Subirse al carro

Hay caminos más trillados que otros. Hay personas que optan por lo fácil y otros por intentar encontrar un camino, al margen de los que hay marcados en Google Maps. Caminos que, con múltiples obstáculos en su recorrido, le permiten en muchas ocasiones acabar llegando donde no era tan fácil acceder. Las playas paradisíacas no son de fácil acceso. Incluso, hay muchas de ellas cuyo acceso está tan escondido que hace difícil saber, si alguien no te lo ha dicho antes, el vericueto necesario para acceder a ellas. Lo mismo en el ámbito educativo. Hay sendas muy marcadas, otras que se están empezando a trillar y, como siempre, el que va a remolque de carreta o, directamente se sube al carro, cuando ya se ha acabado con todos los obstáculos que impiden un cómodo viaje.

Fuente: Flickr CC
Fuente: Flickr CC

Subirse al carro no es siempre la solución. Quizás uno antes de apuntarse a un viaje maravilloso, debería buscar su propio camino. Un camino que irá escogiendo en función de sus experiencias, necesidades y, cómo no, cogiendo de aquí y de allí. El único viaje que funciona es el que uno hace. La compañía siempre ayuda pero, a veces, la soledad es necesaria. Las penas compartidas no dejan de ser menos penas al igual que las alegrías. Nadie pisa igual. Nadie usa el calzado de la misma manera. Nadie tiene el mismo tipo de mochila ni la ha cargado de la misma manera. Por tanto, copiar el viaje no tiene mucho sentido. Menos aún apuntarse a un viaje organizado con todo muy marcado sin espacio para la improvisación o personalización. Ir a comer al McDonalds puede solucionar un problema puntual. Comer siempre de McDonalds lo único que hace es pervertir el sentido del gusto y de la propia alimentación.

Uno debe montarse su viaje, investigar, conocer, cuestionar, descubrir y, subirse al carro lo menos posible. No es ser un pionero obligado al sufrimiento perpetuo. Es, simplemente, buscar la senda que permita transitar de forma cómoda y llegar donde uno pretende. Los viajes son fantásticos. El viajar algo que todos deberían hacer. Y no, no es caro. Si uno no tiene chubasquero de marca, siempre puede idear algo para que la lluvia torrencial no le llegue a calar.

Quizás lo anterior sea sólo un pequeño cuento. Una anécdota en clave personal. Unas ideas incoherentes producto de reflexiones varias que, por desgracia, me impiden subirme al carro de muchas cosas y necesitar buscar mi pequeño sendero para acceder a la playa que tanto ansío. No he llegado aún allí pero no cejo en el intento.

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Jordi Martí

Docente desconcertado que intenta encontrar su lugar en un mundo que no entiende. O que prefiere no entender.

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