Un currículum im-prezionante

No puedo menos que alabar a aquellos docentes, en activo o diferido, cuyo currículum y capacidades de todo tipo, son capaces de llenar líneas y líneas permitiéndoles, siempre, estar a la última de todo lo que se cuece, las últimas metodologías y, por qué no decirlo, los últimos estudios científicos que se saben al dedillo. Algo incapaz para la mayoría de seres humanos pero que, por lo visto, les da tiempo, entre clase y clase (o papel y papel, charla y charla o un largo etcétera de íes griegas), de innovar a tutiplén, publicar sus éxitos continuos, ser entrevistados y, cómo no, pontificar frente a aquellos que, por desgracia, no tienen sus dotes.

Fuente: ShutterStock

Sinceramente, sigo sin entender cómo no metemos a esos expertos, según ellos mismos, en ABP, Flipped Classroom, apps, edición de vídeos, gamificación, habilidades directivas, coaching, educación emocional, neuroeducación y un larguísimo listado de capacidades, de Ministros del ramo. No hay pódium para tanto experto todológico y, menos aún, para tanto bueno que se desaprovecha en el caso que los anteriores no tengan amigos suficientes para largarse del aula, haberla cagado en algún tuit no apto para los que mandan o, simplemente, por el hecho de que, por desgracia, sus habilidades en el ramo del lametonismo no están suficientemente desarrolladas. Bueno, siempre tienen la opción de montarse un chiringuito de formación, ofrecer cursos por internet que se crean ellos mismos y, con suerte y una buena estrategia de venta del producto, conseguir priorizar la evangelización a la docencia. Que lo de la docencia vende muy mal y más si, dentro de un aula se tienen que hacer cosas que no pueden mediatizarse. Y no todo lo que se hace en las aulas es mediatizable por mucho que se quiera. Mediatización que se busca en detrimento, en más ocasiones de las que se debiera, del aprendizaje de los alumnos por el simple hecho de satisfacer a ese docente «estrella» cuyo único objetivo desde que se levanta es que hablen bien de él y sea considerado el no va más. Curiosamente, eso sí, después en muchas ocasiones yendo de humilde incluso que por dentro se regocije del asunto y de lo conocido -en algunos contextos- que llega a ser.

La verdad es que deberíamos hacer más caso a aquellos que se inventan un currículum o convierten el noble arte e imprescindible de limpiar los mocos, en ser un experto en el uso de celulosa tratada para la eliminación de organismos de toxicidad media. No hay mayor figura que el anterior. El que se inventa una vida y un currículum. Ya no sólo eso, lo realmente curioso es como algunos pueden inventarse cursos que nunca han realizado, contactos con determinados profesionales del ramo e, incluso, ser capaces de sustituir un selfi que se hicieron en una tarima por una participación en la mesa redonda o la exposición. Sí, hay algunos que viven de eso. El Pequeño Nicolás también tiene su hueco entre los docentes. Patanes que se inventan un pasado y un presente para conseguir vivir en un futuro de ello. Currículums im-prezionantes como diría alguien y que, por desgracia, acaban iluminando a alguno con esas luces falsas que se desmontan al primer análisis.

En innovación educativa hay mucho fantoche que, ni sabe de educación ni de decencia. Bueno, seamos claros, ¿para qué importa la decencia cuando lo importante son otras cosas? Algo que, lamentablemente, se da en demasiados ámbitos ha llegado y, por lo visto para quedarse, en mi ámbito profesional. Qué le vamos a hacer. Bueno, toca seguir luchando contra ello, riéndose de los impostores o, lo que les hace más daño, desmontando sus patrañas que están peor construidas que algunas de las viviendas en la época del boom.

No, no todos los que explican ciertas cosas o publicitan otras son como los que he comentado en este post pero... cada vez hay más de estos últimos. O quizás sea sólo que se les ve más.
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Jordi Martí

Docente desconcertado que intenta encontrar su lugar en un mundo que no entiende. O que prefiere no entender.

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