Una de opiniones PERSONALES

Con la cabeza un poco más fría que ayer y, después de haber descansado un poco de lo que ha supuesto estos días de organización o, simplemente, colaboración como parte de un equipo fantástico de amigos, toca escribir algo más allá de las gracias que ya os di ayer a todos. He querido remarcar en el título el tema «personales» porque asumo toda la responsabilidad, como hago siempre, de todo lo que digo, hago u omito. Sí, hay cosas que creo que debo contar. Hay detalles que quiero deciros. Hay cosas que, más allá de lo bonitas que son ciertas cosas (al menos desde fuera), conviene plantearse. Con independencia de que algo haya sido o no un éxito. Y creo, hablándolo con ponentes y asistentes, que lo que ha sucedido en mi ciudad estos días ha sido un éxito.

Fuente: ShutterStock

Conseguir doscientas personas para unas Jornadas educativas es un éxito. Encontrarte que la mayoría de esas personas hayan sido de fuera de mi Comunidad de adopción, un fracaso. No es querer ser localista pero que, para unas Jornadas de este tipo, con una intención primigenia de si se volvían a repetir, lo hicieran bajo el mismo formato y amparadas por la misma administración, nos hayamos encontrado con lo anterior da qué pensar. Y yo, los que me conocen, saben que pienso mucho. Demasiado. Ojalá pudiera no hacerlo pero no puedo. Algo ha fallado. Algo chirría en ese éxito relativizado por esa situación. No ha habido comunicación. No ha habido intención de cuajar el asunto. Quizás el modelo (y no me refiero a las personas en ningún momento) de la administración educativa valenciana sea algo tan obsoleto que ha lastrado esa posibilidad. Muchos no se han enterado. Ha habido problemas con la inscripción (el tema de la administración electrónica por aquí es de traca y el modelo tecnológico que sustenta los cursos de formación… uf). Se han enviado correos contradictorios. A veces, ni tan solo se han enviado esos correos. Por cierto, por mucho que se me haya escuchado decir ciertas cosas estos días, más por cansancio que por otra cosa, quiero no personalizar lo anterior. Cada uno asume su rol en las cosas. Y hay roles que no permiten hacer otras cosas. Sí, así funciona la pública. No funciona porque no la dejan, por los procesos, por la falta de eficacia, porque, a pesar de tener grandes profesionales, la administración funciona como pollo sin cabeza. Creo que nos entendemos.

Más allá de la administración decimonónica existe otro tema que me ha preocupado estos días. Los que me seguís sabéis que soy muy poco de nombres y mucho de colectivos pero, algo que me ha llamado la atención es la necesidad de muchos de personalizar la organización en mi persona. NO, las Jornadas es cosa de cuatro. Cuatro docentes que ni somos mejores ni peores que los que habéis venido ni los que, por determinados motivos, no lo habéis hecho. Tener más o menos seguidores en las redes no hace que nadie sea mejor que los demás. Estoy un poco cansado de ver como en las redes algunos obvian a Raul, Óscar o Salva. No tengo nada que ver en el éxito del asunto. Ha sido algo coral. Y no solo por parte de los tres que estoy mencionando antes. Lo he hablado con mis compañeros. Claro que quizás tengo más visibilidad que ellos a nivel redes pero, sinceramente, ello no conlleva NADA. Lo reitero con mayúsculas porque no pinto nada más allá de haber intentado ayudaros a los que habéis venido lo máximo posible. No es mi equipo. No es algo individual. Si esto ha salido como ha salido ha sido gracias a todos. No me molesta firmar camisetas pero sí lo que se esconde tras esa firma de camisetas. Lo mismo que tanto denuncio siempre. No hay docentes estrella. No los hay. Nunca los ha habido ni nunca los habrá. Además, en mi caso, este año aporto menos que nada al tema. Bueno, algo intento hacer o intentaré en ese tiempo, con límite marcado, que esté en la administración como «desertor».

Voy a decir más cosas de las Jornadas. Los organizadores hemos palmado dinero. Mucho dinero porque queríamos hacer las cosas de una manera y las circunstancias nos lo han hecho hacer así. Muy relacionado con el tema de cómo funcionan las cosas en la administración pública. Y reitero que no es culpa de las personas y sí de un modelo de funcionamiento arcaico. La innovación pasa por innovar la administración. Quizás por derruirla y empezar de nuevo. Quizás por ponerse a modernizarla pensando en las necesidades de los alumnos. He dicho de los alumnos. Un detalle, como mejores sean las condiciones de los trabajadores, mejores van a ser los aprendizajes de los alumnos. La evidencia es apabullante. Lo es y no admite réplica. La verdad es que en esta opinión no admito réplica porque las opiniones son algo muy personales.

A propósito, ¿qué sentido tiene que determinados personajes se dediquen de forma, más o menos directa, a hundir unas determinadas Jornadas educativas? ¿De verdad vale la pena no cuestionar las ponencias y talleres y ponerse a cuestionar las Jornadas porque no se organizan de una determinada manera, se puede meter mano en las mismas o ponerse la medalla? Hasta los mismísimo de medallas, premios y regodeos. Algo que no implica no poder cuestionar las temáticas. Claro que uno se puede ciscar en evidencias como yo puedo hacerlo con el flipped pero, de ahí a ir usando malas artes para hablar con determinadas personas, con determinado poder de decisión, para que sean un fracaso, va un largo trecho. Muy largo.

Tengo claro que prefiero hacer que no hacer. Tengo claro que hay cosas que convienen desmitificar de personas y lugares. Hay motivos para la esperanza pero también para desgañitarse por todo lo que falta por hacer. No hay soluciones milagrosas. No hay límites imposibles. No hay, por suerte, nada que no pueda vadearse. Lo importante es querer hacerlo y tener claro para qué. Más allá de eso poco se puede hacer. Bueno, seguir luchando, desde dentro o desde fuera, para que sucedan ciertas cosas. Despacio, muy despacio. Lo importante es no desfallecer. Y, en mi caso, si los hados no lo remedian, me queda cuerda para rato.

No, no son unas reflexiones en caliente. Son reflexiones muy meditadas que no proceden de ningún calentón y con el cansancio, prácticamente, desaparecido.

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Cuando la Educación se convierte en espectáculo

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Jordi Martí

Docente desconcertado que intenta encontrar su lugar en un mundo que no entiende. O que prefiere no entender.

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