Y esto era la diversidad

En septiembre aterricé en un instituto público valenciano como nuevo funcionario después de dos cursos trabajando en un centro concertado. Uno de los grupos que me asignaron para impartir la materia de Geografía e Historia fue 2º de ESO, grupo que me ha permitido reflexionar en múltiples ocasiones sobre la acción docente, la atención a la diversidad y el fracaso escolar. Veamos, en primer lugar, un análisis de la realidad de tal grupo. Es un grupo compuesto por 19 personas –sí, algo insólito en la educación pública, más aún si los comparo con los 35 por aula que tenía en el concertado–, de las cuales dos de ellas son absentistas, por lo que no vienen a clase o permanecen expulsadas de forma “preventiva”. Uno de ellos me obsequió con una amenaza oral que mi pobre coche podría haber sufrido. Del resto de alumnado, hay 9 con necesidades específicas de apoyo educativo, por lo que cuentan con sus respectivas adaptaciones curriculares, algunas de ellas de tipo significativo con un nivel de Primaria, entre las que se encuentra un Trastorno Específico del Lenguaje. Los restantes alumnos tienen un nivel ordinario pero bajo. Los problemas de disciplina son habituales: hay reiteradas expulsiones, hojas de seguimiento, llamadas a casa, absentismo eventual, agresiones esporádicas entre alumnos, clima de aula ruidoso, etc. En esta clase seguimos un libro de texto, que tengo yo y 8 alumnos más; el resto se niega a comprarlo porque no puede o porque no quiere. Pasado un mes intentando que compraran el libro o pidieran ayuda en el Ayuntamiento desistí de mis intentos y comencé a fotocopiar material transgrediendo las leyes de propiedad intelectual. ¿Cuánto habría tardado en conseguir los libros si hubiese activado los mecanismos de los trabajadores sociales y las reuniones pertinentes con sus familias? No quiero ni imaginarlo. Por cierto, las fotocopias adaptadas que entrego a los alumnos sin libro y con NEE son de los cuadernos para la diversidad de años anteriores (con ley LOE), dado que la editorial todavía no ha enviado –posiblemente ni creado– los nuevos de la actual LOMCE que, como ven, poco ha entrado realmente en el fragor de las aulas reales.

Fuente: http://www.e-faro.info
Fuente: http://www.e-faro.info

Teniendo en cuenta esta diversidad mi primera pregunta fue: ¿cómo debería abordar la asignatura de Geografía e Historia en este grupo? La asignatura en este nivel incluye los contenidos referidos a la historia medieval, la historia moderna y la geografía urbana y de la población. Son un sinfín de estándares de aprendizaje que no me he molestado en analizar detenidamente por lo absurdo de tal tarea considerada la realidad del aula. No hay que olvidar que, dado que no es una asignatura instrumental, no recibo apoyo del aula P.T. como sí ocurre en otras áreas.

¿Qué hago entonces? Trato de reinterpretar el temario oficial seleccionando aquellos contenidos mínimos indispensables, explico durante no más de diez minutos y les mando trabajo, mecánica que me permite seguir con mayor atención a los alumnados con necesidades específicas más graves; todo ello, por supuesto, sin dar la espalda a la clase para evitar ser alcanzando con objetos volantes, bolas de papel, o tratar de que el auditorio no se altere y comience a vociferar por la ventana a aquellos que corren por el patio. En resumen: es imposible bajar la guardia, y hacer trabajar a la mitad de la clase es una misión de extrema dificultad. Es evidente que la gran mayoría no tiene ningún tipo de motivación intrínseca por la materia, ni tampoco extrínseca por obtener un titulado de Graduado en Educación Secundaria Obligatoria; tampoco tienen un apoyo familiar en muchos los casos ni un ejemplo a seguir. Lógicamente, las nociones de historia que adquirirán estos alumnos estarán muy alejadas del currículum oficial, pero en esta situación no es la disciplina la que sale perjudicada. Son los propios alumnos: unos porque carecen de norte académico y no pueden recibir mi ayuda –si es que la quieren– para estudiar; y otros –los que tienen un nivel ordinario– porque involuntariamente los condeno al ostracismo en el aula, ya que el resto de alumnado copa casi por entero mi atención.

La atención a la diversidad es un objetivo idílico en nuestras mentes, es un proyecto genial en la cabeza de los legisladores y de los que hemos sido opositores cuando recitábamos las consabidas teorías; sin embargo, echar un vistazo a las aulas de hoy en día –las de los institutos públicos, dado que en los concertados, salvando algunos casos, no hay tal heterogeneidad– suponen desencantarte pronto. Las desigualdades existen a nivel intelectual, e integrar a alumnos tan dispares en una clase supone que las dificultades a la hora de cumplir con la legislación, y con la atención que merecen, crecen de forma exponencial. También hay que señalar que el conjunto de alumnos considerados “problemáticos” ha ido a parar a tal aula. Curiosa coincidencia. En definitiva, necesitamos más recursos: más profesores de apoyo, maestros P. T. y desdobles. Y aquí surge siempre el debate: ¿segregación o inclusión? Desde luego, no tengo respuesta a tal disyuntiva: la inclusión es una utopía irrealizable con la cantidad de recursos que tenemos, así como irreal; la segregación choca con el espíritu de nuestra escuela. Es la eterna discusión de un sistema que combina ambas tendencias.

Por último, me pregunto a menudo pensando en mi clase cuál será el futuro de estos chavales. Intento hacer de adivino y observar su evolución dos o tres años más tarde. ¿Conseguirán el graduado escolar? ¿Cómo? Y me asalta la certeza de que la gran mayoría sí lo conseguirán: los que lo merecen por comportamiento y trabajo, y lo que no lo merecen ni por una cosa ni por la otra. La escuela actual, que busca dotar de amplias oportunidades a todos, se ha convertido tristemente en una expendedora de títulos, lo cual no deja de ser una obligación de las autoridades a base de presiones jerárquicas para engrosar los listados que permitan a tal o cual gobierno enorgullecerse por el descenso del fracaso educativo, que se mide incomprensiblemente por número de titulados. El problema no es dar títulos, es cómo darlos. Seguramente, una parte de estos alumnos necesiten programas flexibles para obtener el título que les permita acceder a unos estudios de tipo profesional; sin embargo, tal flexibilidad choca con la rigidez del sistema y con la falta de papel que tenemos los docentes en las decisiones que se toman.

Dicho todo esto a modo de esbozo de mis pensamientos, me retiro a seguir pensando en cómo enseñarles algo acerca de la conquista cristiana en el siglo XIII y por qué no debería llamarse “Reconquista”. Ardua tarea, más aún en una clase con gran diversidad cultural y religiosa. Bendito funcionariado.

EDUENTERTAINMENT

Cuando la Educación se convierte en espectáculo

En un contexto en el que el espectáculo educativo está a la orden del día, conviene reflexionar acerca de la implicación de este "eduentertainment" en nuestras aulas.
Néstor Banderas Navarro

Profesor de Geografía e Historia en Secundaria y Bachillerato en Valencia.

13 Comments
  1. Lo primero que me ha venido a la cabeza es que si mandase el libro a tomar viento y preparase sus materiales, tendría un problema menos. Lo segundo, que si utilizara otro tipo de metodología conseguiría ir motivándolos. Usar más material audiovisual, hasta videojuegos! Y más trabajo cooperativo, incluso sacarlos de la clase lo más que pueda, para evitar la asociación negativa que hacen con ese espacio. Se le ve resignado a no dar toda la materia del currículo; a la porra el currículo, esta clase tiene necesidades más urgentes. Y desde luego, las primeras semanas me olvidaría del temario y de historias y me dedicaría a hacer actividades para conocer y cohesionar el grupo. Igual podía intentar apoyarse en compañeros con experiencia en centros de difícil desempeño, con experiencia en estas lides, no sólo de estudiarlo en el temario de la oposición…

    1. El tema de usar otro tipo de metodologías me lo he planteado y lo he llegado a aplicar, por ejemplo el trabajo cooperativo. En esta primera evaluación he llegado a plantear dos trabajos cooperativos con este grupo y ninguno ha funcionado porque no han pasado de la fase de formar los grupos y de lograr explicar la metodología; el comportamiento general es muy malo en estos momentos y no he conseguido que valoren un cambio de formas como oportunidad para hacer la clase distinta. Desde luego, volveré a intentarlo en la segunda evalución.
      Sí preparo algunos materiales propios por las limitaciones del libro de texto, de hecho, trato de reinterpretar el temario (aligerándolo) y centrándome en los contenidos mínimos. Ahora estoy con un trabajo por parejas que parece funcionar un poco mejor. Me he resignado a que trabajen y a reducir el tiempo de explicación a lo mínimo necesario. No creo que hacer actividades de nivel cognitivo bajo (reproducir contenidos de textos) sea la panacea, pero las otras opciones tampoco lo son. Y la cuestión de las TIC: sí, algunas veces las uso, sobre todo cañón y ordenador (cuando funcionan) pero la realidad es que no suelen funcionar ni tampoco hay aulas de informática disponibles siempre para plantear otras metodologías. ¿Que puedo plantear otras metodologías poco a poco? Sí, pero al final acaba siendo un problema de falta de recursos que tratamos de sortear como se puede.

  2. Los problemas que están impidiendo que la inclusión tenga lugar y sea realmente efectiva, son reflejos de un problema de fondo más amplio: se están dedicando todo tipo de recursos y medidas para integrar a los alumnos en la corriente educativa principal, para adaptarlos a lo que dice la normativa que debe hacerse en la escuela, cuando el planteamiento debería ser justo el contrario, debería ser la escuela la que tendría que transformarse para responder a la diversidad de todos los que acuden a ella.
    http://www.otraspoliticas.com/educacion/neae

  3. Una situación como la que describes, no es competencia única del tutor, debe ser el centro en su conjunto el que diseñe las estratégias y lo más importante, apoyar de una manera visible al docente. Lo peor, lo infinitamene peor, que es lo que hace que nada funcione es la SOLEDAD…

  4. Sentimos no ser tan optimista como los defensores de la inclusión y de las comunidades de aprendizaje que se han dirigido a usted.

    La inclusión pura en el aula no funciona. Es una teoría social, no pedagógica, a la que no le interesa el rendimiento académico de los alumnos sino otra cosa. Nosotros (la asociación de profesores PLIS. Educación, por favor) defendemos programas de grupos donde la diversidad no sea excesiva, complementada con grupos homogéneos (al estilo de los grupos de diversificacion)

    No es cuestión de medios; ni con 10 profesores por aula se soluciona. La inclusión dogmática simplemente no funciona. Cuanto antes nos demos cuenta, mejor. Cuanto más tardemos en liberarnos de la retórica social pseudoeducativa, peor.

    Un saludo

    1. Recuerdo que en el desarrollo de un trabajo de investigación -con la ayuda de la Generalitat de Catalunya (Ensenyament) -, me entrevistaba con el tutor de matemáticas de un alumno con dificultades específicas de aprendizaje -hemiplejia- y me decía: “yo con los que disfruto es explicando matemáticas a los alumnos de Bachiller, no con alumnos, como éste”.
      Le respondí que los alumnos de un nivel medio aprendían a pesar de suyo, a pesar de los profesores… el problema, lo difícil y nuestro compromiso como docente es con los que más necesidades educativas tienen.
      Separar a los “mejores” para situarnos en la tarima para ofrecerles un concierto de de sabiduría, no tiene mucho merito, la verdad.

  5. Estás haciendo lo humanamente posible y, si logras que controlen su impulsividad a base de trabajo mecánico, eso que habrán ganado. La mayoría acabarán en FP Básica, los tendrán entretenidos dos años más y les darán un título que no les servirá para nada. Durante ese tiempo, lo mismo han madurado y logran encauzar su vida. Los que no, acabarán engrosando las cifras de la marginalidad.

    Olvídate de las recetas que te propone alguno, de las comunidades de aprendizaje, del trabajo cooperativo, de acercarte a sus intereses, incluso de las TIC… solo conseguirás perder su respeto y cerrarles puertas a aquellos que todavía puedan salvarse. La enseñanza pública ha naufragado (la han hundido, torpedeado) y no tenemos barcas para salvarlos a todos.

  6. Soy estudiante de master universitario de formacion del profesorado en caceres y, aunque no he ejercido de modo oficial aun me he planteado millones de veces la misma disyuntiva. Ya veo que la realidad es como me la habia dibujado en mi cabeza…. ¡pobres generaciones perdidas!

  7. Ánimo a todos los docentes. Que injusto es lo que vive la unidasd educativa. Siento verdadera vergüenza e impotencia en que no exista una gran protesta social. Dudo mucho que esto cambie en unos años. Ojalá se tomará ejemplo de una vez de lo que funciona en otros países. Menos alumnos por aula. relación por necesidades. No tiene que desmotivarse el que quiere estudiar y mucho menos no motivar al que esta aburrido. Más interacción en las aulas. Más debates abiertos entre alunnos y profesores. Perder la vergüenza de pedir opiniones. Es que los alumnos también tendrán opinión. Y sobre todo variedad de las cosas, de la materia. La Geografía e Historia se puede dar jugando en la clase. Hay que despertar a esos alumnos. Pasar horas sentados escuchando materia es lo más aburrido del mundo. Hay que dejar volar la imaginación. Jugar a que los alumnos den un día la clase relatando una historia con el tema. Hacer juegos de conquista de reinos. Bueno ten mucha paciencia. Ánimo. Saludos

  8. Ayer estuve en un curso de tuinnovas con Javier Bahon, organizador del ICOT del año pasado (http://www.icot2015.com/es/que-es-icot/que-es.html). Para cohesionar el grupo: Body Percussion (http://www.percusion-corporal.com/index.php/es/metodo-bapne/que-es-el-metodo-bapne). El problema son la falta de recursos tecnológicos,porque si los alumnos tuvieran smartphones te animaria a invertir la clase. Un referente al respecto puede ser este: http://manueljesus.es/ y también puede serte sugerente al ABP (el libro de Janjo Vergara “Aprendo porque quiero” me resultó muy revelador: http://www.juanjovergara.com/aprendo-porque-quiero )
    ¡Suerte!

  9. No estoy diciendo que el alumno con “hemiplejía” y otros con graves dificultades no deban recibir enseñanza de matemáticas o de otra materia, sino que en ciertos casos (tal vez en éste) lo perjudicial para él es mantenerlo siempre en un grupo ordinario muy heterogéneo, porque ni el profesor titular ni el profesor ordinario podrán atenderle debidamente y el “ruido ambiental” (ruido, distracciones, interrupciones, alumnos conflictivos, risas, chistes, etc) será para él una losa. Hay otras medidas: refuerzo con grupo homogéneo de ciertas materias y a ciertas horas.

    No estoy de acuerdo en que los alumnos de nivel medio aprenden a “pesar suyo”. Si no se les atiende debidamente, no aprenden o aprenden muy por debajo de sus posibilidades. El drama de la educación española es precisamente que hay muy pocos alumnos excelentes, pocos con nivel medio-alto y demasiados con un nivel medio-bajo o bajo.

    La inclusión como dogma es la mayor fuente de exclusión de los alumnos con graves dificultades, porque se les impide asimilar competencias que le serán muy útiles en el futuro. A mí me preocupa que aprendan, igual que usted, pero yo ensayaría otros métodos (sin perder el principio de la inclusión)

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