Templos de la horchata

Hace tiempo que algunos lo tenemos claro. Los rankings sólo sirven para dar los resultados que, interesadamente, a uno le apetece dar. Ayer la misma cantinela de siempre… el ranking de Shangai que informaba alegremente de que ninguna de las Universidades españolas estaba en el top 200. Hay qué joderse. Sinceramente, que un ranking basado en coste de matrícula y resultados inespecíficos, basados siempre en ningún control de la profesionalidad de los titulados, tiene motivos para ser tomado a cachondeo. Bueno, para algunos, como siempre sucede en esto del medir, supongo que les interesa saber el tamaño del miembro para asociarlo con la utilidad del mismo. Ya, soy un poco soez pero es que hay noticias que se merecen ser tomadas a chiste.

Sinceramente, como he dicho en muchas ocasiones últimamente, me importan, entre poco y nada, esos rankings que dicen menos que una canción de Las Ketchup o emocionan menos que una sesión DJ con Kiko Rivera. Ya, seguro que todos sabéis que tienen su club de fans. Pues bien, al igual que sucede con la educación, las valoraciones siempre van a ser totalmente subjetivas, basadas en datos interesados y que, por desgracia, tienen poco de reales y mucho que ver con cuestiones que se alejan de lo que se supone que debe ser el objetivo de cualquier estudio serio.

Pero por qué demonios os estoy hablando de Shangai, de música truño o similares. Hoy he venido a hablaros de la horchata. Ese oro blanco de propiedades organolépticas y saludables sin par. No, no lo digo yo ni ninguna horchatería. Lo dicen estudios científicos contrastados. Y no, en este caso, a diferencia de las acusaciones que se vierten contra los que critican a la homeopatía por, demagógicamente ser acusados de voceros de las farmacéuticas, no hay por dónde pillarme. Ni tengo acciones en ninguna horchatería, ni ninguna denominación de origen me paga por vender el producto. La horchata está buena porque lo digo yo. Sin presiones. Sin necesidad de justificarme. Sin ningún tipo de interés económico tras ello.

Fuente: Wikimedia

Hablar de horchata, en mi caso, es hablar de experiencias personales. De peregrinaciones en busca del santo grial. De muchas catas y pruebas de diferentes horchaterías a lo largo del territorio. Uno tiene afición por hacer el camino de Santiago para despellejarse los pies; otros tenemos nuestra peregrinación propia a la búsqueda de aquello para lo cual nacimos. Y eso, en mi caso, es la horchata.

Es por ello que me preocupa que algunos hablen de templos de la horchata sin tener ni idea acerca de qué supone una buena horchata. Que mencionen horchaterías donde se pasan con el azúcar, otras cuyo parecido con una buena horchata es la denominación y el precio y, finalmente, obvien aquellos templos que muchos conocemos y disfrutamos tiene tela. Por lo visto aquí todo el mundo sabe de todo. No sabéis cómo empiezo a odiar a aquellos que creen que por ayudar a sus hijos con los deberes ya son docentes, otros arquitectos que están, desde que se jubilaron, paseándose por todas las obras y, por qué no decirlo, aquellos que saben más del funcionamiento de las vacunas por el simple hecho que la vecina del cuarto de su amiga Piluca les ha dicho que provocan autismo, que un pediatra o bioquímico. Pues lo mismo con la horchata. Muchos hablan, pocos saben. No, en este caso no hay título… hay experiencia (o experticia). Uno puede empezar a hablar de horchata cuando ya tiene el culo pelado de sentarse en sillas variopintas esperando a que le sirvan el producto. Para hablar de oídas más vale que uno lo haga en el bar. Eso sí, siempre habrá algún incauto que caerá en las garras de la mentira interesada. Incautos que, por no decir que les han tomado el pelo, pondran la valoración máxima en TripAdvisor. De panolis está el mundo lleno.

Llega un momento en que me preocupan entre poco y nada los informes educativos y las informaciones, entre falsas y necesitadas de ser voceadas por algunos, con las que nos bombardean los medios de comunicación. No me creo nada ante estadísticas sesgadas, intereses espurios o, simplemente, bonitos gráficos que pueden decir una cosa y su contraria pero… por favor, no me toquéis la horchata porque, al final, es algo mucho más serio para mí que otros temas. Más aún cuando algunos usan el término templo para referirse a tasca falta de higiene y ausente de calidad en sus productos.

Siento haber introducido en un blog supuestamente educativo algo tan alejado de la educación como es el tema del ranking de horchaterías. Bueno, quizás tampoco esté tan lejos de lo que está sucediendo en nuestro ámbito. O, quizás sí… quién sabe 🙂

Hay algunos expertos en cabrear al personal en medio de las vacaciones informando acerca de determinados artículos sin ninguna base científica. Mikel, si vienes alguna vez sí que te llevaré a un auténtico templo de la horchata.
EDUENTERTAINMENT

Cuando la Educación se convierte en espectáculo

En un contexto en el que el espectáculo educativo está a la orden del día, conviene reflexionar acerca de la implicación de este "eduentertainment" en nuestras aulas.
Jordi Martí

Docente desconcertado que intenta encontrar su lugar en un mundo que no entiende. O que prefiere no entender.

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