Se nos está yendo de las manos… y algunos se frotan las manos

Me causa pánico ver como lo que, en principio era la necesidad de cuestionar determinadas metodologías educativas, realizar propuestas e, intentar investigar acerca de lo que funciona o no funciona en nuestras aulas, se ha convertido en un debate entre buenos y malos. Posiciones antagónicas entre innovadores y tradicionalistas cuando, por suerte, ni lo uno ni lo otro existe en tal grado de pureza como a veces se plantea. Una crítica que se nos está yendo de las manos porque se intenta buscar el mínimo resquicio por «donde hacer daño». Y ni eso es el objetivo del debate ni creo que, más que aquellos que se frotan las manos con todo el debate estéril sobre modernidad educativa, beneficie a nadie. Menos aún a los que estamos en las aulas intentando hacer lo que podemos con los medios que tenemos y, procurando, que nuestros alumnos puedan tener un futuro más interesante que el que se vislumbra.

Fuente: Twitter

Tengo muy claro que la innovación -bueno, lo que mediatizamos como innovación- en el ámbito educativo no ha surgido del aula. Creo que, al igual que medio se intuye en el artículo de Javier Fernández Panadero titulado «Al final innovar va a ser trabajar como una mula«, que todo el tema de la innovación educativa está promovido por intereses que tienen muy poco de educativos y mucho de económicos. Justificar los recortes brutales que lleva sufriendo el profesorado y alumnado de nuestras aulas bajo el mantra de culpabilizar a los docentes por no dedicar todo su tiempo a innovar siguiendo unos determinados cánones, nos está llevando a una esclavitud, justificada por gran parte de la sociedad, bajo el pretexto de la necesidad urgente de mejora educativa. Pero, ¿realmente nos hemos bebido las entendederas para no pensar en quiénes están tras todos los discursos de la innovación educativa? ¿Nos creemos que La Caixa, Telefónica, determinados grupos editoriales, organizaciones poseedoras de centros educativos o, incluso, la propia Iglesia, van a gestar el cambio o la mejora en las aulas al margen de intereses propios? ¿Realmente es lógico plantearse que una Fundación, avalada por unos determinados mecenas, tiene intereses más allá que los propios del mecenazgo o de los intereses de los anteriores? Dudo que alguien se crea lo anterior porque si lo hace tiene un problema.

La verdad es que mientras unos vamos repartiendo estopa, otros sacándose unos míseros eurillos vendiendo fórmulas magistrales que no funcionan y, un buen número de docentes dedicando horas y horas a intentar «hacer las cosas diferentes» (o comprar el discurso que les han vendido), hay muchos otros que se frotan las manos al ver como nadie se cuestiona el porqué de todo lo anterior y los guantazos se reparten entre los propios docentes de aula. Muy bien lo han hecho para buscarnos enemigos, realizar discursos buenistas, tradicionalistas, reaccionarios o fantasiosos, entre quienes, al final, vamos a ser lo que tenemos que llevar esto a buen puerto. Sí, nos han dividido porque nadie admite que puede estar equivocado en sus planteamientos. Si uno es un fan de, pongamos por ejemplo y os prometo que sin ninguna intencionalidad, la clase invertida, le va a costar mucho plantearse que puede no ser el mejor método a usar. Menos aún si ve que su uso supone más de doce horas diarias de trabajo entre preparación de materiales, creación de los vídeos y la necesidad de acudir a las ponencias sobre el tema (sea de ponente o de escuchante). Algo falla en lo anterior. Algo que no sale nunca a la palestra y que se esconde bajo el método pero, seamos realistas, tras cualquier método hay muchísimo trabajo. Un trabajo que ni se paga ni se valora más allá del ego, una palmadita en la espalda o, en caso de tener uno suerte, unos centimicos para pagarse una cena. Nadie se plantea que lo anterior sea contraproducente porque, ¿cómo vamos a educar a un alumno en sus derechos cuando ni los docentes defendemos los nuestros? No, no es ser vago. Es tener clara la profesión en la que trabajamos.

Estoy muy preocupado porque la lucha sin cuartel ya se ha instalado en las redes y, por desgracia, en algunos centros educativos que se han vendido -quizás desconociendo el efecto de esa venta o, simplemente, por creerse falsamente las mejoras que va a suponer para los alumnos lo anterior- a determinadas organizaciones. Organizaciones que, por cierto, les obligan a cursos de formación fuera de su horario, trabajo extra infinito y, cómo no, a posicionarse como los buenos frente a aquellos que no quieren trabajar ni una hora más de la que tienen estipulada o usan una metodología que no va acorde con la que han comprado. Miedo me da el asunto porque, al final, siempre ganan los mismos. Y no, en este caso no somos ni los docentes ni los alumnos. Eso sí, esos que ganan ya procuran que, en caso que salga bien el tema colgarse las medallas e ir, bajo mano, intoxicando a la opinión pública acerca de lo malos que son los profesionales que están en las aulas por ceñirse a una metodología tradicional que ya hace décadas que dejó de existir.

Creo que he intentado argumentar lo mejor que sé sobre el tema pero, al final, me quedan demasiadas cosas en el tintero porque, a diferencia de otros, no sé escribir de forma coherente.

Una aclaración final... ya sabéis que soy, en ocasiones, muy crítico con ciertas modas educativas o situaciones que se dan en nuestro ámbito pero, jamás he criticado de forma personal a ningún compañero -salvo que fuera imprescindible-. Eso es algo de lo que me siento orgulloso, aunque algunos se piensen lo contrario 🙂
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Jordi Martí

Docente desconcertado que intenta encontrar su lugar en un mundo que no entiende. O que prefiere no entender.

2 Comments
  1. Yo sí creo que alguna fundación de las que promueven las innovaciones va más allá de la filantropía y al final lo que procura es hacer crecer el patrimonio y los resultados económicos de la propia fundación-organización. Cuesta encontrarlo pero ellos mismo lo documentan en su web.

    1. El problema de las fundaciones es que, tras las mismas, algunas tienen un modelo de negocio en su matriz. Y por ello es complicado, en ocasiones, discernir cuando están actuando como fundación o como empresa porque, en más ocasiones de las que se debiera, confunden «procomún» con beneficio.

      Un saludo.

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