Y vosotros, ¿para cuándo?

He dudado si ponerme a escribir acerca de aquellos personajillos, normalmente desde el anonimato, que incapaces de mantener un debate siempre acuden a algo que no tiene nada que ver cuando se quedan sin argumentos. Al final me ha podido algo transversal que, también muy relacionado con lo anterior, me sucede últimamente de forma demasiado recurrente. Eso que algunos se creen en la obligación de pedirme que escriba de una determinada manera, lo haga acerca de ciertas cuestiones o, simplemente, sea algo más positivo en las líneas que perpetro. Hay qué joderse.

Fuente: Fotolia CC

Me gustaría saber por qué esos que piden tanto dan tan poco. Aquí llevo miles de posts escritos acerca de estrategias educativas, uso de determinadas herramientas e, incluso, difusión de prácticas metodológicas. Eso sí, por lo visto, crea fama y ponte a dormir porque, por lo que se ve, a algunos les va solo quedarse con lo superficial y no analizar en profundidad qué digo y los porqués de todo ello. Supongo que, algunos, a pesar de ser compañeros de profesión, se quedaron con el resumen en película de dibujos animados de El Quijote o, aprendieron biología en la carrera, viendo Érase una vez la vida. Contra eso es imposible luchar a estas alturas. Ni tengo ganas ni voy a ponerme a ello.

Lo que me enerva es la capacidad de algunos en pedir y no dar nunca nada. Piden materiales de sus asignaturas y JAMÁS han compartido nada de lo que han hecho. Deciden que les facilites determinada bibliografía porque son tan vagos que son incapaces de buscar en Google. Quizás algunos ni tan solo sepan hacerlo. Ya a estas alturas de la película ya me lo temo todo. Más aún habiendo visto ciertas cosas, recibido ciertos correos o, simplemente, intercambiando un par de opiniones con algunos perfiles en las redes sociales. Hay mucho exigente que no da. Supongo que deben ser los mismos que exigen a sus alumnos lo que ellos son incapaces de dar. Todo es trasladable muy fácilmente al aula. Demasiado. Uno si es vago, lo es siempre. Uno si está acostumbrado a pedir y nunca a dar, siempre usa las mismas estrategias.

Si uno quiere escribir sobre la reproducción de los bivalvos en zonas cálidas que se monte un blog, investigue y ponga negro sobre blanco lo que le parezca. Si a alguien le apetece hablar del positivismo en el aula, la necesidad del onanismo para mejorar el cutis de los inspectores de educación o, sinceramente, cualquier cosa que se le pueda ocurrir, que vaya a Blogger, WordPress o Wix y que se cree sus propios redactados. Es muy fácil pedir a otros que escriban acerca de lo que le gustaría a uno. Más aún el exigir que lo hagan como me gustaría que lo hicieran. Pues va a ser que se ha de tener mucho morro para pedir, pedir, pedir y seguir pidiendo hasta el infinito. Yo, personalmente, estoy hasta los cataplines (sí, he dicho cataplines) de tantas peticiones de tantísima gente. Escribo como me sale de esas partes, cuando me apetece y sobre lo que me apetece. Y si a veces me apetece hablar de horchata, fartons o, simplemente, de otras cosas que nada tienen que ver con la educación, lo hago.

Entre estos tipejos del todo pedir, los que se esconden tras el anonimato para decir lo que no se atreverían a decir cara a cara o, simplemente, aquellos que piensan que lo que hacen los demás es suyo y que, por lo visto, si otros trabajan ellos simplemente tienen que pedir, algunos ya estamos un poco hartos.

Yo simplemente quiero usar este post para preguntaros… y vosotros, ¿para cuándo? Por cierto, ante el vicio de pedir está la virtud de no dar. Así que, a pedir, a otros.

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Cuando la Educación se convierte en espectáculo

En un contexto en el que el espectáculo educativo está a la orden del día, conviene reflexionar acerca de la implicación de este "eduentertainment" en nuestras aulas.
Jordi Martí

Docente desconcertado que intenta encontrar su lugar en un mundo que no entiende. O que prefiere no entender.

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