè Gisbert, Clara Grima, Josep Bargalló y Josep Lluís Carod Rovira. Ya ya sé que me dejo, por ejemplo a Ángel Gabilondo pero no quiero en esta hoja de ruta a nadie con un fracaso a cuestas a la hora de hilvanar el pacto.

Una vez liquidado el plantel de docentes de Universidad voy a incorporar a algunos cargos políticos en activo actualmente. Y sí, como he dicho antes, lo de la ideología es lo de menos porque, al final, lo que interesa es, dentro de posicionamientos variopintos obtener lo mejor para los alumnos. Cargos políticos entre los que incluiría a Jorge Arévalo, Ismael Sanz y Miguel Soler. Son tres políticos muy activos en las redes que, además, nunca se han escondido a la hora de exponer sus posicionamientos educativos. Posicionamientos que, en los tres casos, seguro que chocan pero cuyas visiones divergentes son imprescindibles para llevar a buen término el asunto que se les debería encomendar.

Voy a prescindir, si me lo permitís, de José Antonio Marina pero sí que me gustaría contar con su mano derecha, Carmen Pellicer. No, no es una decisión banal ya que, para crear una ley educativa en condiciones, debe incluir a todo el mundo. También a los defensores de la concertada porque soy de los que creo que el debate de la desaparición de la concertada  y la religión en los centros educativos es un tema que debería ir al margen del articulado legislativo.

Ahora me vais a permitir que entre en el grueso de los expertos. Aquellos que, o bien han dado clase o bien la siguen dando en las etapas educativas que dependen directamente del Ministerio de Educación. Voy a abstenerme de introducir a nadie que haya inventado o proponga una «moda» educativa por motivos obvios. No es el objetivo del debate porque, por desgracia, esa creencia en soluciones milagrosas debe aislarse de un debate serio para obtener algo aún más serio.

Empezaré por Alberto Royo, Rosa Liarte, Lola Urbano y Miguel Rosa. Ya, en vaya berenjenal me estoy metiendo al recomendar a personas que, en muchos aspectos, tienen sus divergencias. Coño, no estamos buscando todos los puntos de vista para que se discutan y maticen. Yo creo que ese es el objetivo de este tipo de reuniones porque, si no es así, es una pérdida de tiempo. Quiero meter también aquí a Minerva Porcel, encargada de innovación de un centro de jesuitas y a Boris Mir, el docente que se halla tras las bambalinas en Escola Nova 21. No, no son modas educativas, son modelos que quieren implantarse y que, a pesar de generarme rechazo a nivel personal (los proyectos, no las personas), creo que es bueno e imprescindible contar con su visión educativa.

Me pido también a Gregorio Luri, Manel Rives, Manuel García y Daniel Turienzo añadiendo, a la lista a Dolores Álvarez. Ya veis que la lista se va haciendo interminable pero he prometido un máximo de veinticinco para no hacer eterno el post y, es por ello que debo pedirme a tres personas más… Xavier Díez, Rosa Cañadell y María Victoria García. Sí, con la última tengo muchas discusiones sobre mis posturas educativas y, como no tiene ningún reparo en decírmelo, además de considerar que es una gran profesional, la añado a la lista 🙂

Me falta muchísima gente más que se podría incorporar (responsables de centros de profesorado, homeschoolers, etc.) pero ya veis, a grandes rasgos la idea de quiénes deberían formar parte del nuevo articulado legislativo para una nueva ley educativa. Profesionales que han mamado el sistema educativo y muchos que aún siguen dando el callo ahí. No, no he incluido ni a la Conferencia Episcopal, Telefónica, Asociaciónes de Madres y Padres, organizaciones empresariales o sindicatos porque, de lo que se trata, es de elaborar un documento técnico para que, posteriormente, pueda ser revisado por toda la sociedad. Y ahí ya van a tener tiempo de opinar pero, dejemos a los que saben que hagan lo que saben hacer. O, como mínimo, lo intenten.

No quiero que nadie se sienta ofendido por no estar o... por estar. Se trata de un listado que, más que los nombres, lo que importa es el sentido del mismo.
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2 Comments
  1. Valoro la diversidad de semejante propuesta, anque no deja de sorprenderme tu benevolencia con Fernández Eguita, cuando en otras ocasiones eres tan duro con los ‘eruditos a la violeta’ que predican sin haber pisado jamás aulas de secundaria. Fernández-Enguita es un carroñero en sentido literal: es una persona que se gana su pan de cada día desde una cómoda butaca universitariaa base de culpabilizar siempre a los profesores de todos los errores y desastres del sistema educativo; predica con una obsesión tan monotemática y destilante de odio que se me asemeja a un redactor del Der Stürmer hablando de los judíos, y me hace pensar qué posible trauma tendría este hombre cuando estudiaba. Por otra parte, su producción académica deja muchísimo que desear, con el habitual escaqueo de publicar de nuevos versiones apenas retocadas de libros anteriores. De todo menos un modelo, vamos. Para poner la guinda, fué uno de los pedagogos áulicos de la LOGSE, con lo que es uno de los que cuenta «con un fracaso a cuestas a la hora de hilvanar el pacto».

    1. Mi dureza con los «eruditos a la violeta» proviene, como bien dices de su falta de praxis en las aulas sobre las que predican. Eso sí, reconozco que la investigación educativa es necesaria como complemento a la observación directa aunque, a veces por desgracia, la priorizan a la misma. Y eso es lo que llevo denunciando desde hace mucho tiempo.

      El tema de Fermández Enguita es complicado. Fui a oírle hace poco y vi su deriva hacia la culpabilización del docente de todos los males del sistema educativo. Algo que no me gusta nada y que, por desgracia, es uno de sus leitmotiv habitual. Soy muy crítico con él por esto pero jamás osaría cuestionar, al igual que no permito que nadie lo haga, su labor profesional por sus exabruptos o necesidad de justificar su odio (¿irracional o por experiencia propia?) hacia un colectivo formado por setecientos mil profesionales, la mayoría de los cuales hacen muy bien su trabajo. Eso sí, que piense en ese sesgo no implica que no deba preguntarse a alguien porque, ¿realmente crees que una ley educativa debe salir sólo de los que piensen como uno? Yo creo que no y eso que tengo muy claro que hay cosas de él que no me gustan.

      No lo sé. No creo ser contradictorio en esta entrada. Creo más bien que se trata de una idea acerca del modelo de reuniones que debería establecerse más allá de nombres concretos. Y, como bien dices al principio, se trata de ser diversos para conseguir una ley beneficiosa para todos -especialmente para nuestros alumnos-.

      Un saludo y muchas gracias por el comentario.

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