Si fuera Ministro de Educación…

Hoy me he levantado en un día lluvioso, con la hora cambiada y con ganas, otra vez más, de perpetrar uno de esos redactados utópicos que, por imposibles, me permiten jugar con la retórica. Tengo ganas de fabular acerca de las decisiones que tomaría si fuera Ministro de Educación. Y no de forma general como hacen todos los partidos políticos. De forma específica en algunos aspectos y dejando, como deberían hacer los que mandan/manden, en manos de los profesionales del ramo las propuestas de ciertos cambios.

Fuente: Desconocida

Mi primera decisión si fuera Ministro de Educación sería intentar rodearme de gente que supiera. Docentes de aula, investigadores universitarios y otras personas, con independencia de su ideología política, que tuvieran ganas y supieran del tema. Si uno solo se rodea de afines, al final esa afinidad hace que se tomen malas decisiones. Es lo que sucede en muchos centros educativos. Directores que ya están empezando a seleccionar a sus docentes por afinidad. Algo que hace que los centros de gestión privada no avancen por acuerdo y sí por imposición (que puede ser siguiendo un camino erróneo) porque, por desgracia, el modelo horizontal de discusión y debate ha desaparecido.

Claro que hay cuestiones que tengo claras. Entre ellas la necesidad de reducir el número de asignaturas en Primaria y la ESO. El plantear que las ratios jamás deberían ser mayores de dieciocho alumnos en ninguna de las etapas educativas obligatorias y que, plantearía la existencia de cuatro tipos de centros educativos: uno para Infantil, otro para Primaria y los dos primeros cursos de la ESO, otro para los dos últimos cursos de la ESO y el Bachillerato y, finalmente, uno para Formación Profesional. Eso sí, integrando en estos últimos la posibilidad de que se pudieran hacer de forma coordinada con la Universidad. No he renunciado nunca a que las etapas sean tan permeables como se pueda.

Por cierto, otra decisión (pero ésta ya no dependería de mí) sería integrar a la Universidad dentro del Ministerio de Educación. Todos los procedimientos se deberían realizar conjuntamente y las decisiones comunes porque, por mucho que haya sus diferencias (que deben tenerse en cuenta) hay demasiado abismo entre la educación obligatoria y la postobligatoria universitaria. Eso también ayudaría, por ejemplo, a tener la posibilidad de que el alumnado de Magisterio pudiera realizar formación, tanto en aulas de Primaria como en la Universidad. No como ahora que solo se pisa el aula donde van a trabajar para las prácticas. Por cierto, ya sé que estoy adelantándome y mezclando pero, lo que tengo claro, es que la profesión docente también tiene que tener una promoción vertical, al igual que la mayoría de profesiones. Un docente que empieza en Infantil debería poder llegar, estableciendo los requisitos (de titulación y promoción adecuados) a la Universidad. Claro que lo anterior obligaría a cambiar varios aspectos del sistema de selección universitario y se recibirían muchas presiones para no hacerlo pero, ¿no sería mucho más lógico? Por cierto que las Facultades de Magisterio estén alejadas de la realidad tampoco ayuda. Y no lo digo por los excelentes profesionales que hay porque, por suerte, hay buenos y malos profesionales en todos lados y priman los primeros.

Vamos a entrar en pisar charcos. Hasta ahora lo he hecho ligeramente. Una decisión que sería muy controvertida sería la de reducir horario lectivo de los alumnos. Sí, aquí me saltarían a la yugular todos los que consideran que su asignatura es imprescindible. Pues, o se hace con criterio al margen de cuestiones corporativistas, o no solucionamos el asunto. En Infantil y Primaria jamás deberían estar más de cinco horas en el centro educativo. Y de esas cinco, la mayoría tendrían que ser para proyectos colaborativos y aprendizajes que tienen poco que ver con lo memorístico (leer, escribir, saber expresarse con corrección y matemática básica sería el objetivo al acabar Primaria). Más allá de los aprendizajes del paréntesis, libertad absoluta a los centros para hacer lo que consideren. Eso sí, siempre con una inspección continua (que debería reformularse para convertirla en algo más pedagógico que burocrático) de sus metodologías. Y esa inspección debe ir habitualmente a los centros. También debe tener poder para sancionar en caso de que no se estén haciendo las cosas bien. Eso sí, antes de sancionar, ayudar a cambiar las praxis de esos centros educativos. Siempre mejor ayudar que tener la faceta represiva. Eso debería tenerlo claro todo el mundo. La función inspectora no debería dar miedo ni ser considerado como un elemento ajeno al centro.

Yo creo que debería, a nivel personal y por lo que he visto a nivel profesional, potenciar las actividades manuales en esos primeros cursos pero, como os he dicho antes, salvo decisiones macro, la mayoría deben consensuarse con los asesores que habría escogido. Al final serán ellos y la consulta a los docentes de aula los que acabarán decidiendo. Quién sabe más que ellos. Lo de cambiar dinámicas de participación de los docentes es algo que va a costar pero, por qué no intentarlo. Si se les facilita más la participación, estoy seguro de que la inmensa mayoría van a aportar cosas.

Lo que también haría sería cargarme la religión (todas las que se impartan) de las etapas obligatorias. Al igual que no deben tolerarse metodologías que no están validadas (por demostración empírica o estudios que la validen) no podemos poner una asignatura que obliga a segregar a los alumnos. Y la religión segrega. Hablando de religión, creo que ya intuiréis que si hablo de no segregar a los alumnos, también voy a cargarme los perfiles de Bachillerato. No quiero que sigan existiendo los Bachilleratos de ciencias y de letras. El Bachillerato debe cambiar su configuración para elevar, tanto el conocimiento como el nivel cultural de los alumnos. Y eso se consigue cargándose que uno no deba hacer Latín o que otro no deba hacer Matemáticas de un determinado tipo. Y sí, tocaría reformular completamente el Bachillerato y la prueba de acceso a la Universidad. Bueno, si hemos dicho que íbamos a hacer permeable todo el sistema educativo, habría temas que se solucionarían por ellos mismos. Seguro que hay sistemas.

Potenciar de verdad la FP, dotándola de recursos. Intentando potenciar la formación de adultos para aquellos que quieran tener un determinado bagaje, una vez se han hecho mayores. Por cierto, si se hacen las cosas bien, los futuros alumnos ya no necesitarían de esas escuelas de adultos porque, sinceramente, ¿qué sentido tienen cuando todos los alumnos tienen una alfabetización y conocimiento más que adecuado al finalizar la ESO? Algo que lleva aparejada la necesidad de reducir el fracaso escolar y social. Algo que solo se consigue evitando guetos en los centros educativos y dando apoyo externo a esos alumnos que más lo necesiten. Es el Estado el que debe velar por la igualdad de oportunidades con independencia de las familias en las que uno ha nacido. Y eso debemos marcarlo a fuego en el Ministerio de Educación.

No entro en el tema de la concertada porque, sinceramente, eso es algo a negociar a medio plazo pero sí, como habéis visto, en la necesidad de reparto heterogéneo de alumnado. Un reparto por situación sociofamiliar y que, en ocasiones, puede obligar a que alumnado deba desplazarse a otros centros porque, una manera de hacer lo anterior, es tomar datos de los centros sostenidos con dinero público para que todos tengan la misma media de nivel adquisitivo de sus familias. Cruzando datos con Hacienda no sería tan complicado. Además conviene romper las dinámicas de los barrios (entre ricos y pobres), estableciendo sistema de autobuses gratuitos (al igual que debe serlo toda la educación) entre unos barrios y otros. Claro que entras frontalmente en el debate de la libertad de educación que tanto esgrimen algunos pero, al final, la sociedad en su conjunto está por encima de las libertades individuales (que deben ser las máximas posibles).

La edición de materiales iría a cargo del Ministerio de Educación. Se eliminarían administraciones paralelas, programas de gestión de centros/aulas de cada territorio y, todo ello, sin obviar las posibilidades que, como he dicho anteriormente, haya una mayor autonomía de los centros para modificar su currículum. En lugar de dejar el porcentaje a las autonomías, ese porcentaje debería quedar en manos de los centros educativos. Además, si evitamos la segregación, conseguiremos una mayor implicación de las familias. Algo que, no solo es deseable. Es necesario.

Evitar agrupamiento por edades fisiológicas, incluir que no integrar por decreto, eliminar el bilingüismo para diseñar un sistema en el que los alumnos aprendan, de verdad inglés. Potenciar los programas europeos, destinar recursos a la innovación (en el buen sentido y bien diseñada) y al mantenimiento de los centros educativos. Un sistema de formación real, alejado de modas y según necesidades del profesorado. Inversión en tecnología con el contrapunto de no deber usarla en todo momento aunque se tenga. Es una herramienta más. Muy potente pero que, en determinadas etapas, podría reducirse su uso porque según dicen no mejora el aprendizaje.

Y mucho, muchísimo trabajo en hablar y convencer acerca de que, al final, conviene mirar en qué necesitan nuestros alumnos más que en debatir acerca de lo que necesitan nuestras empresas o lo que quieren, de forma egoísta (pero entendible) los padres. La sociedad necesita la mejor generación posible y eso solo se consigue reformulando, adaptando, conservando y cargándose determinadas cosas. Mucho trabajo.

Mejorar la educación no va de ideología ni de cuestiones personales. Es algo mucho más complejo. Queda mucho en el tintero y matices interesantes en todo lo anterior, pero eso para cuando me nombren Ministro 😉

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Jordi Martí

Docente desconcertado que intenta encontrar su lugar en un mundo que no entiende. O que prefiere no entender.

4 Comments
  1. Jordi, per mi quedes nombrat ja Ministre d’Educació. Estic quasi d’acord en totes les coses que has anomenat però pense que en aquest casa la casa s’hauria de fer per la part de dalt o la teulada. És molt important el reciclatge del professorat i és urgent. I vull que entengues que no em referesc als professionals de l’educació que ja son majors, no. També estic observant molt poca sensibilitat per la pedagogia i educació a la gent jove que ix ara de les fornades de les Universitats i sobre tot una manca d’il.lusió que no augura res bo. No podem demanar als alumnes certes condicions ( empatía, comprensió, estima i un llarg etcètera,) si nosaltres no sabem com gestionar-ho. Un abraç i moltes gràcies pels teus articles.

  2. Hola Jordi, haz un gran favor a los niños, a los jóvenes, a los profesores y a los padres enviando tu escrito al próximo Ministro/a de Educación. Es muy importante que tenga en cuenta lo que dices, seguro que agradece de verdad tus ideas.

  3. Jordi, si tomásemos en serio la educación emocional desde edades tempranas de infantil y primaria (tal y como han hecho en otras comunidades autónomas como Canarias), conseguiríamos que fuese una educación integral del ser humano: cognitivo, valores y la pata que falta que es las emociones (conocerte a ti mismo y manejar las emociones, para comenzar a saber relacionarte mejor con los demás).

  4. Buenas propuestas, muy ambiciosas, pero para quedarse a medias mejor así. El gran problema es que tu tienes las ideas claras, pero no gran parte de la sociedad. Los padres (ahora protestando por una propuesta de periodo vacacional en Asturias) parece que entienden el colegio como ese lugar donde dejar a los niños aparcados mientras trabajo. Lo entiendo, pero es que los alumnos son siempre los últimos monos en el sistema educativo. Y los políticos igual, no van a renunciar a dejar su impronta en educación y además están abducidos por el ránking Pisa (que no por el informe que no creo que lo lean).

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