Si una herramienta o metodología educativa no funciona…

Cuando hay un grupillo que se hallan en posesión de verdades absolutas, experticia máxima y, por qué no decirlo, habilidad suprema en la gestión y uso de todas las herramientas y metodologías educativas, es mejor echarse a un lado. Hay discursos que, más allá de ser completamente falsos, cuentan con el añadido de poner sobre el tapete la incompetencia de todos sus compañeros en el uso de determinadas herramientas o metodologías educativas. Claro que sí… algo no funciona en el aula porque no se aplica bien, porque no hay docentes formados en su uso (salvo aquellos que, de forma autónoma han conseguido hacerlo y ahora se dedican a pontificar las bondades de la moda de turno a sus compañeros) y, por qué no decirlo, porque la inmensa mayoría de los miles de docentes que pueblan nuestras aulas son unos australopitecus a los que sólo les va la metodología tradicional, rehúsan el uso de cualquier herramienta tecnológica per se y, lo único que les interesa es repetir prácticas despersonalizando completamente su trabajo.

Fuente: http://www.creearlo.es

Pues va a ser que no. El discursito ya empieza a cansar. Más aún lo que subyace tras el mismo. Intereses muy poco claros, egos mal entendidos y necesidad, por lo visto, que tienen algunos en considerarse superiores a sus compañeros. Y eso es algo que se desmonta a la primera de cambio. Más aún si uno se dedica a observar en qué han convertido sus webs determinados personajes, la habilidad de dar cursos, tanto de ABP, Flipped, aprendizaje cooperativo, gamificación, uso de PDI o cualquier otro asunto que se tercie. No, no debemos empezar a autoflagelarnos por la existencia de este tipo de discursos. Debemos mejorar en nuestra praxis, adaptarnos a la realidad de nuestras aulas e, intentar que cada vez lo hagamos mejor para que nuestros alumnos aprendan más. Algo que incluye mucho de sentido común y profesionalidad. Profesionalidad que nos da nuestro día a día, nuestra capacidad de gestión de determinadas herramientas e, incluso, la posibilidad de rechazar algunas porque no se acoplan a nuestra forma de dar clase y supone, a nuestro entender, un perjuicio para nuestros alumnos. Sí, los docentes sabemos dar clase, sabemos usar los métodos que creemos oportunos y nos actualizamos si hace falta. La clase magistral que tanto se intenta criticar hace décadas -si alguna vez lo hizo- que dejó de existir. No existía ni en la época de mi abuelo, maestro de profesión, el cual ya se adaptaba al alumnado que tenía. Y la inmensa mayoría de sus alumnos tienen actualmente un mayor nivel cultural que el de sus padres. Eso es lo que importa, no la herramienta o la metodología porque, ni hay herramienta milagro ni metodología única. Por eso vender algo como solución tiene mucho de necesidad poco educativa a satisfacer.

Es habitual que últimamente existan voceros de tal o cual herramienta o metodología. También, que cuenten con un mayor o menor nutrido grupo de adeptos que les aplauden hasta cuando dicen esas frases branding que tanto venden pero, no es la solución a nada. No soluciona nada que uno sepa vender de todo porque, al final, no tiene ni idea de nada de lo que vende. Es como quien se pasa de la venta de coches a la venta de barcos. No es lo mismo. Las necesidades que cubre un vehículo no son las mismas que puede cubrir un velero. Y tampoco van destinados al mismo tipo de clientes la oferta de esos servicios de venta.

Ya veis que he hablado de venta cuando la educación debería ser considerada servicio. Es que, al final, nos han vendido tanto la necesidad de ser creativos y emprendedores, que ha acabado cuajando en muchos discursos.

No, el problema no es que los docentes no sean creativos ni se opongan al uso de herramientas o metodologías que mejores su praxis educativa. El problema es que hay docentes -y por suerte bastantes- que tienen claro de qué trabajan y a qué debe ir orientado su trabajo. Un problema para todos aquellos que, un día sí y al otro también, encuentran una nueva solución a todos los problemas educativos. Una solución que, siempre se basa en algo nuevo, una metodología innovadora o, simplemente, una sarta de palabras en idiomas inventados. Soluciones que, una vez se demuestran que no funcionan, siguen permitiendo que los mismos se inventen otra solución. Es que ellos, a diferencia de los docentes que nos las vemos y nos las deseamos para que algo funcione, sí que saben.

No es una crítica global a todos los que dan cursos de formación o intentan ofrecer, de forma altruista, ideas para mejorar la educación. Creo que si alguien me lee habitualmente lo tendrá claro pero, como siempre hay quien no lo entiende, prefiero aclararlo.
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Jordi Martí

Docente desconcertado que intenta encontrar su lugar en un mundo que no entiende. O que prefiere no entender.

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