Un blog incómodo

No es cómodo escribir acerca de ciertas cuestiones. Menos aún centrarse en lo que debería mejorarse o, simplemente, te chirría en exceso, aplicado a tu ámbito profesional. Es, sinceramente, muy incómodo, incluso para uno mismo, el ver que tienen muchísimas más dudas que certezas acerca de lo que funciona en educación. Bueno, si vamos a hilar fino, las certezas en algo tan difícil de controlar, se hace algo quimérico.

Fuente: ShutterStock

Llevo diez años escribiendo en este blog y, al final, solo me queda claro que queda mucho por hacer en educación. Que nos estamos volviendo locos con la innovación desenfrenada. Que, al final, todo se centra en discursos sesgados de amimefuncionismos o, simplemente, posicionamientos ideológicos/metodológicos totalmente monolíticos. Claro que es más cómodo creerse en posesión de soluciones milagrosas. Claro que es fantástico tener un grupo de gente que piensa -o dice que piensa- como tú. Es fantástico poderse sentir arropado por clanes, partidos políticos o, simplemente, tener un grupo de personas que son incapaces de poner ni una coma de más a tus pensamientos. Es cómodo pero totalmente irreal. La educación no es cómoda. Hablar de educación no debería ser algo cómodo. Ni, en muchas ocasiones, alejado de críticas más o menos fundamentadas. No es una religión. Bueno, incluso las religiones tienen más amplitud de miras que algunos posicionamientos educativos.

Claro que me gustaría escribir solo acerca de lo maravilloso que es todo. De los intereses pedagógicos que tienen algunos. De lo fantástica que es la taxonomía de Bloom, el ABP, la gamificación y el Flipped... pero es que no puedo. No puedo dejar de sentirme incómodo al leer ciertas cosas, ver determinadas exposiciones de tipos que parecen poseedores de verdades absolutas y, muchísima gente haciendo cosas que, al menos para mí, son auténticamente ridículas. Y no creo que deba entrar en poneros ejemplos porque todos las habréis observado últimamente.

Me cuesta mucho que el blog no sea también un lugar incómodo para mí. Cada día toca reinventarse, plantearse de nuevo qué necesito, para qué y la utilidad de todo aquello que estoy comprando. Sí, es como ir a un gran hipermercado donde, por desgracia, todo se vende demasiado bien envuelto y toca leer muy bien los ingredientes antes de llevarte algo a tu aula. No siempre salgo con compra. Más bien salgo comprando en muy pocas ocasiones. Ya me gustaría tener la nevera educativa a rebosar con miles de productos. El problema es que todo caduca. Y, ¿a quién le gusta tener una nevera que huela a pescado en descomposición?

Algún día encontraré esa varita mágica que han comprado algunos en los chinos. He ido rebuscando y, al final, lo único que encuentro conforme voy añadiendo experiencia a mi bagaje profesional, son cada vez más dudas. Dudas que expreso en voz alta en este blog. Dudas que expreso en pequeño comité. Dudas que, al final, son la base de la incomodidad porque, seamos sinceros, ¿no sería mucho más cómodo dejarte llevar por ese río proceloso que tantos están surcando? Quizás sí pero, al final, lo que me interesa más que el camino es poder llegar a Ítaca. O, a lo mejor, simplemente, el aprender a lo largo de ese viaje. Quién sabe.

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Cuando la Educación se convierte en espectáculo

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