Sadomasoquistas en Twitter

No lo entiendo. Desde que existe el maravilloso botón de silenciar, al que le puedes dar con fruición para silenciar a aquellos que, por determinados motivos, te interesa obviar de tu timeline, sin darles la alegría de bloquearlos, no entiendo la existencia de tanto sadomasoquista en Twitter.

Fuente: YouTube

A Twitter se viene para aprender o, simplemente, para pasártelo bien. Y, en muchas ocasiones, también te sirve de terapia al ver cómo algunos están peor de la azotea que tú. Ya sabemos que mal de algunos, consuelo de tontos, pero esa manera de ver la red hace que, en ocasiones, puedas soltar más de una carcajada al leer determinadas cosas. Reír es sano. Alarga la vida.

Reconozco que también se debe venir a Twitter llorado de casa, con ganas de saber que, por suerte, la mayoría de especímenes que se encuentran buceando en esa red social, jamás van a compartir mesa y plato (en mi caso horchata) con nosotros y que, al final, lo de hacerse daño inútilmente debatiendo con imbéciles o personas que, por desgracia, de lo que menos ganas tienen es de debate, es totalmente innecesario.

En los últimos tiempos me aplico con esmero silenciando determinadas cuentas e, incluso determinados debates en los que hay tropocientos mil tuiteros implicados. Es que, en el primer caso me quiero mucho y, en el segundo, tengo una capacidad limitada para seguir un hilo de más de cien tuits perpetrado por varios usuarios de la red. Lo sé. Debería tener más habilidades pero no puedo. Ya me cuesta seguir una conversación más allá del tercer tuit así que, imaginaos seguirla cuando hay tantos hablando en hilos infinitos.

A mí me duele, como a todos, que me hagan daño. No entiendo tampoco la necesidad de padecer en algo que elige libremente uno mismo. Es que, a veces, da la sensación que algunos busquen su minuto de gloria o les apetezca autoagredirse. Esto de estar leyendo a personas que le hacen sentir a uno mal es un sinsentido. Más aún intentar debatir con ellas. Y ya no digamos lo de crearse una cuenta exclusivamente para intentar cuestionar lo que dice un tercero. Eso ya ralla la estupidez más absoluta o, simplemente, denota una falta absoluta de vida. Ya lo dije el otro día, follando más o teniendo más aficiones, uno no tendría necesidad de hacer gilipolleces. Menos aún gilipolleces que, al final duelen. Porque, vamos a ser sinceros, un agresor nato en Twitter solo disfruta cuando le hacen «casito». En caso que no se lo hagan, cada vez se enfurece más. Y ello le afecta a nivel anímico y social. Aumenta, en definitiva, su estado de frustración emocional.

Yo a Twitter he venido a aprender, a pasármelo bien, a conocer gente interesante y, en definitiva, a pasar el rato. Me quiero demasiado para pasarlo mal y, por eso hace tiempo que uso dos estrategias básicas: silenciar y no entrar, salvo que algún día me apetezca la marcha, en debates estériles (por serlo en debate en sí o, simplemente por estar debatiendo con fanáticos y/o seres humanos que aún no están totalmente en estado madurativo). Eso sí, en ocasiones rompo esas reglas pero siempre por decisión propia. Si alguna vez tuviera que tomarme en serio determinadas cuestiones, la verdad es que empezaría a preocuparme.

Sigo en Twitter. Y, al menos en mi caso, disfrutando y aprendiendo. Lo del sadomasoquismo y heridas autoinflingidas lo llevaría realmente mal. Me quiero mucho 😉

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Jordi Martí

Docente desconcertado que intenta encontrar su lugar en un mundo que no entiende. O que prefiere no entender.

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