Una eduhistoria ficticia

Conviene determinar que, todo lo que va a ser publicado en las siguientes líneas, es fruto de la imaginación calenturienta de quien escribe y, por ello, cualquier posibilidad de acercarse, ni aunque sea remotamente a la realidad, es algo matemáticamente imposible. Ni el centro educativo existe, ni su metodología tampoco y, aún mucho menos, las directrices en su funcionamiento y organización que se plantean en las siguientes líneas.

Fuente: http://www.revestida.com
Fuente: http://www.revestida.com

Supongamos que existe un centro educativo, subvencionado con dinero público que, últimamente, está siendo mediatizado continuamente por parte de determinados medios de comunicación muy relacionados con la organización que hay detrás del mismo. Hagamos un alarde de imaginación y extrapolemos una nueva teoría pedagógica que aúne modernidad mal entendida y, cómo no, algunos vocablos que permitan sentirse moderno en esto del vocabulario educativo. Vendamos, también a los padres y al resto de docentes -esos que dan clase en escuelas pobretonas y heterogéneas- las bondades de un producto educativo sin par. Eso sí, garanticémonos previamente la afición del público y mintamos alegremente cuando nos pregunten si dicho método educativo va a conllevar un mejor aprendizaje de los chavales. Usemos informes sesgados, llenemos las charlas de «convencidos» a bajo coste y pidamos a aquellos dirigentes políticos que usen nuestros servicios con sus hijos un apoyo incondicional al proyecto. Sí, ya hemos atravesado la primera fase. Los primeros resentimientos se convierten en un mecanismo de sociabilización arcana de la ideología. Nadie mira en el interior del proyecto. Nadie se plantea los oscuros intereses que, tras este desembarco ideológico, puedan existir. Punto y casi partido.

Hagamos otra cosa aún más interesante. Obliguemos a los docentes que tenemos a que, sí o sí, se incorporen en el proyecto. Que todos son ex alumnos del centro o familiares de la organización. O el proyecto, o la puerta. Bueno, como mínimo, en el par de casos que no podemos tocar porque sus relaciones familiares son muy potentes, les dejaremos seguir impartiendo etapas donde no vamos a hacer experimentos sin gaseosa. Entonces el ruido se difumina. No hay nada mejor que la amenaza para conseguir un equipo unido. Qué ventaja ser un centro privado. Qué maravilla poder pegar una patada a docentes a los que tenemos comiendo de la mano. Qué bonito es que no tengan ningún derecho y sus jornadas laborales sean interminables. Ojalá fuéramos como China pero, por desgracia, aquí lo único que piden esos docentes de la pública y algún infiltrado que tenemos por aquí son derechos laborales y sociales. Qué asco de gentuza.

Lo anterior relacionémoslo con una campaña de desprestigio a los docentes de la pública. Sí, esos vagos que, por desgracia, han competido en un procedimiento transparente y meritocrático para conseguir una plaza laboral. Bueno, qué les dén. Ya estamos procurando quedarnos con las familias de clase media. Total, al final, si no se invierte en la pública (cosa que conseguimos con nuestras relaciones), van a ser por inercia reconvertidos en centros asistenciales. Bueno, y si conviene hacemos un dumping temporal. Bajamos precios de cuotas obligatorias ahora que el asunto económico está sensible y subvencionamos los costes extras con mordidas a nuestra organización. Qué la organización tiene mucho dinero. Qué hay una caja B de caridad incorporada en la propia ideología del asunto porque, ¿alguien se cree realmente que sobrevivimos de limosnas y hemos perdurado tanto en el tiempo sin pasta? Qué iluso el personal.

Ya tenemos la telaraña. Ahora, una vez vendido el proyecto untemos a alguno de esos directores generales del cotarro educativo. Si podemos llegar a lo más alto, mejor. No hay nada como tener a alguien afín que dirija el entramado educativo. Qué de reditos. Qué de maravillas que se nos va a otorgar si le hemos modelado en nuestro sistema. Que mientras unos sigan clamando por la eliminación de la religión no están viendo la ideología que subyace tras todo el asunto. Además, ya nos mienten incluso cuando publican nuestros datos. Bueno, incluso que no mientan por tener a funcionarios trabajando en ellos, ya los maquillan para que no se vea la realidad del tema.

Por cierto, a aquellos panolis que se creen que unos montan un diseño educativo para mejorar el aprendizaje de los alumnos, les deseamos que se lo crean mucho tiempo más porque, sabéis qué, nos estáis haciendo una campaña redonda, muy redonda.

Una historia ficticia, sobre un centro educativo que no existe, en un país donde la educación pública se defiende a capa y espada por los poderes políticos que la gestionan. Disculpad el redactado de la historieta pero, la verdad es que, por desgracia, sigue dándoseme muy mal escribir sobre ficción educativa (o sobre cualquier otra cosa).

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Jordi Martí

Docente desconcertado que intenta encontrar su lugar en un mundo que no entiende. O que prefiere no entender.

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