Si queremos tener a los mejores docentes en nuestras aulas…

Creo que últimamente está cobrando mucha fuerza un postulado educativo muy peligroso. Aquel que enarbolan algunos diciendo que un buen docente es aquel que es capaz de utilizar la metodología más innovadora en su aula, con independencia del conocimiento exhaustivo de su materia. Sí, da la sensación que hemos pasado de la necesidad imperiosa de tener docentes con amplios conocimientos en su materia sin tener en cuenta sus habilidades como docentes, a desprestigiar del todo el conocimiento. Preferir un buen docente que sepa mucho o que tenga muchas estrategias para dar clase es un error. Deberíamos exigir que en nuestras aulas sólo existieran docentes con un amplio dominio de su materia y que, además, tuvieran una gran facilidad para transmitir esos conocimientos o habilidades a sus alumnos. No, no me vale que uno sea un docente innovador que conozca y aplique las últimas metodologías, necesitamos que, al margen de lo anterior, sea la persona más capaz a la hora del saber que puede llegar a atesorar.

Tengo muy claro que en determinadas etapas educativas la metodología es mucho más importante que el conocimiento que puede llegarse a transmitir pero, vamos a ser claros… ¿qué nos interesa realmente? ¿Un docente que sólo sepa transmitir algo o uno que, aparte de transmitir tenga la capacidad de ir mucho más allá por la cantidad de cosas que sabe y puede transmitir a sus alumnos? Porque, lo de ser el chico de los recados que para todo vale y nada aprovecha ya se está pervirtiendo hasta extremos insostenibles. Y baste como ejemplo un mensaje dejado en un foro de profesores donde una maestra de infantil reconoce no tener ni pajolera idea de lo que debe dar en un ciclo formativo de grado superior.

Fuente: Facebook
Fuente: Facebook

¡Hola! Escribo para pedir ayuda porque creo que no podré con ello. Ayer me adjudicaron una plaza en secundaria para impartir dos asignaturas en el grado superior de integración social (Atención a las unidades de convivencia y Mediación comunitaria). El caso es que soy de infantil y todo me suena «a chino». ¿Algún consejo para afrontar esta nueva etapa? Nunca he hecho clases en adultos.

Uno puede no haber dado nunca clase en ciclos formativos de grado superior pero, a lo largo de su formación, esa persona ha recibido ciertos inputs que le pueden permitir desarrollar los módulos planteados. El problema es cuando se prioriza una simple relación que, por desgracia, no tiene ningún tipo de relación con la especialidad a impartir. Y entonces tenemos un problema porque, por mucha metodología o cursillos que uno haya hecho (en Cataluña, por ejemplo, lo de la asignación de perfiles por cursos de entidades privadas que permiten dirimir si uno está capacitado para dar clase en determinados grupos o centros se las trae, al igual que el sistema de entrevistas o selección por parte de las direcciones de los centros que, al final, eligen los afines ideológicamente o metodológicamente con el centro obviando su experticia) la capacitación profesional es nula. No, no me sirve que uno sepa de ABP, de gamificación o de las últimas estrategias metodológicas si no tiene ni idea de lo que debe dar. No me sirve un licenciado en Historia con un C1 o ingeniero que, con un C2 puedan dar inglés en Secundaria en Cataluña. ¿Sabrá más él o ella que un filólogo que haya estudiado a lo largo de muchos años una titulación determinada? Bueno, si nos cargamos el tema de las titulaciones para establecer un sistema de acceso a la docencia donde se valore la capacidad mediante una prueba lo más objetiva posible y se obliga a un período de prácticas de cinco años donde todos los docentes que aprueben la primera prueba de alta exigencia -para efectuar un primer filtrado- deben pasar por varios centros educativos de diferente tipología, entonces por mí podemos eliminar los requisitos de titulación. Eso sí, estoy convencido de que la maestra de infantil, que puede saber mucho y seguro que sabe mucho de lo que ha estudiado o como aplicarlo en el aula, no daría clases en ciclos formativos de grado superior y eso beneficiaría a los alumnos. Porque, seamos sinceros, ¿qué es lo que importa al final? ¿Que nuestros alumnos aprendan o que algunos puedan llevar un dinero a fin de mes? A nivel particular tengo claro que no tiene ninguna culpa la maestra que ha aceptado ese nombramiento y que la culpa es de la administración pero, si la administración velara por los alumnos haría un sistema de acceso a la docencia muy diferente a lo que está haciendo.

Yo no quiero un docente para mi hija que sepa mucho de metodologías o de su asignatura. Quiero un docente que, aparte de saber dar clase, sepa qué ha de dar. Y quiero a los mejores en capacidad y habilidad aunque me cuesten mucho dinero porque, al final, toda la inversión en Educación vale la pena.

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Cuando la Educación se convierte en espectáculo

En un contexto en el que el espectáculo educativo está a la orden del día, conviene reflexionar acerca de la implicación de este "eduentertainment" en nuestras aulas.
Jordi Martí

Docente desconcertado que intenta encontrar su lugar en un mundo que no entiende. O que prefiere no entender.

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