¿Vale la pena seguir insistiendo en lo mismo?

En las redes sociales gana por goleada el chachipirulismo educativo. Cada vez son más los que se retroalimentan dentro de la pertenencia en un determinado grupo. No hay ganas de debate porque, sinceramente, el debate es malo para las convicciones de algunos que no pretenden nunca cuestionarlas. Se buscan enemigos personales en todo debate profesional y, al final, todo intento de cuestionar ciertas cosas acaba convirtiéndose en algo parecido a la búsqueda de enemigos y, a sacar en la conversación cosas que nada tienen que ver con la conversación primigenia.

Fuente: Pixabay

Ayer se publicó de nuevo el listado de unos premios que otorga una organización bancaria. ¿Vale la pena seguir insistiendo en la preocupación que me supone lo anterior? ¿Es necesario cuestionar esos premios para llevarte, de nuevo, ataques personalizados de algunos que no entienden que la crítica no va con ellos y sí con el modelo que supone la proliferación de determinados premios educativos? La verdad es que no tengo claro si merece seguir insistiendo en el asunto. Además, ¿por qué no dejar ser felices a los que se lo pasan bien aplaudiendo la cantidad de «amiguetes» que han sido nominados? Ellos no van a cambiar de opinión. Pues para qué insistir.

Lo mismo para todos aquellos que se centran en las formas y no en el fondo de lo que escribo. No es cuestión de dar miel para conseguir beneficios posteriores. Hay cuestiones que claman al cielo pero, al final, muchos se quedan con las formas, con el taco intercalado o, simplemente, con el nombre que hay detrás del teclado. Buscando algún hueco para no debatir de lo necesario. Y así todo acaba convirtiéndose en un juego. Un juego en el que, por desgracia, siempre acaba perdiendo el sentido común. Bueno, seamos sinceros, lo de las redes sociales para debates profundos sin sesgos ideológicos, tiene muchas limitaciones. Más aún en algunas donde prima la inmediatez, el olvido rápido y la necesidad perentoria de algunos de «petarlo» en las mismas. Algunos cuentan los tuits en función del número de retuits y los seguidores como algo imprescindible. Lo mismo en Facebook. Diseños personalizados de estrategias dirigidas a mejorar la visibilidad.

Tampoco vale la pena, por lo que estoy viendo, un debate basado en investigaciones educativas. Muchos se creen que las inteligencias múltiples existen, que la neuroeducación es una ciencia contrastada o, simplemente, que la clase magistral es aquello que han elaborado en su cabeza con una lista de los Reyes Godos que nadie hemos estudiado nunca. Bueno, también hay amantes de metodologías únicas que adaptan a sus alumnos a las mismas. Eso siempre sumándose a las últimas novedades que, por lo visto y según algunas revistas y medios, van a arrasar. Nominándose y sintiéndose nominados dentro de un colectivo muy cerrado en el que lo importante es pertenecer al mismo. Grupos organizados. Fiestas para el grupo. Intereses que van mucho más allá de la mejora educativa. Bueno, a veces, todo el objetivo educativo queda tan oculto que ya no se sabe ni si existe. Es por ello que lo de traer a colación investigaciones que vayan contra lo que piensan algunos es innecesario. Siempre van a tener su justificación para no hacer caso de las mismas. He visto en estos años argumentos tan surrealistas que…

A estas alturas de la película es difícil que alguien cambie de posicionamiento. Algunos, como yo, vamos dando bandazos y saltando de un modelo a otro para buscar algo que nos funcione en el aula. Bueno, algunos, ni tan solo vamos a poder adaptarnos a nada más que a lugares alejados del aula. Yo lo considero experiencia temporal y puntual. Otros ya están rezando para que la experiencia sea eterna. Y así voy. A golpe de indecisión, ideas variopintas y falta absoluta de biblia educativa. Es todo tan gaseoso que hasta se hace imposible encapsularlo en un recipiente. Siempre hay poros. Más aún en esas partículas que se empeñan en no poder ser capturadas.

¿Por qué no dejar que disfruten algunos del eduentertainment? ¿Por qué no obviar las cuestiones que puedes plantearse acerca del uso de determinadas herramientas, certificaciones o, simplemente, modelos únicos? ¿Por qué no sumarte al carro del espectáculo, dar charlas evangelizadoras, poner precio a todo lo que haces o, simplemente, empezar a considerar positivo todo ese ataque neoliberal a la educación? ¿Por qué no pasar de todo y empezar a hablar de forma neutra, sin posicionarte en nada y conseguir, de paso, alguna palmadita de esas que por lo visto tanto molan? Quizás sea que me he hecho mayor y he visto demasiado. Ya son muchos años los que ando por aquí y por allá. Mucho visto. Muchas torres que querían llegar al Sol y que se han derrumbado al poco. Mucha ingenuidad que encubre a los verdaderos reptiles de la educación. Mucho repetido una y otra vez que, al final, lo único que hace es perpetuar esas prácticas educativas de las que tanto se quejan y nos quejamos.

¿Vale la pena seguir insistiendo en lo mismo? Si me lo preguntáis a estas horas de la mañana os diría que no pero, conforme vaya pasando el día, quién sabe.

EDUENTERTAINMENT

Cuando la Educación se convierte en espectáculo

En un contexto en el que el espectáculo educativo está a la orden del día, conviene reflexionar acerca de la implicación de este "eduentertainment" en nuestras aulas.
Jordi Martí

Docente desconcertado que intenta encontrar su lugar en un mundo que no entiende. O que prefiere no entender.

No Comments Yet

Deja un comentario

EDUENTERTAINMENT

Cuando la Educación se convierte en espectáculo

En un contexto en el que el espectáculo educativo está a la orden del día, conviene reflexionar acerca de la implicación de este "eduentertainment" en nuestras aulas.
close-link