Trileros de la innovación educativa

Sin cubiletes y a plena vista. Así se está cociendo la mayor estafa educativa de los últimos tiempos. Tejemanejes variados que permiten que, curiosamente, más de uno se gane la vida vendiendo o, simplemente diciendo, sandeces de diferente calado, recibiendo amplia comprensión de muchos y un nutrido grupo de aplausos por parte de determinados palmeros. Trileros que nos intentan vender la taxonomía de Bloom como si aún tuviera el mínimo sentido. Hampas organizadas de personajes variopintos que, curiosamente, son capaces de criticar la clase magistral desde una tarima o, publicando un vídeo online de una mala clase magistral. Y ya si eso nos ponemos hermosos con quienes nos venden como gamificar una actividad gamificada, rubricar una rúbrica o, simplemente, decidir en qué seno tatuarse el logotipo de la marca más molona. Eso sí, fundamento científico cero. Y ya el nivel cultural de algunos personajes, amantes del trilerismo a gran escala, entre ínfimo y ninguno. Bueno, siempre algo más alto de los que se tragan ciertas cosas.

Fuente: Facebook

La innovación, esa palabra tan desnaturalizada que ha perdido todo su sentido, nos está dando mucho juego. Apuestas por ver quién es el más innovador. Innovaciones que caen en los mismos errores que cayeron la primera vez que algunas cosas se vendieron como innovaciones. Timos dignos de aquel que vendía productos contra la alopecia con una bola de billar por cabeza. Ya si queréis hablamos de aquel que es capaz de venderos las bondades de operaros la miopía desde detrás de unas gafas. Pues en eso consiste gran parte de lo que nos están vendiendo últimamente como innovación educativa. Estafas piramidales plagadas de sabores y olores muy parecidos a los de axilas faltas de higiene. Y mucho iluso, personaje de misa dominical y necesidad de milagros, como cliente. Docentes alejados del sentido común. Docentes que, buscando solución a los problemas de sus aulas, acuden a la receta fácil, a la herramienta infalible y al vendehumos de turno. Libros de autoayuda para el docente a tutiplén. La bolita y la carta marcada se ha convertido en algo más. Trileros del siglo XXI. Trileros con colaboracionistas en la administración. Trileros con dinero público y privado. Trileros al fin y al cabo.

Matar moscas a cañonazos nunca ha matado ni a la que volaba peor. Tampoco escuchar ciertas cosas hacen que te sientas mejor en el aula. Quizás tampoco tenga mucho que ver lo que ves con lo que te venden. Quizás, nada de lo que te venden es aprovechable. Tal vez estemos jugando a juegos de azar por encima de nuestras posibilidades. Cuánto filósofo con ganas de volverse a la tumba. Cuánta inteligencia desperdiciada comportándose algunos como auténticos cenutrios. Cuánta pseudociencia alabada sin fisuras. Cuánta genuflexión mal entendida. Cuánto trilero capaz de innovar acerca de la propia innovación.

Algunos viajan gracias a sus timos. Otros se permiten el lujo de convertirse en evangelizadores de postín. Los terceros, quizás, con suerte llegan a ser limpiabotas de los primeros. Botas, botines, chulos y pringados. Todo en el mismo saco innovador. Una innovación que no tiene visos de parar. Un espectáculo que debe continuar. Una visión a espaldas de la realidad que, por lo visto, a casi nadie le interesa remarcar.

Ya si eso nos ponemos a hacer un escape room de todo porque, visto lo visto, en este juego de trileros en el que se ha convertido la innovación educativa, todo es cada vez más surrealista. Al menos para algunos entre los que me encuentro. O quizás también seamos parte de esos trileros que, en lugar de jugar a buscar la reina o la bolita, nos conformemos en otras cosas mucho más mundanas y menos interesantes mediáticamente. Quién sabe.

La innovación educativa que nos venden algunos trileros se cura leyendo y aplicando el sentido común. De nada.

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Jordi Martí

Docente desconcertado que intenta encontrar su lugar en un mundo que no entiende. O que prefiere no entender.

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