Un ejercicio de introspección dominical

Hoy, por segunda semana consecutiva voy a quedarme sin paella dominical. La semana pasada por motivos de unas pruebas que impedían específicamente comer arroz veinticuatro horas antes de las mismas y hoy, por desgracia, por culpa de un trancazo adquirido en mi vuelta al curro después de un par de meses de recuperación postoperatoria. Y, por ello, me apetece hacer un ejercicio de introspección. Bueno, más bien intentar decir ciertas cosas en las que creo que, seguramente, en un futuro matizaré (o, en ocasiones, puedo llegar a variar en mi postura) porque, al final, evolucionar es sano. Más aún si uno lo hace de forma autónoma y no por necesidades de caer más o menos bien o, como ya empieza a ser habitual en algunos compañeros de profesión, poder sacar más réditos a nivel económico, de ciertas cosas. No olvidemos que lo mismo está sucediendo con algunos blogs de docentes que, por lo visto llegados a los objetivos iniciales de los mismos, han dejado de ser actualizados. Prefiero no dar ejemplos pero, al final, es que todos nos acabamos conociendo. Especialmente si pasamos parte de nuestro tiempo en alguna de esas redes sociales en las que algunos nos lo pasamos aún muy bien. Y aprendemos y todo.

Fuente: ShutterStock

En primer lugar me gustaría comentar que será imposible la mejora educativa sin tener claras tres premisas fundamentales: inversión adecuada (en reducción de ratios, personal e infraestructuras), decretos educativos que cuenten con la opinión de los docentes (ya no hablo de leyes porque, quizás, lo que necesitamos es más legislación tipo micro que a nivel macro) y, finalmente, una evaluación de todo el sistema educativo. No estoy hablando de esa evaluación que algunos planifican solo de parte, ni de esas noticias interesadas para evaluar a los docentes basándonos en su capacidad de gestionar sus emociones o implicación vocacional. Estoy hablando de otra cosa que creo que no debo ampliar porque, al final, es lo que surge al poco que a alguien le interese ver.

Otro tema clave es evitar la segregación del alumnado, controlar por parte de la administración TODOS los centros educativos que se subvencionen con dinero público, establecer un sistema de acceso a la docencia único para centros públicos y privados-concertados y plantearse, con la ayuda de los docentes de Magisterio, cómo podría cambiarse ese modelo para que fuera mejor para las aulas en las cuales han de ejercer en un futuro sus alumnos. Y no estoy hablando de innovación. Estoy hablando de un diseño con mucho sentido común, profesionalidad y ahondando en las necesidades reales que se va a tener como maestro. ¿Y para los de Secundaria? Eliminar el máster actual y establecer un modelo público a coste cero de formación, previa la realización de una prueba común (en la que debería plasmarse competencia digital, competencia en lectoescritura y cultura general) que permitiera a algunos alumnos, procedentes de determinadas carreras, obtener dicha acreditación. ¿Podríamos eliminar las oposiciones actuales si hacemos este filtro previo? Pues podría ser pero se habría de implantar muy bien esa prueba inicial para el acceso a ese máster. Un máster que, por cierto, debería permitir adquirir conocimientos científicos y didácticos de las materias que se van a impartir en las aulas. ¿Es un MIR docente lo que planteo? Creo que no porque tengo claro que este máster debería ser realizado fuera del aula y entrando en la misma solo para un período de prácticas concreto (que debería realizarse en varios centros educativos con diferente casuística y mientras el alumno está cobrando).

Eliminar asignaturas en Primaria, potenciar la existencia de personal de apoyo en las etapas iniciales del aprendizaje (especialmente Infantil y primeros cursos de Primaria), creación de un banco de recursos públicos para todas las etapas, que permitiera a los docentes tener un lugar fácil y bien taxonomizado donde buscar y potenciar la autonomía de centro con una correcta inversión al margen del número de alumnos que se tengan. Apoyar todos los proyectos educativos que se presenten con base sólida (no vale esos copiar y pegar que tanto se realizan para conseguir subvenciones) y permitir algo que es clave para la mejora de la praxis educativa: la formación del profesorado y la posibilidad de que dicha formación consista en irse a otros centros educativos a ver cómo se trabaja. Alejarse claro está de tirar dinero en formación en ciertas cosas o en herramientas porque, al final, la metodología siempre va a ser la clave. Bueno, la metodología y la mejora en ciertos aspectos de la asignatura que uno imparta a nivel de saberes. Un ejemplo para entenderlo… docentes de Geografía e Historia a los que se les paga formación para visitar museos y contar con expertos para que les expliquen ciertas obras de arte. Mucho más útil que, pongamos por ejemplo, un curso de senderismo o de cata de vinos (que, por cierto, existen y hay profesores de dicha especialidad que los han cursado).

Eliminar el bilingüismo en lenguas extranjeras (si tan bueno fuera el modelo, en Francia lo usarían o en Inglaterra harían lo mismo con el castellano, chino o alemán y no es así), potenciar el uso de la lengua materna o de contexto en el aprendizaje y, lo que es más importante, intentar establecer un sistema que permita que nuestros alumnos, para aprender uno de esos idiomas tan potentes (léase inglés, francés, alemán, etc.) tuvieran la oportunidad de cursar gratuitamente parte de sus estudios en uno de esos países. No solo las familias que pueden permitírselo. Todos. Antes de eso también tocaría hablar con los docentes de lenguas extranjeras y ver qué necesitan para mejorar la capacitación de sus alumnos. Que algo sabrán porque sé de buena tinta que a ellos tampoco les gusta el modelo en el cual están dando clase. Quizás la clave sea la reducción de grupos, el aumento de lo oral frente a la gramática o, simplemente, establecer medidas como no doblar las películas en versión original. Eso sí, por favor, preguntadles a esos docentes.

Dejar de lado los debates acerca de los deberes, estándares o competencias clave, para centrarse en el sentido común. Las notas deben ser una herramienta que permita de forma fácil saber qué necesitan mejorar los alumnos. Más tiempo de coordinación entre docentes es clave. Si no se quiere coordinar el personal, obligar a que lo hagan. Si conviene crear una figura de «inspector pedagógico» se crea. Y que se pase por los centros. De paso que se dedique a detectar las actividades formativas que necesitan para mejorar. Ya veis que con la existencia de esta figura nos podemos cargar las asesorías. No todas las medidas son más caras de las que existen actualmente. Lo del banco de materiales o la creación de recursos libres por parte de docentes, también es mucho más barato que lo que nos cuesta el programa de reutilización de libros de texto o las subvenciones a material escolar. Un detalle, todos los materiales que usan los alumnos en etapas obligatorias (siempre y cuando no los pierdan o los destrocen) deberían ser gratuitos. También debería serlo el comedor escolar. Es parte de la educación y del propio sistema.

Potenciar los Consejos Escolares, la asistencia de las familias a ciertas reuniones (¿podría obligarse a ello?) o, simplemente, el tener un modelo en el cual se especificaran cuáles son los deberes de toda la comunidad educativa. Sí, por ser padres, no se excluye la necesidad de derivar toda la responsabilidad a la escuela. No sé si me explico muy bien pero podéis intuir fácilmente a qué me refiero. ¿Por qué no aprovechar medidas para la conciliación laboral si nos ponemos a reestructurar el sistema educativo? Ahí lo dejo.

También pido un sistema de control de determinadas cosas que se están «vendiendo» como maravillosas, dejarse de promesas educativas y solo hablar de hechos realizados o en fase de realización, gestión por oposición libre de un sistema de asesores a los políticos que la gestionan al margen de los partidos políticos y, al final, mucho trabajo por parte de todos los implicados. Lo anterior no se llama vocación, se llama implicación. Una implicación que también debe permitir la existencia de vida más allá del trabajo o de la educación porque, al final, tanto docentes, como alumnos, como padres, como políticos del ramo, tienen (y mejor que tengan) vida fuera de lo anterior.

Ya habéis visto que me he dejado en el tintero la necesidad de dejar de agrupar a nuestros alumnos por su edad fisiológica, la reducción necesaria de asignaturas (especialmente en las etapas iniciales), el modelo de FP con una reestructuración del mismo, inversión y rediseño absoluto, la necesidad de que la Universidad se integre dentro del sistema educativo (no tiene ningún sentido hablar de un Ministerio de Educación que no tenga control sobre ella), lo absurdo que es tener tantos sistemas de gestión educativa como Comunidades Autónomas, la necesidad de incorporar a los Ayuntamientos en los proyectos educativos (también en Secundaria) y un largo etcétera de cuestiones que, si os apetece, podemos discutir cuando queráis. Hay posibilidad de debatirlo en las redes o dejar un comentario a continuación. Lo sé, es domingo pero hace frío y seguro que a más de uno le apetece estar calentito en casa, debatiendo por encima de sus posibilidades 😉

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Jordi Martí

Docente desconcertado que intenta encontrar su lugar en un mundo que no entiende. O que prefiere no entender.

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