Y si todas las decisiones educativas tuvieran el mismo patrón…

No puedo menos de sorprenderme al ver cómo ha calado el discurso materialista en el ámbito educativo. No es sólo la negación de un sentido más amplio al concepto Educación, es la toma de decisiones basadas exclusivamente en parámetros materiales vendido muy bien mediáticamente y, por desgracia, comprado por todos aquellos convencidos en que lo importante es la individualidad y los beneficios más personales a corto plazo. Sí, vivimos una época de capitalismo educativo que, por necesidades del guión al haberse agotado otros ámbitos donde la industria extractiva del beneficio no es tan rentable como antaño, obliga a buscar recursos en ámbitos donde las posibilidades de negocio son infinitas. Algunos cálculos hablan de billones de dólares manejándose, simplemente, en educación obligatoria en algunos países. Sí, no hace falta ser muy sagaz para descubrir que, en un sector donde se invierte tantísimo dinero, debe ir acompañado lo anterior en la mediatización de los beneficios de determinados productos o fórmulas magistrales.

Fuente: http://www.eleconomista.es
Fuente: http://www.eleconomista.es

Ayer conocimos que hay algunas Universidades que plantean ofrecer grados abiertos para que el estudiante pueda pulular por determinadas Facultades con el fin de poder configurar y personalizar su propio currículo académico. Lo mismo que existía antaño, ampliado al máximo, para que un alumno configurara, dentro de sus créditos de libre elección, determinadas ampliaciones de su bagaje cultural o de aprendizaje. Bueno, sinceramente, al final se convertía en la búsqueda de asignaturas facilonas para conseguir cubrir el expediente. Y no estoy hablando de algo utópico, estoy hablando de la realidad de esas asignaturas de libre configuración. Por cierto, ¿a quién creéis que interesa la diversificación de titulaciones universitarias hasta el infinito? ¿A quién pensáis que le interesa la oferta de titulaciones, cada vez a un mayor coste para el alumno y más especializadas?

Pero ya no es sólo en etapas postobligatorias como la Universidad o la Formación Profesional, esta última reconvertida en un batiburrillo de títulos cada vez más específicos, impartidas las nuevas materias por profesorado que jamás ha tenido ninguna relación con las mismas en el ámbito laboral y que, curiosamente, está siendo potenciada mediáticamente por parte de la administración educativa y algunos medios como solución a todos los problemas. La necesidad de considerar a la Universidad como algo obsoleto y poco útil a efectos de empleabilidad está calando hondo por parte de una sociedad cada vez con menos derechos laborales y más posibilidades de divertimento que nunca. Eso sí, curiosamente ningún político de los que defiende la FP quiere que sus hijos estudien allí. Bueno, seamos realistas, ni los políticos ni los profesores de FP con los que hablas en pequeño comité y no deben posicionarse en abierto para defender las bondades de su trabajo. Qué la FP es importante e imprescindible… ¡claro que sí! Qué estemos jugando a la necesidad de desprestigiar determinados estudios por no adecuarse a las condiciones del mercado… ¡pues va a ser que no! Es algo que va mucho más allá.

A propósito, ¿a nadie le parece tampoco raro que el boom del inglés vaya en detrimento de otras lenguas? ¿Quién ha decidido que debe hacerse todo en inglés? ¿Por qué no en francés, portugués, italiano o ruso? ¿Quién decide lo anterior? ¿Una administración que considera a la Educación como elemento de mejora cultural o una administración que sólo ve al alumno desde la perspectiva de lo que puede aportar al sistema productivo en lo que se refiere a la relación entre trabajo/beneficios obviando las posibilidades de cambio social que ofrecería un aumento del pensamiento crítico de las futuras generaciones? Sinceramente, yo lo tengo bastante claro. Lo que prima no es conseguir personas completas, es conseguir trabajadores perfectos que automaticen su trabajo y que consuman los in que fabrican otros trabajadores educados de la misma forma.

Muy  relacionado con lo anterior está el tema de los intentos de desaparición del Latín, la Filosofía y las Artes (léase Música, Dibujo o Educación Física -sí, también es un arte-) de los currículums por su nula utilidad en la vida real que presentan para algunos. ¿Realmente sólo hemos de disponer de asignaturas que capaciten al alumno para incorporarse al mundo laboral? ¿Dónde queda la configuración de la persona? ¿A quién le interesa rebajar al máximo la carga horaria de esas asignaturas? Además, curiosamente, ese argumento que esgrime la administración ha sido comprado por muchos. Por demasiados.

Seguiría con la necesidad impuesta de usar tecnología en el aula de forma masiva. Sí, se ha convertido en un discurso imprescindible la necesidad de disponer de equipos, ya obsoletos una vez entregados en los centros educativos, que obliguen a seguir unas determinadas pautas de trabajo. No es sólo el dinero destinado cada cierto tiempo al último dispositivo tecnológico maravilloso para nuestros alumnos, se trata de un modelo de consumo masivo de tecnología que obvia todo sentido ético de su uso. Y ya cuando algunos defienden el uso de un determinado modelo por ser el más eficaz para hacer lo que quieren desde, normalmente, un púlpito ya es el acabose. Bueno, y eso sin la necesidad de añadir a la reflexión la aparición de determinadas modas educativas, la irrupción de personajes mediáticos que nos venden crecepelo para calvos y, lo más interesante de todo, la aparición de bandos tradicionalistas e innovadores, funcionarios e interinos y un largo etcétera de decisiones que buscan el enfrentamiento entre docentes. Buena estrategia para el típico divide y vencerás.

También podríamos preguntarnos a quién le interesa que se sigan subvencionando los libros de texto con cientos de millones de euros cada año. ¿Es realmente necesario seguir pagando a determinadas empresas privadas para ofrecer un producto que sería muchísimo más barato -en caso de seguir queriendo usarlo- si lo realizara la propia administración? ¿Hasta qué punto el sesgo ideológico que consideran como inconveniente las editoriales no es mayor cuando viene de una empresa privada cuyo objetivo final es tener una buena cuenta de resultados? Seamos sinceros… ¿hasta qué punto se ha inutilizado al docente haciéndole usar -la mayoría de docentes creen que el uso del libro de texto es necesario- un libro de texto y creyendo que debe acabarlo?

Ya habéis visto que no entro en las pruebas externas que pretenden vender a los padres que la administración desconfía de sus docentes, ni de los ránkings que algunos quieren usar para mantener un determinado modelo de negocio basado en la segregación del alumnado en función del poder adquisitivo de los padres, ni en lo que supone establecer la religión como asignatura evaluable (¿seguro que le interesa a la administración o a la mayoría de padres o, quizás el interés es de alguna organización determinada para seguir contando con su cuota e mercado?), ni de la necesidad de usar datos como verdades absolutas, ni de… tantas decisiones que, curiosamente, parecen estar diseñadas siguiendo el mismo patrón.

EDUENTERTAINMENT

Cuando la Educación se convierte en espectáculo

En un contexto en el que el espectáculo educativo está a la orden del día, conviene reflexionar acerca de la implicación de este "eduentertainment" en nuestras aulas.
Jordi Martí

Docente desconcertado que intenta encontrar su lugar en un mundo que no entiende. O que prefiere no entender.

1 Comment
  1. Si a esto le sumas las empresas que compran colegios infantiles, los consorcios internacionales que se hacen con la enseñanza a distancia (los saudíes y estadounidenses se están forrando montándolas en todos los países), los psicólogos que diagnostican TDAH o lo que sea con tal de cobrar terapias eternas, la asignatura de emprendeduría y la presencia de criterios económicos en el currículum de tantas áreas, el desprestigio de la pública como asistencial mientras se la ahoga, los másters para ejercer como profesor cada vez más caros e igual de vacíos, el negocio cursillista y de acreditaciones de entidades diversas y tantas otras medidas, pues habrá que concluir que efectivamente hay un patrón detrás de muchas decisiones «educativas» (llamadas así por el ámbito al que afectan y no porque lo sean)

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