Twitter, agencia de colocación

A estas alturas de la película ya hay pocas cosas que me sorprendan. Cual perro viejo ya he visto demasiado, he sufrido demasiadas iniciativas educativas que lo iban a revolucionar todo y, sinceramente, llego un poco descreído de mucho y de muchos. Además, sinceramente, después de estos días he decidido disfrutar de lo que vivo, de mi trabajo cuando vuelva y, simplemente, sentarme a escribir cuando me apetezca. No cambio de vida. Cambio de manera de entender la vida. Y, al final, creo que es esto lo verdaderamente importante.

Fuente: ShutterStock

Ya veis que me cuesta publicar de forma coherente. Más aún cuando hoy ya os he aburrido con el primer capítulo en formato borrador de mi nuevo libro. Es lo que tiene tener tiempo. Entre geolocalización de las obras más cercanas a mi domicilio, petición de turno para la petanca y esas partidillas de dominó que ya huelo en breve, poco más puedo hacer aparte de dar rienda suelta a una de mis aficiones. Por si no lo habéis deducido aún, es la de escribir.

Hoy me gustaría hablaros de la conversión de Twitter en agencia de colocación para docentes y allegados. Resulta curioso ver que la mayoría de ponentes de determinadas cosas lo son porque están en Twitter y, al final, contar con un nutrido grupo de seguidores hace que cada vez te lluevan más ofertas. Lo del trabajo en el aula o la capacidad para hacer ciertas cosas lo obviamos porque, al final, relacionar visibilidad en la red con profesionalidad es algo que, al menos a mí, me cuesta muchísimo equiparar. Ni tan solo me sirven esos «magníficos» trabajos que algunos hacen con sus alumnos porque, al final, es todo tan maravilloso e impoluto que dudo que pueda realizarse en ningún aula de galaxias conocidas. Y apurándome, ni en desconocidas.

Equipos encargados de llevar a cabo despliegues digitales en formato revival elegidos por Twitter. Premios que se dan en función de tener algún seguidor, salir en los medios y publicar ciertas cosillas guays. Cursos de formación dados a docentes con un nutrido grupo de acólitos 2.0. En definitiva, estamos colocando a los docentes en determinados lugares sin tener en cuenta ningún criterio serio acerca de cómo funcionan en sus aulas o qué tipo de trato tienen con sus alumnos. Y lo que es más importante… si sus alumnos consiguen aprender. En definitiva, sin tener ni idea de su profesionalidad salvo lo que nos hayan contado ellos.

No sé si es solo cosa mía de ver lo raro pero, al final, es muy raro ver docentes o personas relacionadas con la educación que sean contratadas para determinadas cosas si no tienen perfil en las redes (especialmente en Twitter). Y yo no me creo que los mejores docentes estén en Twitter. Ni que el número de seguidores sea relevante nada más que para destacar una notoriedad en un contexto más que líquido. Un detalle, tampoco cuestiono que puedan estarlo.

Algún día espero que alguien se dé cuenta que contratar a las personas por lo que muestran de ellas, la capacidad de sumisión o, simplemente, por las amistades (virtuales o no virtuales) que se tengan, tiene muy poco de sentido. ¿No hablamos de contratar a los mejores para hacer ciertas cosas? Pues, a mí me vais a perdonar, pero lo de ir buscando candidatos en las redes por lo que dicen que hacen, lo que dicen que piensan o, simplemente, la cantidad de hashtags que son capaces de crear o tuits suyos que se retuitean me parece, como mínimo, algo preocupante.

A mí nunca me ha molestado que un empresa u organización con su dinero contrate por la visibilidad. Con su dinero, cada uno que lo tire como quiera. Lo que me parece mal es que, en el sector público, se usen esos criterios de contratación.

El número de palmeros NO está relacionado con la capacidad de hacer bien un trabajo. Al menos, no matemáticamente. Ni por el sentido común.

Por cierto, no quería finalizar este post sin comentaros, por si estáis interesados, que se me ha roto un ordenador y voy bastante mal de pasta este mes para cambiarlo. Así que, si queréis que os dé un curso de Flipped Classroom, os hable de las bondades de las TIC, haga malabares con sandías, me disfrace de payaso mientras os sumerjo en el dulce sueño del mindfulness o, simplemente, os gamifique el cotarro a un módico precio, contad conmigo 😉

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Jordi Martí

Docente desconcertado que intenta encontrar su lugar en un mundo que no entiende. O que prefiere no entender.

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