Ser políticamente incorrecto mola

Hace mucho tiempo que preferí decir qué pienso acerca de ciertos temas que mantenerme en silencio o, simplemente, esperar a ver en qué sentido soplaba el aire para orientar la barca. Creo que jamás he sido políticamente correcto ni me he planteado escribir para edulcorar ciertas cosas. Esto de ver qué callo te interesa no pisar, qué beneficios puedes sacar de decir una cosa u otra o, simplemente, mantenerte al acecho para que no te salpique ni una gota de nada desagradable no va conmigo. Lo sé, a veces, me meto en berenjenales de difícil salida y, en no pocas ocasiones, me encuentro ante algunos que, curiosamente, para ser políticamente correctos con los «suyos» se ven obligados a perder esa compostura que tanto les gusta para arrojarme a los leones. Bueno, para los animalistas vale invitarme a una cena vegana o a una horchata del Mercadona.

Fuente: ShutterStock

¿No os aburre ser políticamente correctos y mesurar vuestras palabras? ¿No os da la sensación que la sociedad cada vez está jugando más a decir lo que se quiere oír y obviar las incomodidades? ¿A nadie le preocupa que el falso amor y amistad que se destila en algunos lugares tiene mucho de cartón piedra y poco de verdadero? Algo que también se podría extrapolar a la educación. Y no estoy hablando en exclusiva de las redes sociales que no representan nada o de perpetrar, con mayor o menor fortuna, algo para ser vendido con fruición. Voy mucho más lejos. Voy a la necesidad imperiosa de no hablar. De mantenerse en silencio ante ciertas cosa. De, en definitiva, preferir que el tsunami pase antes de preocuparse por saber a qué se puede hacer mientras está en su máxima furia.

Tengo claro que hay grupos de alumnos a los que cuesta dar clase. Hay clases en las que entrar se convierte en un suplicio. Más aún aquellas que, convertidas en determinados programas que tienen mucho de segregadores, se dedican a quitar de un plumazo los problemas conductuales de los grupos. La creación de PMAR, FPB o cualquier otra sigla que se nos ocurra es para poder respirar en ciertos cursos. Eso sí, la alternativa en lugar de dotar de más presupuesto a esos grupos… enviar ahí a los últimos de Filipinas a que «sufran» y padezcan las incomodidades de los mismos. Son grupos incómodos. Y lo digo yo que acostumbro a llevarme bien con esa tipología de chavales. No es excluyente lo anterior para preferir otro tipo de grupos en los que pueda dar la clase de forma más relajada. Hay grupos que desgastan el triple en los que ves como, lamentablemente, esa segregación solo ha servido para que otras clases estén mucho más tranquilas. Claro que alguno se salva de la quema y tira para adelante. Son personas heterogéneas y alguno va a poder salir del pozo al que se les ha «tirado» porque, por venderlo mejor o peor, estos grupos no dejan de ser ese pozo insondable de esas películas que siempre dejan un mal sabor de boca.

Ya si eso me meto con aquellos que venden A, hacen B y dejan de hacer C. Me ahorro lo de poner ciertas cosas en las tres primeras letras del abecedario porque si os pasáis por aquí ya sabéis a qué me estoy refiriendo. Bueno, esos que huyen a D también tienen cuajo. Más aún los que desde D o sin haber pasado por E se dedican a dar lecciones de qué debe hacerse en nuestras aulas. Es mucho más cómodo decir qué tiene uno que hacer que ponerse al tajo. Otra cuestión es que todo el mundo sirva para hacer papeleo, estar con una sonrisa perenne mientras unos te dicen de todo menos lo maravilloso que eres o, simplemente, ser capaz de hacer lo posible para cabrear a docentes que necesitan soluciones para sus aulas y sus centros. ¿Es necesario poner denominaciones al tema? ¿O mejor dejarlo así?

Estoy hasta los mismísimos del olor a naftalina de lo políticamente correcto referido a la educación. Prefiero mil veces a alguno que, incluso que no comparta mi manera de ver las cosas, deje de serlo de forma individual que a aquellos que, porque quieren trepar, no quieren generarse enemigos o, simplemente, obedecen acríticamente las órdenes de su grupo-secta (también tenemos de estos). El grupo está sobrevalorado y el buenismo de misa de domingo, también.

Ser políticamente incorrecto mola. Eso sí, una cosa es ser políticamente incorrecto y la otra ser el típico personaje tipo Sostres.

Si algo os suena muy bien, os lo venden muy bien y siempre con una sonrisa en la cara de quién os lo está vendiendo... sospechad ;)
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Jordi Martí

Docente desconcertado que intenta encontrar su lugar en un mundo que no entiende. O que prefiere no entender.

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