¿Y cómo coño evalúo a mis alumnos?

A estas alturas de curso se da una de las claves que van a marcar, en gran medida, las expectativas futuras de muchos de nuestros alumnos. Sí, cuando nuestros alumnos reciban sus calificaciones finales, supuestamente producto de una amplia reflexión del docente que las pone, habrá algunos que verán delimitadas sus expectativas futuras. Es triste haberlo de reconocer después de dieciocho años dando clase pero, a estas alturas de la película profesional, aún no sé cómo coño evaluar a mis alumnos.

Fuente: http://www.taringa.net
Fuente: http://www.taringa.net

No me sirve una programación inicial en la que puedo indicar porcentajes, más o menos delimitados, acerca del peso que tiene cada una de las pruebas, actividades o trabajo observable de cada uno de ellos. No me serviría tampoco una rúbrica en la que, mucho más extenso que lo anterior, hiciera aparecer ítems hasta el infinito para regular dicha evaluación. No, no me sirven las notas de los exámenes porque, tras las mismas tampoco existe ningún tipo de realidad. Y es por eso por lo que odio las pruebas externas. Porque sólo analizan una fotografía tomada en un determinado lapso de tiempo -demasiado corto para mi gusto- desde una visión completamente aséptica. Algo que, por desgracia, califica mucho y evalúa poco. No, evaluar y calificar no tienen nada que ver. No tienen nada que ver y no se entiende por qué el personal da más importancia a la calificación que a la evaluación. ¿Será que tienen miedo a evaluar? ¿Será que es más cómodo aislar al alumno de su contexto? ¿Será que, quizás, la seguridad que da la certeza de una nota numérica, tiene mucho peso en la labor profesional de uno?

Hace años que tengo claro que mi objetivo es huir de las etapas educativas donde lo académico se prima en exceso. No, no doy bachilleratos porque no quiero tener que aislar al alumno de su situación personal a la hora de evaluarlo y trasladar dicha evaluación, con mayor o menor acierto, a un boletín de notas. No, no me apetece reflexionar de forma única acerca de los errores que se han cometido en un determinado papel a la hora de poner en negro sobre blanco lo supuestamente aprendido. Que de aprendizaje el examen tiene poco. Vivir sin exámenes es posible y, más allá de la necesidad de satisfacer determinadas cuestiones administrativas, la educación obligatoria (sí, me encanta la ESO) es mucho más que el aislar los alumnos de su realidad. Una realidad que va mucho más allá de la escuela. Una realidad que, o sabemos ver en el aula y fuera de ella, o nos estaremos equivocando en lo que estamos haciendo con los chavales.

El contexto en el que viven o se mueven nuestros alumnos no les da patente de corso pero tampoco debe ser ignorado. Las situaciones personales que pueden producirse a lo largo del curso deben ser tenidas en cuenta. La humanidad debería ser siempre la guía de nuestras decisiones profesionales. Y más aún en etapas donde uno se juega mucho pero no compite en nada. Competir en la educación obligatoria tiene mucho de insano. Y potenciar dicha competición a base de sistemas de calificación tiene tela.

Quizás es que cada vez sea peor profesional. Quizás es que no pueda evitar ponerme en la piel de los alumnos. Quizás es que me guste, más allá de las explicaciones mediocres que seguro doy, conocer a mis alumnos. Sí, quizás es que no puedo aislarme de considerar a los alumnos individualmente con sus problemas concretos y tenerles mucho cariño. Nada, creo que no sirvo para evaluar porque no sé cómo coño hacerlo.

EDUENTERTAINMENT

Cuando la Educación se convierte en espectáculo

En un contexto en el que el espectáculo educativo está a la orden del día, conviene reflexionar acerca de la implicación de este "eduentertainment" en nuestras aulas.
Jordi Martí

Docente desconcertado que intenta encontrar su lugar en un mundo que no entiende. O que prefiere no entender.

7 Comments
  1. Completamente de acuerdo. Yo llevo veinte años en primaria y me pasa lo mismo que a ti. ¿Cómo reflejas con un número que el niño o niña en cuestión ha hecho un esfuerzo titánico y ha mejorado una barbaridad, pero todavía no alcanza al resto de la clase? ¿Cómo me pueden pedir que juzgue igual a una niña que vive en una casa de acogida que a una que tiene una familia asentada y que la quiere? Por suerte, trabajo en un colegio de una sola línea y tenemos tiempo para dedicar a nuestros alumnos y alumnas y hablar individualmente de cada caso, pero cuántos niños y niñas no se habrán perdido entre el maremagnum de notas, el «este niño tiene un cuatro, por tanto suspendido» sin tener en cuenta que llegó hace dos meses sin hablar ninguna de las lenguas oficiales de la comunidad. Hasta que no dejemos de tratarlos como números (no los y las que estamos a pie del cañón, en el aula, sino las administraciones), seguiremos igual.

    1. ¿Y cómo distingues entre un 4 y un 5? O rizando más el rizo, ¿qué hace que un alumno deba repetir y otro no? ¿Quién valora el contexto y lo tiene en cuenta? Sinceramente creo que hay mucho por cambiar en el sistema de evaluación aunque, por desgracia aún son muchos los que confunden el calificar con el evaluar.

      Nuestros alumnos no son números como bien dices aunque, nosotros como docentes y ellos sean sólo un número en unos archivos informatizados de la administración educativa de turno.

      Un saludo.

  2. Evaluar es sinonimo de mejora pero comparar y juzgar es otra cosa más cercano a la calificacion. La aceptacion no es lo nuestro, por ahora. Algún día la s experiencias seran evaluadas como lo que son experiencias .

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