Un mes de curso (por decir algo)

No tenía muy claro si escribir un artículo sobre mi primer mes en el aula, pero son tantas las cuestiones que me planteo y tanto el desconcierto que me embarga que no puedo hacer más que compartirlo con vosotros. En primer lugar me gustaría centrar un poco la historia, real aunque increíble. Después de un año alejado de las aulas me incorporo a un «programa de innovación» en la Comunidad Valenciana para prevenir el absentismo y abandono escolar… supongo que debieron pensar que estaba pensado para que el único que abandonara fuera el docente a cargo.

Pues bien, ni corto ni perezoso me pongo a diseñar un proyecto para el programa, que incorporaba su pertinente blog y, preparo con ilusión un proyecto que, sinceramente, me apetecía dar. Pues bien, la primera sorpresa me viene de la mano de las infraestructuras del propio centro, sin posibilidad de disponer de conexión a internet en el aula (ya que, el precioso centro recién inaugurado hace un par de años no tenía wifi). No pasa nada… opción B (ya es la costumbre en la Comunidad Valenciana…o al menos en los centros que me ha tocado dar clase).

El proyecto lo diseño en base a mi ámbito (el científico-tecnológico) y, con la posibilidad de añadir el material que me pasen los otros docentes que intervengan en el mismo. Craso error… ¡estoy solo!. Bueno, ello no es del todo cierto porque existe la «promesa» que el Ayuntamiento nos enviará un profesional que colaborará en el mismo. A día de hoy, promesas. La realidad, es que el humilde servidor que escribe se encuentra impartiendo la totalidad de sus horas lectivas con el alumnado y, el resto de las horas están sometidos a una guardería permanente. Desmotivar a los desmotivados es demasiado fácil, y esto no ayuda mucho.

A lo anterior, añadamos la inexistencia de ningún docente de ámbitos lingüísticos, de educación física o visual y plástica u orientadores que se vayan a incorporar al mismo. Curioso, triste y, ¿por qué no decirlo? Patético. Y más cuando en la normativa nos habla de que «el perfil del profesorado es de gran importancia para este programa y, que el mismo será seleccionado preferentemente entre los funcionarios definitivos del centro«. Ni definitivos ni leches… el «nuevo» que se lo coma (con o sin patatas). Eso sí, la coordinación en manos de un definitivo que, incluso que no intervenga en la docencia, seguro que lo agradece.

Es decir, un recién llegado, desconocedor del centro y de la problemática del alumnado que tiene en su aula se encuentra con la dura realidad. Alumnado desmotivado, absentista y «de última oportunidad» al cual se le están dando todas las oportunidades mediante un proyecto «en el cual el centro está muy implicado» y, por ello se lo han dado al que acaba de llegar. Para reflexionar.

A propósito, madrileños, también doy ámbitos lingüísticos, sociales, visuales y de lo que me echen porque soy «válido para todo», aunque para nada me pueda aprovechar. ¿Por qué no me habilitan para todo ello si tan capaz soy?

Con todo lo anterior, iluso de mi, no se me ocurre nada más que convocar una reunión con el profesorado que «actúa de apoyo para el programa», el cual no tiene horas lectivas para ello y, al cual las permanencias han decidido cambiarse de nombre por AC (AC, PP, RIP), para pedir ayuda y poder montar proyectos interdisciplinares para trabajar en el aula. Uff… eso de los proyectos interdisciplinares provoca demasiados rebufos (aunque no generalicemos). Ya lo pongo fácil y, intento reducir esos uffs por algún tipo de ayuda y les digo «que sólo necesito colaboración para montarlo y que la idea es que me vayan pasando ideas y yo las ensamble para ofrecerlas a los alumnos». Los uffs disminuyen.

Sigo hablando de que hemos de cambiar de estrategias. Que con esos alumnos, rebotados del sistema tradicional y absentistas por devoción, tenemos que montar cosas nuevas, diferentes Probar, que eso no es malo. Me ofrecen libros. Nada que decir, poco que comentar.

Las guardias de las horas del que falta. Redistribución de alumnos en diferentes aulas. Me pongo duro, comento que es un proyecto, que necesitan sentirse como proyecto. Me enfado, me enfado, me entristezco.

Unos chavales con sus problemas y sus bondades, desmotivados, sin habilidades sociales ni personales, sin expectativas. Y a ellos, esto. Sólo me queda escribir y llorar.

EDUENTERTAINMENT

Cuando la Educación se convierte en espectáculo

En un contexto en el que el espectáculo educativo está a la orden del día, conviene reflexionar acerca de la implicación de este "eduentertainment" en nuestras aulas.
Jordi Martí

Docente desconcertado que intenta encontrar su lugar en un mundo que no entiende. O que prefiere no entender.

9 Comments
  1. Si te sirve de consuelo, que ya sé que no, yo no puedo ni escribir. Primer mes descorazonador por motivos varios, en tu caso y en el mío. Estoy empezando a pensar que se contagia la desesperanza… y sin embargo, hay que animarse y mirar adelante, buscar modos de seguir, de conseguir lo que uno sabe que es bueno para ellos.
    Que cuesta… que a veces es casi imposible… pero hay que intentarlo, siempre. Un abrazo solidario, compañero.

    1. Por suerte Isabel lo de escribir, a veces, me sirve de terapía y vacuna contra situaciones con las que esperaba no encontrarme jamás. Y, en referencia a la desesperanza… por suerte casi siempre es temporal y hay cosas que te ayudan a tirar para adelante.

      Un gran abrazo de vuelta.

  2. Un caso que desgraciadamente es muy común , desmoraliza aunque no creo que te frene, te queda claro que solo dependes de ti pues adelante los chic@s se merecen lo mejor de ti y la eduación no son los compañeros ni el sistema, educación son los alumnos que tenemos delante.

    Ànimos los que realmente llegaran a agradecer algo de lo que hagas van a ser tus alumnos el resto cada cual con su conciencia,

    1. Eso siempre, aunque si tienes que luchar por partida doble (con los elementos y con los que tienes que «educar»), la lucha se convierte en demasiado titánica y desigual para sacar nada positivo.

      Aunque la esperanza sigue, a día de hoy, intacta 😉

  3. El año pasado hicimos algo parecido, para alumnado de 1º de ESO, con apoyo del Equipo Directivo, con el objetivo de dar una respuesta adecuada a aquellos con niveles curriculare muy muy bajos. No todo el profesorado se implica, pero eso seguro que no te desgasta, aunque te cabrea. Al final lo que más me pudo enfadar es que todo el mundo criticara la experiencia y pasaran de valorarla respecto a lo que supuso no tener en ciertos momentos a ese alumnado en su aula, que yo, orientadora, asumiera horas de docencia de forma voluntaria (que por lo general no tenemos aquí en Navarra), que tuviese la tutoría compartida y toda la comunicación con las familias la llevara a cabo yo…
    Las ganancias: logré que familias de alumnado gitano vinieran al centro siempre que les llamamos, cosa que antes no hacían; cambiamos los mensajes con algunos padres, tornaron en más positivos, con lo que logramos mayor implicación… bueno que más te voy a contar que no sepas… pero sí, en alguna ocasión, solo en alguna uno se quema, aunque pasa como con los hijos, te dan más alegrías que penas.
    ANIMO.

    1. Comentario positivo y, como muy bien comentas, el resultado final y las sensaciones que te quedan (buenas o malas) es lo que importa.

      Y, por suerte en mi caso, los compañeros apoyan el Proyecto (aunque la inmensa mayoría sea desde la distancia).

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Cuando la Educación se convierte en espectáculo

En un contexto en el que el espectáculo educativo está a la orden del día, conviene reflexionar acerca de la implicación de este "eduentertainment" en nuestras aulas.
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