Vamos a dejarnos de gilipolleces

A veces derrapamos en bonhomía o, simplemente en coherencias, que se vuelven en incoherencias, una vez la realidad nos inunda. Vamos a dejarnos de decir cosas que se podrían hacer, cosas que haríamos de otra manera o, más allá de lo anterior, decir que de esta agua no beberé. No es cierto. Yo me he largado al lado oscuro. Seguro que otros se largan a evangelizar pingüinos si les pagan lo de nuestro gurú de cabecera. Los alumnos de segundo de Bachillerato de la Comunidad Valenciana más ateos se pegan por dar religión. Es lo que tiene conseguir el diez por ver cuatro películas. Coño, todos sabemos qué se hace en religión por mucho que algunos ahora nos intenten vender lo trabajadores que son la mayoría de catequistas. No dudo que haya  excepciones. Como excepciones hay en los formatos de la diarrea. Y hay matices. Qué demonios, los matices no existen.

Fuente: http://blogs.gamefilia.com

Ahora que se están asando en las aulas los mismos que decían «ozú qué caló» están haciendo un mutis si tienen carnet o cargo debido a los que mandan ahí. Ya si eso nos miramos las hemerotecas. Bueno, yendo más lejos no hay ni un padre que se lleve a sus hijos, ni un docente que pare las clase y, por cierto, tampoco un director que chape su centro. Somos todos una pandilla de chaperos. Ya si eso nos ponemos estupendos criticando pero sin hacer nada sobre el tema. Yo tampoco lo he hecho. Yo también, en muchas ocasiones, me callo y omito la acción. Es lo que tiene ser humano y acabar velando más por uno mismo que por el procomún. Que de procomún estamos hartos en boquilla. Qué bonito es ser coherente desde las redes o las barras de los bares. Hay qué joderse.

En educación nos toman el pelo a diario tipos que nada saben del tema y callamos. Incluso, en ocasiones, se les acaba votando deseando el mal menor. Mucho asesinato en ciernes que acaba convirtiéndose en un triste exabrupto. Ya si queréis hablo de los docentes que usan libros de texto enriquecidos en su iPad que pontifican acerca de las maldades del formato. Bueno, algunos incluso se atreven a escribir libros de texto para la editorial de turno. No, no tiene sentido flagelarse porque todo está corrupto. No hay pureza ideológica. No hay ideas educativas que no puedan/deban cambiar en función de los contextos. Hasta se puede criticar el bilingüismo estando a dedo en una plaza bilingüe. Claro que sí. A ver si se ha de jugar con el comer. Pues va a ser que aquellos que piden que lo dejen, dejarían su trabajo si pudieran brincar a determinados lugares. Hipócritas. Somos todos una pandilla de hipócritas.

No se puede ser coherente. No se puede ir en contra de las necesidades primarias. No se puede evitar que las circunstancias marquen la toma de determinadas decisiones. Algunos, incluso se compran chalets y no por ello dejan de jugar con un discurso. Otros hablan de esfuerzo y se ponen a plagiar tesis o a recibir regalos en forma de títulos. Racistas convencidos perdiendo lo que no tienen en burdeles de efigies de ébano. Tanto de efebos como de mujeres. Es lo que tiene vender una cosa y hacer la contraria.

Hoy estoy especialmente sensible. Llevo muchos días sin dormir bien. Son muchos los nervios y las situaciones que escapan a mi control. Y sí, tengo claro que voy a seguir diciendo ciertas cosas e intentando respetar mi manera de verlas. Eso sí, lo de la coherencia ya es algo que va más allá de eso y está más relacionada con cosas muy puntuales. Así que, vamos a ser claros… somos humanos. Y yo, el primero aunque, en ocasiones, no lo tenga tan claro.

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Cuando la Educación se convierte en espectáculo

En un contexto en el que el espectáculo educativo está a la orden del día, conviene reflexionar acerca de la implicación de este "eduentertainment" en nuestras aulas.
Jordi Martí

Docente desconcertado que intenta encontrar su lugar en un mundo que no entiende. O que prefiere no entender.

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