Un desastre profesional sin paliativos

Siguiendo los pasos de un compañero de un centro cercano me he puesto a intentar expresar en algunas líneas mis sensaciones de este trimestre. Haciendo un resumen al principio del artículo, tan sólo puedo destacar el mismo como un desastre profesional sin paliativos. No hay excusas… he sido un docente nefasto. No creo en lo que hago, no creo en el proyecto donde estoy metido y, quizás sea por ello por lo que mi autoevaluación de mi función profesional sea tan crítica y poco agradable.

Siempre he sido una de las personas conscientes de mi exigencia hacia los demás. Exigencia que en justa medida traslado a mi propia persona en mi trabajo. ¿Será ello un error? ¿Tendré que reducir la dosis de exigencia y de autoexigencia? No lo se, pero si todo sigue como hasta ahora tendré que hacer algún tipo de pensamiento para ser más positivo.

Llevo tres meses en un proyecto que no funciona y, como soy el único docente que está llevándolo a cabo, la culpa es exclusivamente mía. Por tanto, ir a trabajar a disgusto y sabiendo que no estás haciendo nada de provecho… cansa y desmoraliza. No creo en salvadores, ni en imposibles y, mucho menos en experimentos fuera de la gaseosa. Pero si en algunos lugares este proyecto funciona (o, al menos externamente dicen que ello es así) la culpa donde no funciona, sólo puede ser de la/s persona/s que lo está/n llevando a cabo.

No voy a esconder la cabeza y decir que la culpa es de otros. De la falta de colaboración, de las pocas palmaditas en la espalda que te dan, etc. porque ello no es así. Nadie tiene que asumir un trabajo que no lleva y, en los centros individualistas de secundaria, cada uno a sacarse las castañas del fuego. Es una decisión personal y todas las actuaciones del aula también. Por tanto, culpable en todo.

Pero ya no se trata sólo del propio proyecto, ya que hay muchos otros detalles que hacen que, a nivel profesional, este primer trimestre haya sido un absoluto desastre:

  • He sido incapaz de llevar a cabo numerosas ideas que tenía en mente y plasmadas en diferentes documentos. No me sirve la excusa de la tipología del alumnado, ya que bien llevados por otro profesional estoy seguro que habría sido mucho mejor y los alumnos lo hubieran aprovechado más
  • No he incentivado ningún tipo de iniciativas relacionadas con las nuevas tecnologías que tanto promulgo en este blog. En el centro, como mucho, he hablado de la posibilidad de colaborar en la realización de una web del centro en condiciones pero, más allá de ello, no he podido (ni he querido) hacer nada
  • Los proyectos se han quedado guardados en algún oscuro y desconocido cajón. No he tenido tiempo ni de preparar el curso sobre alfabetización digital del profesorado en Moodle ni muchos otros temas pendientes de hace más tiempo. Descontrol, descoordinación y una falta enorme de organización y planificación
  • El trabajo final del máster se me ha atragantado. No vale la excusa de que sea un auténtico desastre, ya que el trabajo, que depende de uno mismo, no se ha llevado a cabo en condiciones
  • Imposibilidad de gestionar correctamente el tiempo. Demasiado «picotear» y demasiado poco «ejecutar». Muchas lecturas y mucho autoaprendizaje, pero sin ser capaz de compartirlo y exportar ese conocimiento en condiciones, etc.

En definitiva, totalmente decepcionado de mi rol docente y, a día de hoy totalmente partidario de posiciones positivistas, poco comprometidas y de estancamiento profesional. Supongo que se pasará, pero estoy totalmente decepcionado y defraudado conmigo mismo a nivel profesional.

La escritura de este artículo no trata de hacer terapia. Se trata simple y llanamente de la exposición, lo más objetiva posible, de un período de mi trayectoria profesional.

EDUENTERTAINMENT

Cuando la Educación se convierte en espectáculo

En un contexto en el que el espectáculo educativo está a la orden del día, conviene reflexionar acerca de la implicación de este "eduentertainment" en nuestras aulas.
Jordi Martí

Docente desconcertado que intenta encontrar su lugar en un mundo que no entiende. O que prefiere no entender.

17 Comments
  1. No creo que sea correcto asumir toda la culpa. Estoy seguro de que tus alumnos son unos zoquetes y las posibilidades de éxito en tu proyecto serían muy escasas hasta para Sidney Poitier o Michelle Pfeiffer.
    Ya se que según los pedagogos no existen alumnos malos, pero yo creo que sí. O cuando menos, alumnos maleados por una sociedad que está echa unos zorros. También puede que el problema sea que la escuela no es más que un reflejo de la sociedad. El modelo de educación español es una ruina y así le va a la sociedad española. O al revés, vete a saber.

    De todas formas, los resultados de un proyecto educativo no se pueden ver a los tres meses, igual dentro de un par de años tienes otra perspectiva …

    1. Quizás no sea del todo correcto asumir toda la culpa, pero tampoco renunciar a parte de ella ya que la persona que ha estado al frente de dicho proyecto he sido yo. Por eso, un poco de autoreflexión y de propuestas previas de mejora para el segundo trimestre convienen ser realizadas.

      En referencia a la no existencia de alumnos malos que pronuncian algunas líneas pedagógicas, tan sólo les reto a los mismos que las promulgan desde maravillosas tarimas universitarias que bajen a pie de aula (de las muchas que existen en nuestro país).

      Y, finalmente, sólo comentar que el resultado del proyecto no se puede ver a los tres meses pero sí que puedes intuir sus resultados finales.

  2. Hola Jordi,

    Entonar el «mea culpa» puede estar bien. Lo que ya no me parece tan bien es la exposición que realizas. Echo en falta que menciones alguna cosa que creas que has realizado de forma espontánea y que te haya ido bien. Ser exigente y autoexigente puede causar resultados buenos o resultados como mínimo extravagantes.

    Dudo que tu valoración sea objetiva, y me gustaría poder hablar con tu alumnado para ver qué piensan ellos del profe que tienen.

    No intento de ningún modo animarte, pues no te conozco y no gano nada con ello. No soy ningún buen samaritano. Pero sigo tu blog regularmente y opino que si das las clases la mitad de bien que ejecutas este blog tus alumnos no podrán decir que su profesor no está preparado.

    Otro tema es como te sientas tu de ánimos o fuerzas. No siempre podemos estar a tope. Quizá necesitas vacaciones. (Es mi caso), o quizá el centro en el que estás no es de tu agrado. Pueden ser muchos factores.

    El explicarlo aquí denota claramente que vas a cambiar las cosas y hay que ser valiente para decirlo publicamente. Estoy seguro de que en un breve periodo de tiempo las cosas cambiarán a mejor. Ya te encargarás tu de eso…

    Un saludo 🙂

    1. El propósito del artículo es realizar una exposición, más o menos objetiva (ya se que es difícil ser objetivo en un tema tan personal) de cómo he desarrollado, a nivel profesional, este primer trimestre.

      Quizás las vacaciones ayuden a realizar un pequeño período de reflexión y a descansar para volver con nuevas ideas. Pero, quizás lo que creo que sea más importante, a ver las limitaciones reales autoimpuestas por factores externos.

  3. Este sentimiento que expresas, aunque parezca extraño, es muy común en muchos docentes. El sentimiento de frustracción por intentar realizar proyectos, que en mi caso, en muchas ocasiones solo se quedan en mi cabeza o en documentos que nunca ven la luz en el aula.

    Desde hace tiempo creo que la guerra no se puede ganar, así que te recomiendo ganar pequeñas batallas. Mis proyectos son cada vez más pequeños, con menos ambiciones, pero al menos así consigo llegar a pequeños objetivos. Eso para mi es suficiente.

    1. Llevas toda la razón… «proyectos pequeños y marcarse pequeños objetivos», pero incluso que la realidad y la sensatez te obligue a que ello sea así, siempre intentas en algún momento plantearte la posibilidad (ficticia) de cambiar en mayor medida las cosas.

      Por eso, quizás sea bueno reducir ambiciones o adaptarlas a la realidad de aula de nuestro día a día. Ello, sin dejar unos máximos guardados y preparados por si se tercia la ocasión 😉

  4. Apreciado compañero, tu post me recuerda una cosa que le pasó a mi compañera sentimental:
    Estudiando arte le tocó hacer una pieza cerámica, se puso a «trabajar» el barro para ponerlo a punto, creó su pieza, la modeló, la decoró y la puso en el horno. Cuando la sacaron estaba hecha un montoncito de pedazos de barro cocido.
    El problema no era del todo suyo, vale que aunque tenía muchas ganas y dedicó mucho tiempo le faltava experiencia, pero también fue culpa del material con el que pretendía hacer un objeto.
    En cambio, la siguiente pieza no fue cerámica, fue una estructura de hormigón armado en la que junto al cemento, el agua, la grava y las armaduras puso parte de el material anterior. Esta vez, al desencofrar obtuvo su estructura con formas complejas y capaz de soportar las cargas que acabarían de completar el conjunto.

    Nosotros trabajamos intentando moldear personas y encima en unas edades especialmente complicadas y a veces con unas cargas emocionales especialmente duras, es complicado y hace falta mucha voluntad, inspiración, vocación y apoyo. Un proyecto de atención a la diversidad NO lo puede ejecutar un equipo de UNA persona, por capaz que sea, debe ser un equipo bien coordinado y con un pequeño número de objetivos bien definidos y debe contarse con el apoyo y la implicación de las familias.
    Sinó, otra cosa es otra cosa por mucho que se empeñen en llamarlo como quieran.

    Un abraço 😉

  5. No se exactamente ne que proyecto trabajas, pero veo dos cosas
    1) «El picoteo» es propio de los tiempos actuales, hay tantas cosas que se puede uno dispersar sin llegar a ningún sitio. Esto es en parte lo que le ocurre a nuestros alumnos.
    2) Cuando era más joven quería hacer muchas cosas y cambiarlo todo de golpe, y vino un viejo maestro, viejo profesor de universidad y gran profesor de secundaria y me dice «chico tienes razón en todo, pero si quieres conseguir algo, vete despacio»
    Suerte y ánimo.

    1. Hacer las cosas despacio es lo recomendable pero ello no obsta a que en algún momento nos planteemos la posibilidad de un cambio rápido (situación irreal, ya que en muchos casos depende de muchos más factores que de uno mismo).

      En mi caso, puedo hacer más… pero quizás de otra manera más pausada y realista.

    1. No es cuestión de TICs, ya que el apartado de desmoralización con las mismas es lo que menos me preocupa. Lo que me preocupa realmente es la situación del día a día en el aula, y la poca respuesta recibida a los pequeños proyectos que se han realizado (o irrealizado) por parte de los alumnos.

  6. No sé cuál es tu proyecto ni siquiera qué edades de alumnos manejas, pero te contaré mi experiencia de este curso por si te consuela.

    Empecé con energía e ilusión un nuevo proyecto con dos clases. Cierto es que una era un ciclo de Grado Medio y otra de Grado Superior, que debería marcar una diferencia; pero en ambos casos tienen una edad suficiente y están aquí porque tienen una orientación profesional y se supone que un estímulo extra por aprender ¿?

    Yo soy la misma, el proyecto el mismo (aunque simplificado para los más pequeños)y las actividades semejantes… ¡¡pues aún dudo a veces de si debo dar marcha atrás con los pequeños!! ¿cómo puedo tener resultados tan diferentes?

    El grupo de Grado Superior es feliz, están enganchado, amplifican mis esfuerzos y mi energía y están disfrutando muchísimo… los de Grado Medio, un tercio de la clase está enganchado y no querría cambiar el método, los otros 20, no tienen interés por nada, nada les importa y preferirían MIL VECES que volviera a la clase tradicional de apuntes-examen… porque les parece lo más barato en el sentido del esfuerzo. No quieren aprender, quieren sacarse un título con el menor desgaste posible.

    ¿Soy yo? ¿Es esa clase? ¿es el proyecto? ¿por qué funciona para unos y para los otros no? No tengo la respuesta… pero sé que no soy yo, y estoy segura de que no es el proyecto, porque está funcionando en otro grupo de una manera que supera con creces mis expectativas. Es el grupo de alumnos que ha llegado mal orientado o «rebotado», que está allí por no decir en su casa que se quieren marchar, que no les gusta lo que estudian y que tampoco saben qué quieren hacer con sus vidas y, mientras, calientan la silla, ocupan una plaza de alguien que sí estaría interesado en aprender y desmotivan a los 11 compañeros ilusionados y a mí…

    Quizá no es culpa tuya, sí que hay alumnos difíciles y desmotivados…

    1. Buena reflexión la tuya, Laura. Yo también doy clase en ciclos de grado medio y superior y me ocurre algo similar. Aunque algunos alumnos responden muy bien y se motivan, otros no están de acuerdo con mis métodos de convertir la clase en el «departamento de investigación de una empresa». Para investigar hay que pensar y el esfuerzo intelectual a algunos les cansa mucho. Prefieren estudiarse unos ejercicios prototipo el día antes del examen.
      La verdad es que el sistema está podrido desde la raíz y uno se da cuenta de que hay formas de aprender y enseñar mucho más válidas fuera de la formación reglada.
      Tal vez lo mejor sea emprender proyectos educativos fuera del sistema, con gente que realmente necesita y quiere aprender.

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