Yo no veo docentes de primera o de segunda; solo veo compañeros

Llevo veinte años dando clase y no hay nada que me enerve más que ver como, por desgracia, algunos docentes se consideran superiores a otros por el hecho de su relación contractual, por los años que pueden llevar en un centro educativo o, simplemente, porque creen que es necesario establecer diferencias a la hora de tomar decisiones en función de parámetros que tienen que ver con supuestos «derechos adquiridos». He estado trabajando en varios institutos con diferente tipo de relación en los mismos (como sustituto, interino, funcionario en comisión de servicios o, funcionario con plaza definitiva en el mismo) y siempre me he encontrado detalles que me chirrían muy relacionados con determinados tipos de discriminación. Ya si eso hablamos de aquel centro en el que, curiosamente, un par de viejas glorias, pidieron en el Claustro que los interinos no votaran determinadas decisiones porque… como ellos se iban a ir el curso que viene. Sin comentarios.

Fuente: Facebook

Es llegar a un centro y observar que, en muchos casos, al último que llega le toca la china. El peor horario, los peores grupos y nula consideración por sus opiniones. Creo que algunos no se acuerdan de cuando ellos fueron los últimos de Filipinas y repiten esas conductas que, a mi entender, no deberían tener cabida en los centros educativos. Ese tipo de relaciones de poder o superioridad en relación con criterios jerárquicos en un trabajo en el que todos nos vamos a ver las caras a diario, trabajar para lo mismo y que, en ocasiones, vamos a necesitar de todos nuestros compañeros, no se entiende. Nunca he visto docentes de primera o de segunda, solo he visto compañeros. Algo que, por lo visto, algunos no tienen demasiado claro y, entre chiringuitos montados, necesidad de vivir muy bien o, cuestiones ignotas, acaba convirtiendo los centros educativos en supremacismos mal entendidos. Y no lo soporto. Nunca lo he soportado. Ni cuando he sido el último en llegar, ni cuando he estado en el equipo directivo. No puedo con el sentirse superior. Menos aún en algo tan democrático como creo debería ser un centro educativo y las relaciones que deberían establecerse en él.

Tan solo os voy a contar un par de anécdotas. De esas que uno vive en carne propia y que, lamentablemente, te obligan a replantearte que algunos compañeros son malas personas. No entro a nivel profesional porque, sinceramente, la relación directa tampoco la veo entre la bondad y la profesionalidad. Alguien bueno no tiene porque ser un buen docente. Es por ello que asociar prácticas o maneras de hacer con los compañeros, puede ayudar a decir que alguien es (…) pero ir más allá de eso ya es arriesgarse en exceso. Y, en muchos casos, poder equivocarte. Una mala persona puede ser un buen docente. Si queréis lo matizamos pero creo que queda bastante claro a qué me refiero.

Iba a hablaros de anécdotas. ¿Queréis que os cuente aquella de llegar a un centro, dar a un grupo de alumnado complicado dentro de un programa de abandono escolar todo el horario y ver cómo todas las reducciones por ese programa se las daban a un docente definitivo que no daba ni una hora de clase con ellos? Eso sí, por ley tocaba que esos grupos, al igual que las tutorías de los primeros cursos de la ESO las den los definitivos pero, curiosamente, eso casi nunca sucede… lo de los articulados legislativos están muy bien pero mucho mejor el endosar los grupos que necesitan profesionales con más experiencia y que conozcan mejor el centro a los últimos que llegan. Todo muy lógico y destinado a la mejora educativa. Pues va a ser que no pero, mientras unos vivan bien los otros deben vivir muy mal. Esto de sentarse y negociar cómo repartirse las asignaturas para el bien de los alumnos y sin cargar a ningún compañero con solo grupos «que cansan el doble» (prefiero usar el eufemismo) no lo veo mucho de compañeros. Seguro que debe ser mi opinión porque, al final, los mismos que algún curso les tocó lo anterior, ahora que están «de docentes de primera» hacen lo mismo con sus compañeros. Algo que no llegaré nunca a entender. Esto de joder porque te han jodido es una postura tan irracional como de falta de ser persona.

Sé que os iba a contar una segunda anécdota pero, ¿qué queréis que os diga a los que habéis sufrido en vuestras carnes esta manera de hacer y el sentimiento de ser docentes de segunda? Es un tema recurrente y me preocupa.

Yo entro en un centro educativo y me preocupa poco quién es definitivo, está en comisión, es interino o viene a sustituir a alguien. Lo que me importa son las personas, los proyectos que pueden hacerse con ellos, con quién vale la pena tomarse un café o, simplemente, hablar sobre temas que poco tienen que ver con el aula. Llamadme raro pero me es imposible no ver compañeros en quienes entran por mi misma puerta, usan la misma máquina de café, comparten alumnos o guardias. Y a estas alturas de mi profesión no creo que cambie mi visión sobre el asunto.

Un fuerte abrazo a mis compañeros de estos veinte años. Incluso a aquellos que se empeñan en convertirse en tiranos de un régimen fascista porque, al final, estamos todos en el mismo barco.

En el título he plagiado el formato de Albert Rivera que, plagió en su momento a Pablo Iglesias que, a su vez, plagió a Obama. No me lo tengáis en cuenta porque la inspiración, a estas alturas de curso, está en su momento más crítico ;)
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Jordi Martí

Docente desconcertado que intenta encontrar su lugar en un mundo que no entiende. O que prefiere no entender.

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