Si lo tuviera claro…

Me encantaría tener clarividencia absoluta acerca de lo que va a suceder en un futuro con mis alumnos. Me encantaría, simplemente, saber qué va a pasar mañana en cada una de mis aulas. La verdad es que no tengo ni idea de muchas cosas de las que rodean a mi profesión. Bueno, algunas sé y otras intuyo pero, al final, a lo único que me llevan es a plantearme que me falta mucho por aprender aún. Quizás cuando me jubile o cuando me toque esa ansiada lotería pueda abandonar esa quimera. Hasta entonces seguiré andando a ciegas en una profesión para la que demasiados tienen la solución y yo sólo tengo preguntas. Preguntas que me hago cada cierto tiempo. Preguntas que, al encontrar una respuesta, la misma sólo me plantea un montón de preguntas más. Y sigo buscando. Sigo escribiendo. Sigo reflexionando y pasando por todos los estados posibles.

Fuente: ShutterStock

Hace poco escribí un libro, para poner negro sobre blanco, determinadas reflexiones personales acerca de qué supone para mí el concepto de la educación. No ha servido. Sigo dando bandazos totalmente desconcertado al ver como cada vez son más los que tienen solución a todos los problemas y yo, lamentablemente, sólo voy sumando problemas. Ya no tengo ni club de bridge para hacer la partida porque tanto los innovadores como los tradicionalistas me han declarado persona non grata. Ahora, como mucho, algún solitario compartido con mis alumnos mientras, de forma caótica y desordenada, intento hilvanar algún tipo de proyecto para realizar con ellos. Alumnos que, por cierto, no llevan libro de texto pero sí leen algún libro de los que les mando. El último sobre inteligencia artificial y repercusiones filosóficas del asunto. Una idea que surgió entre poner tostadora y sacar la tostada que, por no se sabe qué motivo, he usado para obligar sin obligar (ya es complicada la cosa) a que mis alumnos reflexionen mientras construyen el dron y acaban de dibujar otra figurita para imprimir en la impresora 3D que han montado (que, sin querer, averié hace unos días).

Me he radicalizado en mis opiniones porque no tengo opiniones. Bueno, ahora he sustituido las opiniones por máximas sobre las que no admito discusión ni debate. Me aburre soberanamente el debatir sobre temas recurrentes sin solución posible por posiciones antagónicas. Supongo que es por ser catalán readaptado a zona de inclusión fallera. Quizás me falte empatía o tiempo. Quizás sea que la madurez y no tener claro nada relacionado con mi profesión. Quizás sea por todo. Quién sabe.

Si lo tuviera todo claro no estaría pensando en ciertas cuestiones. Si lo tuviera todo claro estaría planteándome la compra del rascador de testículos que venden en Amazon para, dentro de mi saber absoluto y nada falaz, proceder a realizar ciertas prácticas. El problema es que no tengo nada claro. Bueno, lo único que tengo claro es que me repelen los valores absolutos en educación, la necesidad de cuestionar una metodología como único mecanismo para vender la mía o, simplemente, la reconversión del tema en un espectáculo mediático de bajo nivel. Seguiré buscando la luz mientras siga en el túnel. A ver si algún día consigo salir de él y llegar a la tan ansiada salida…

EDUENTERTAINMENT

Cuando la Educación se convierte en espectáculo

En un contexto en el que el espectáculo educativo está a la orden del día, conviene reflexionar acerca de la implicación de este "eduentertainment" en nuestras aulas.
Jordi Martí

Docente desconcertado que intenta encontrar su lugar en un mundo que no entiende. O que prefiere no entender.

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