Vamos a publicitar nuestro centro educativo

En estos últimos tiempos se ha puesto de moda la necesidad de publicitar todo lo que se está haciendo en los centros educativos. No hay centro que no pretenda estar o esté en las redes, que haga fotos sin límite (esto de no tener que revelar el carrete es lo que tiene) a sus alumnos cuando hacen algo o, simplemente, diseñen de forma cada vez más parecidas a las plantas de El Corte Inglés esas reuniones para «conocer el centro». Es un buen momento para vender que su centro es mejor que el de al lado, que ahí van a ser atendidos y dotados de las mayores habilidades posibles y que, si todo sale bien (y en caso de los concertados y privados, se va abonando las cuotas pertinentes) obtendrán un maravilloso título firmado por el que, en ese momento, ejerza la jefatura del Estado. Publicidad y contrapublicidad hasta acabar considerando a las familias y a los alumnos como clientes.

Fuente: ShutterStock

Hoy ya no hay sólo dos tipos de centros: privados (concertados o no) y públicos. Hay innovadores y no innovadores, reconocidos por Google o no reconocidos por Google, que tienen docentes premiados o no e, incluso, en el que dio clase César Bona. Sí, lo venden así a los padres. Y no, no es coña. La verdad es que, por lo visto, todos los centros buscan su cuota de mercado. No, no nos hemos vuelto locos. El neoliberalismo más salvaje está imperando en la educación. Publicidad en los medios (multitud de cuñas en horarios de máxima audiencia), propaganda institucional de los gobiernos autonómicos a «sus» centros educativos (lo más habitual es a los privados) y, cómo no, infinitos recordatorios de por qué elegir estudiar en un centro educativo u otro. Esto de la libertad de elección de las familias ya empieza a ser algo totalmente de locos. Pagar tener a su hijo escolarizado en un sitio u otro según el poder adquisitivo es algo que, al menos en etapas obligatorias, no debería permitirse. Los proyectos de centro deberían diseñarse en función del contexto y no en función del tipo de familias que se quieran captar. Esto de tener un centro concertado en una barriada gitana y que, curiosamente, menos del uno por ciento de sus alumnos sean de esa etnia debería hacer pensar qué prácticas están usando.

No es malo compartir lo que se hace en un centro educativo con los padres de nuestros alumnos. Menos aún que los alumnos estén contentos de ver que los proyectos que están realizando tienen repercusión en los medios. Lo malo es vivir para publicitar determinadas prácticas para la simple captación de clientes. Los centros educativos no deberían diferenciarse para ello. Los centros educativos se deben al contexto. Y aislar el contexto de los proyectos educativos es un sinsentido. No es lo mismo un proyecto educativo para un barrio que para otro. No es malo tener alumnos de barrios complejos. Lo malo es querer publicitar un determinado centro por prácticas edulcoradas y reelaboradas para que sólo se venda lo bueno con el fin de conseguir un tipo de alumnos u otro. No todo vale en la educación. Y lo de vender, publicitar hasta la saciedad o, simplemente, ir a la búsqueda de alumnos es algo que no debería permitirse. La educación no debería ser un negocio. Es algo en lo que me reitero siempre. No es malo que puedan existir negocios relacionados con la educación pero, la educación reglada debería mantenerse legalmente al margen de ese juego.

Siempre he sido de los partidarios de decir qué hacemos en el aula. De abrir las puertas a los padres de mis alumnos, a otros compañeros del mismo o de otros centros o, simplemente, a cualquiera que quiera echar un vistazo. Eso sí, siempre teniendo en cuenta que no voy a buscar alumnos. Voy a publicitar, sin ninguna doble intención, qué hago. Y lo que hago, al igual que miles de mis compañeros, es dar mejor o peor clase. No quiero trabajar en un centro innovador ni de pruebas/referencia de la empresa privada X. No me interesa. Me conformo con trabajar en un centro en el que sepa que los alumnos van a estar bien atendidos y, en muchos casos van a aprender. Claro que me gustaría que hubiera una mayor implicación de las familias. Claro que me gustaría que lo que hacemos dentro del centro sirviera para modificar lo que sucede fuera pero eso no es vender. Eso es ser una escuela o un instituto de barrio o de ciudad. A eso creo que es lo que debemos aspirar los centros educativos. No a competir por ser «los más…» porque creo que lo de debernos al mercado no es nuestro objetivo. Al menos de los que estamos financiados con dinero público. Y no, no me refiero sólo a los de gestión pública 🙂

Antes de poneros a plantear vender vuestro centro educativo preguntaros para qué. Una vez os hayáis respondido a esa pregunta, analizad qué sois y a quién os debéis. Seguro que después se os irán algunas ideas de la cabeza. Si no se os van es que, por desgracia, el discurso neoliberal de la consideración de los centros educativos como una empresa lo tenéis demasiado impreso en vosotros. Toca desprogramarse. No, no va a ser fácil.

EDUENTERTAINMENT

Cuando la Educación se convierte en espectáculo

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Jordi Martí

Docente desconcertado que intenta encontrar su lugar en un mundo que no entiende. O que prefiere no entender.

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