Un mes en el lado gris

Desde hace un mes me he pasado al lado osc…gris. Digo gris con toda la intención del mundo porque, al final, ha resultado menos negro de lo que me pensaba y, menos blanco de lo que me gustaría que fuera. Hay plaga de grises. De grises, de políticos y decisiones contradictorias. Decisiones políticas me refiero. Las cuestiones técnicas se llevan a cabo con profesionalidad porque, por suerte, la población de personas capaces es similar a las que nos podemos encontrar en un centro educativo. Bueno, depende del servicio concreto pero, por los que he ido viendo, más o menos, salvo excepciones que obviaré comentar por motivos obvios, el porcentaje es parecido.

Fuente: ShutterStock

Yo no encajo. Me he dado cuenta que, a pesar de tener grandes compañeros y profesionales, amén de un jefe fantástico (aunque hasta arriba de trabajo), no es mi hábitat natural. No sé programar. No tengo ni idea de procesos informáticos. No estoy capacitado de lidiar con determinadas cuestiones aunque el proyecto, en el que estoy metido con compañeros de otros servicios, tenga más de planificación que de ejecución. Me siento raro. La sensación es muy extraña pero muy diferente a la que he sentido este fin de semana en las Jornadas que había ayudado a organizar o, simplemente, en el aula. Bueno, extrapolando más allá, diría que en mi centro educativo. Bueno, en los que he estado. No es lo mío y prefiero hacer algo que se me puede dar mejor. Por cierto, que nadie confunda esto con un alegato acerca de mi profesionalidad como docente. Sé que intento hacerlo lo mejor posible pero, más allá de eso, soy uno de tantos miles que hacemos lo mismo con resultados, no siempre, los que nos gustaría.

Sobran políticos y faltan funcionarios en mi Conselleria. No lo intuyo, lo sé. Tengo claro que solo desde la política se pueden trazar las líneas marco en Educación pero, también sé lo importante que es el dejar hacer, dejarse asesorar bien y respetar a quienes están al pie del cañón lidiando con los problemas que les llegan de los centros educativos. Un detalle, el nivel de competencia digital de algunos responsables de centros educativos es de traca. Estos días he redactado un manual para hacer un trámite, todo muy detallado y con grandes marcas que dicen «pulsad aquí» y, estoy convencido de que algunos van a llamar por no saber qué es lo que tienen que marcar. Pero eso es competencia digital del profesorado y va por otro camino.

La Conselleria es un barco que no se hunde por el trabajo de los profesionales que hay ahí. Al igual que sucede en los centros educativos. Claro que hay responsables políticos que saben y se dejan asesorar pero, por lo que llevo viendo, son los menos. Muchas ideas de brillantina, necesidad de publicar imperiosamente en los medios y actos patrocinados por entidades bancarias. Bueno, ya si queréis hablo de los contratos millonarios para llevar a cabo determinadas cosas. A mí lo de ir contando millones para hacer chapuzas se me escapa. Más aún cuando después determinadas empresas siguen poniendo la mano porque dicen que «eso no estaba en el contrato».

Estoy seguro que defraudo a más de uno con esto pero, sinceramente, es que tengo mucho morro y entro en muchos sitios sin pedir demasiado permiso. Eso sí, lo que he descubierto es que hay puertas que mejor no traspasar porque hay lugares en la administración muy inhóspitos. Bueno, inhóspitos para todos aquellos que tengamos un sexto sentido.

Ni mi incoherencia se salva. Son muchas horas, mucho tiempo en el que no tengo nada claro qué hacer, mucho trabajo que no tengo claro por donde empezar o continuar. En definitiva, lo que se llama administración educativa. Creo que la peor, a nivel de funcionamiento, de todas las que existen. Y no hablo solo por la que he recalado.

Sí, soy un idealista. La realidad me puede pero, como dice mi mujer, sin utopías, la humanidad aún viviría con grilletes.

Dedico este post a mi compañero de fatigas. No sé ni si sabe que tengo este blog, pero me apetece dedicárselo.
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Cuando la Educación se convierte en espectáculo

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Jordi Martí

Docente desconcertado que intenta encontrar su lugar en un mundo que no entiende. O que prefiere no entender.

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