Ser docente no te convierte automáticamente en mejor persona

La verdad es que, al menos en mi caso, me gusta más juzgar individualmente a las personas que como parte de un colectivo. No se me ocurriría jamás -y si alguna vez lo he hecho en el pasado, es por una falta absoluta de reflexión en ese momento- decir que todos los políticos son corruptos y sí decir que, hay demasiados políticos de algunos partidos políticos que han metido mano sistemáticamente a una determinada caja para lucrarse. Lo mismo con cualquier otro colectivo de personas que realizan un determinado servicio o ejercen una determinada profesión. En todo hay como en botica. Uno no es mejor ni peor por el simple hecho de ser, por ejemplo y siendo el caso que nos atañe, docente.

Fuente: ShutterStock
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Un docente puede ser buena o mala persona. Un docente puede ser un personaje que atesore cultura o un simple estratega que logró sacarse una determinada titulación (además, en el caso de las titulaciones actuales, todos sabemos que pagando hay centros educativos que te regalan, entre otros, el título de maestro). No es malo ser un colectivo heterogéneo. Es algo que lleva innata la propia heterogeneidad de las personas. Al igual que existen padres buenos y malos, alumnos buenos y malos, existen docentes de un tipo o de otro. Ninguna relación entre la bondad de las personas y la profesión que ejercen porque, por desgracia, todos sabemos que hay docentes buenos y otros que son unos auténticos canallas. Sí, dentro del colectivo tenemos de todo. No es malo tener representado a lo mejor y peor de la sociedad. Lo malo es considerar que uno, por el hecho de «ser algo» ya debe ser superior al resto. Y eso es algo que no funciona así.

Además, curiosamente, uno puede ser un buen profesional y tener actuaciones más que cuestionables. Sí, he oído en mis años de profesión a compañeros que se ríen de determinados colectivos, hacen comentarios machistas de forma recurrente en la sala de profesores o en pequeño comité y que, curiosamente, cuando preguntas a los chavales sobre ellos te dicen que son los mejores docentes que han tenido nunca. Sí, resulta realmente curioso. ¿Tanta capacidad de ofrecer la versión Hyde o Jekyll tienen algunos? Porque, sinceramente, a mí se me nota a la legua lo que soy y lo que pienso cuando entro en el aula. Eso de fingir no se me da nada bien.

Hay docentes que cometen delitos, hay otros que nunca han abierto un libro e, incluso, hay más de uno que si le preguntas qué río pasa por Zaragoza tendría problemas en darte su nombre. Y ese tipo de docentes existen. Es por ello que conviene desmitificar la profesión. Ni uno es santo o mejor por ejercer la docencia, ni tampoco peor. No es más bueno o malo uno por ser algo que alguien por no serlo.

Estoy convencido de que, a mayor nivel cultural, las posibilidades de ser mejor persona aumentan exponencialmente pero, de ahí a afirmar que alguien culto o que ejerce una determinada profesión a la que, supuestamente, sólo entran los que tienen un mayor bagaje cultural es una buena persona va un largo trecho.

Los docentes no somos seres mitológicos, somos hijos de nuestro padre y nuestra madre o cualquiera de las posibilidades que puedan darse. Y eso, junto con nuestra evolución personal, hace que seamos individualmente lo que somos: unas personas mejores o peores. Nada que ver con la profesión que elijamos en nuestra etapa adulta.

Una aclaración final… en mis años de profesión he tenido la suerte de que la proporción de compañeros que eran buenas personas ha sido altísima. Eso sí, también me ha tocado padecer alguno que no lo era tanto. Un dato empírico, difícilmente extrapolable y totalmente subjetivo porque, a la postre, ¿quién decide que alguien es una buena persona? 🙂

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Jordi Martí

Docente desconcertado que intenta encontrar su lugar en un mundo que no entiende. O que prefiere no entender.

2 Comments
  1. Interesante reflexión…yo añadiría que..quizás hay o está faltando cierta consciencia en el profesorado de la enorme responsabilidad que tenemos en la construcción social de un pais o cultura…quizás esa falta de consciencia o de compromiso sea también en sí un deficit de esa bondad personal de la que hablas…

  2. Estando de acuerdo contigo en casi todo, el código ético o condición humana que así le llamo, no va ligada al nivel cultural de cada persona. En el escenario político podemos encontrar algún ejemplo de lo que yo también llamo bajeza moral¨. Algunos de ellos con varias ´titulitis¨y nombrados doctores honoris causa por prestigiosas universidades.
    La educación que recibes en el seno familiar y en menor medida en el entorno educativo ( y no me estoy refiriendo a conocimientos académicos) son los encargados de inculcar los valores que rigen nuestro comportamiento.
    En más de una ocasión, he tenido la suerte de conocer a personas, que con escasa formación e incluso en algún caso sin alfabetizar. nos darían auténticas lecciones de moralidad a muchos de nosotros.

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