Tradiciones educativas

Lo de comer turrón en Navidad es una tradición. Al igual que lo es, aunque de factura más reciente, convertir un día como hoy en el del amor sin condiciones. Tradiciones que, más o menos actualizadas, se retoman año tras año por las mismas fechas. Tradiciones que, al igual que otras muchas, nadie cuestiona ni se plantea que no deban estar ahí (salvo alguno que, quizás, denosta las mismas porque no «son las suyas»). No es malo tener tradiciones. Ni incorporar de nuevas. Porque, hay tradiciones que son sinónimo de fiesta y alegría. Tradiciones que, más allá de su significado último, ayudan a disfrutar de determinados días o temporadas del año.

¿A qué viene lo anterior? ¿Qué tienen que ver los turrones o los ositos con un corazoncito que regalan algunos a sus parejas un día como hoy? A tradiciones perpetuadas en el colectivo docente. Tradiciones que, más allá de metodologías o «hacer lo mismo de siempre», tienen mucho que ver con idiosincrasias. Rasgos y características que se heredan y perpetúan en un colectivo, por desgracia, demasiado sometido a la tradición. O más que a la tradición, a hacerlo todo como lo han visto hacer.

Sí, ayer tuve una experiencia curiosa. Volver a ver modelos que no entiendo en pleno siglo XXI. Porque estar en unas jornadas educativas y ver como, parte de los docentes que acudieron, iban copiando todo el texto (algunos haciendo foto diapositiva tras diapositiva) de las presentaciones que iban poniendo los docentes no tiene otra explicación. Poco hemos cambiado si, más allá de quedarnos con las ideas, tenemos necesidad de disponer de las citas textuales que nos comentan. Porque, al menos en mi caso, si hiciera lo anterior me sería difícil justificar un cambio metodológico en el aula. Bueno, sinceramente, lo vería como un gran acto de incoherencia.

Fuente: https://eveliomartinez.wordpress.com
Fuente: https://eveliomartinez.wordpress.com

El docente debe romper las tradiciones. Más que romperlas, adaptarlas a las necesidades de sus alumnos. Y adaptar esas tradiciones empieza por uno mismo. Conviene analizar qué se hace y cómo. Somos el espejo en el cual se reflejarán nuestros alumnos. Espejo que está, en demasiadas ocasiones, ceñido a formas de hacer que no deberían de ser las nuestras. Porque, ¿cómo enseñar a los alumnos a trabajar de otra manera si somos nosotros quienes hacemos lo mismo de siempre cuando estamos en su lugar? ¿Cómo pretender que el alumno aprenda, más allá de un libro de texto o dossier, si nuestra pauta a la hora de convertirnos en alumnos es hacer lo que se supone que no queremos que hagan ellos?

Quizás es que soy muy poco amante de determinadas tradiciones y demasiado adaptable a los tiempos. Quizás es que no creo en las tradiciones adaptadas al sistema educativo. Quizás, y sólo quizás, es que mis tradiciones educativas se rompen día tras día. Porque, para mí, la mayoría de las tradiciones educativas de toda la vida tienen muy poco de gratificantes.

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Jordi Martí

Docente desconcertado que intenta encontrar su lugar en un mundo que no entiende. O que prefiere no entender.

8 Comments
  1. Muy cierto. Especialmente en el colectivo de primaria, son legión los docentes que en los cursillos de formación llenan resmas y resmas de papel que luego cuidadosamente catalogan y archivan. La explicación es que na gran cantidad de los que acaban dedicándose vocacionalmente a la enseñanza fueron modélicos alumnos en sus escuelas de la infancia y juventud, es decir, encontraban placer en los cuadernos ordenados, los subrayados, los márgenes, las tareas repetitivas, memorísticas y todas estas rutinas que formaban y forman hoy en dia el corpus esencial de la formación escolar. Encontraron estas atractivas hasta el punto de decidir prolongar esta vida escolar dedicándose a continuarla en la vida adulta, esta vez como maestros. De esta forma, los métodos del sistema generan a su vez las fuerzas que lo perpetúan. He tenido ocasión de ver que, salvo excepciones, las generaciones jóvenes que se incorporan suelen continuar llevando ese toque cuadriculado inconfundible.

    1. No me lo había planteado nunca así pero, pensándolo fríamente, creo que llevas toda la razón. Sí, el sistema (y su metodología de aula) se transmite y perpetúa entre los mismos que acataban esos métodos (y así se explican sus comportamientos modélicos en sus aulas). Un interesantísimo punto de vista.

      Magnífico comentario y aportación.

  2. Quizas tienes razón y esta es otra de mis tradiciones educativas que no había contemplado hasta el momento. Cuando acudo a formaciones «magistrales» me gusta tomar «apuntes», de lo que dicen y escribir todo lo que se me va ocurriendo en ese momento. La mayoría de las veces no vuelvo a mirar esas notas, pero en alguna ocasión, me acuerdo de algo que oí en una formación y re-leo esas notas y mis comentarios. Esta practica, que puede ser por tradición, me ayuda en mi proceso de comprensión y reflexión-adaptación a mi realidad. Gracias Jordi por tu visión.

    1. Lo que tiene ser un estudiante caótico, se traslada con facilidad a futuras actuaciones de aula o posicionamiento frente a determinadas cuestiones. Quizás, en mi caso, lo que me interesa es capturar «momentos» (más allá de recordar momentos). Quizás exista una fina línea entre la captura, traslado al papel de esos puntos y, como no, el que copia todas las transparencias que le proyectan (y que, curiosamente, están colgadas en la red). No lo tengo demasiado claro pero lo que sí que me da la sensación es que el cambio educativo va a empezar por nosotros. Por los docentes de aula. Por romper algunas tradiciones, adaptar otras y, como no, crear de nuevas.

      Gracias a ti por el comentario.

  3. Hola Jordi! Yo creo que somos un número mayor de profesores de los que tú crees, los que intentamos hacer las cosas de manera diferente en nuestro día a día en el aula. Creo que todos los docentes que nos hemos formado en práctica reflexiva (¿es ese tu caso también?) hemos aprendido a plantearnos la docencia desde diferentes puntos de vista y nos hemos atrevido a probar cosas nuevas en el aula, tras el proceso de plantearse objetivos, analizar nuestra praxis, estudiar posibles mejoras, localizar nuestros puntos débiles, etc. Creo que la formación permanente es esencial y que añadir siempre algo de «la propia cosecha» es muy sano. Espero vuestras opiniones. Saludos

    1. Creo que en ese aspecto soy más «pesimista». No por capacidad o profesionalidad de los docentes que están en el aula. Profesionalidad y capacidad más allá de cualquier duda. El problema fundamental es la perpetuación de tradiciones educativas que, no por llevarse haciendo muchos años, son positivas para nuestros alumnos. Eso sí, lo anterior es una creencia demasiado subjetiva y, por eso, como tal debe ser cogida. Lo de formarse en «práctica reflexiva» si dicha reflexión no se traslada al aula es como formarse en «tecnología» y seguir usando las mismas herramientas de siempre. No es sólo el bagaje cultural/profesional, es la adaptabilidad al medio 🙂

      Un saludo y muchas gracias por el aporte.

    2. Buen día a todos.
      Yo no creo que seamos muchos los docentes que cambiamos cosas en el aula. Si fuese así, las cosas no estarían como están. De hecho, hay un porcentaje muy elevado de profesionales que siguen empleando métodos obsoletos de enseñanza porque les es cómodo, porque no tienen que dedicar tiempo extra a pensar o por no contrariar a la dirección del centro.
      Por suerte, esto va cambiando, para mi gusto demasiado despacio, pero vamos siendo muchos los «rebeldes» que, junto con bastantes familias, no queremos que se sigan haciendo así las cosas.
      Por el bien de los niños y las personas LEED y ACTUAR en lugar de tomar tantos apuntes inútiles.

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